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Hacienda Zemita: Los olvidados muros que han presenciado siglos de historia

Claudia Miño (BBCL)
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Si sus muros hablaran tendrían siglos de historia que contarnos. Fueron mudos testigos de la presencia jesuita, del surgimiento de la aristocracia agrícola, de la vida de los grandes hacendados y sus inquilinos, de la reforma agraria y de la llegada del siglo XXI.

La Hacienda Zemita, ubicada en la localidad del mismo nombre -a 25 kilómetros de San Gregorio en la comuna de Ñiquén, región del Bío Bío- tiene un alto valor patrimonial, ya que es considerada el epicentro y el ejemplo más representativo de la vida rural del siglo XVI en adelante.

La casa patronal de la hacienda logró sobrevivir a siglos de cambios y a numerosos terremotos, pero el de febrero de 2010 dañó su estructura.

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Sin embargo, se niega a desaparecer y perderse en el olvido, ya que su historia merece ser contada.

Claudia Miño (BBCL)

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Sus orígenes

El origen de Zemita se remonta al siglo XVI y se presume que inicialmente fue concedida como encomienda o merced de tierra y que con el paso de los años su dueño la donó a la Orden de la Compañía de Jesús.

Los jesuitas construyeron las casas patronales primitivas, parte de las cuales aún perduran, según consigna Marcial Pedrero Leal en su libro Zemita Virgüin, Haciendas de Ñuble.

Tras la expulsión de los Jesuitas en 1767, se desconoce la vida de la hacienda por al menos un siglo.

En el siglo XIX la propiedad pasó por tres dueños diferentes, el primero de los cuales inició la construcción de la casa principal que fue anexada a la original.

Finalmente en 1869 Juan Francisco Rivas adquirió la hacienda y en 1889 compró tierras a varios propietarios en San Antonio de Zemita para acrecentar la hacienda.

Juan Francisco Rivas

Virgilio Figueroa, en su Diccionario histórico, biográfico y bibliográfico de Chile, describe a Juan Francisco Rivas como “un espécimen sobresaliente y original de la sociedad santiaguina. Hace recordar a un personaje de novela o de drama, de los que abundan en las creaciones de Balzac y de Shakespeare”.

Nació en 1847 en Santiago y tras estudiar en un colegio jesuita –donde aprendió inglés, latín y francés- incursionó en la actividad minera en el norte del país.

Invirtió capitales en los yacimientos de cobre de Tamaya, en las minas de Corocoro y luego se interesó por el salitre.

Fue diputado por Ovalle en tres periodos legislativos sucesivos, entre 1879 y 1888.

Figueroa señala que Rivas invirtió la fortuna obtenida en las minas en grandes extensiones de tierras, convirtiéndose en poseedor de extensas estancias, donde se propuso plantar varios miles de álamos y eucaliptus.

Juan Francisco Rivas | Zemita Virgüin, Haciendas de Ñuble

Juan Francisco Rivas | Zemita Virgüin, Haciendas de Ñuble

Juan Francisco Rivas llegó a tener 210.000 hectáreas de terrenos, lo que refleja la considerable fortuna que poseía.

Según consigna Marcial Pedrero, los descendientes de los trabajadores de las haciendas lo describen como un hombre con prepotencia en el trato hacia sus inquilinos y peones, que era el señor y amo absoluto y que su palabra era ley.

Rivas disponía de un séquito de hombres de confianza, era apoyado por un administrador y protegido “por un verdadero ejército de hombres leales hasta la muerte, quienes a caballo lo acompañaban en sus correrías por las haciendas” y para quienes encargó a Estados Unidos rifles Colt de 46 mm.

Juan Francisco Rivas falleció en 1922 a los 78 años de edad. “Había fallecido el último señor feudal de Chile central, después de lo cual su magno feudo comenzó a desmembrarse entre sus descendientes”.

Zemita: Un fundo moderno

En la Hacienda Zemita existían numerosos medios de producción y todo tipo de maquinaria agrícola, lo que le proporcionaba una economía cerrada o autárquica.

Además, según el libro Zemita Virgüin, Haciendas de Ñuble, allí había todo tipo de adelantos que incluían luz eléctrica en las casas patronales y teléfono en diversas secciones de la hacienda con el fin de hacer más expedita la comunicación entre éstas y la casa patronal.

Rivas marcaba con su actitud progresista “un precedente y un liderazgo para el resto de los propietarios conservadores que mantenían técnicas tradicionales, incorporando a sus propiedades técnicas e inventos que estaban en boga en los países industrializados de la época”, consigna Pedrero.

Zemita se mantuvo alejada del resto del país como un enclave y para ingresar en ella se debía solicitar previamente autorización en las bodegas de San Carlos.

Claudia Miño (BBCL)

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En la hacienda trabajaban cerca de 300 hombres, quienes eran clasificados de acuerdo a sus aptitudes o al grado de confianza del patrón.

A los inquilinos y peones se les pagaba un sueldo cada tres meses, con el cual compraban sus provisiones en una pulpería.

La jornada laboral era de 10 horas y si algún trabajador era sorprendido cometiendo alguna falta era castigado con azotes o sumergido en un pozo.

Reforma Agraria

En 1969 la hacienda fue expropiada, lo cual –según relata Pedrero- fue una experiencia humillante y dolorosa para los herederos de Juan Francisco Rivas.

La expropiación fue aplicada con un pago diferido y la familia pudo permanecer en su casa y en los sectores de Peumo y La Montaña.

Claudia Miño (BBCL)

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Sin embargo, durante el gobierno de Salvador Allende los terrenos fueron expropiados sin pago alguno y transferidos a la Corporación de la Reforma Agraria, en cuya administración la hacienda y su equipamiento fueron descuidados.

Además, los antiguos trabajadores no habrían estado preparados para el traspaso de las tierras desde su patrón a ellos, por lo que bajaron el rendimiento de la producción.

En 1974, tras varias solicitudes de los herederos, se devolvió un tercio de lo requisado y la casa patronal fue devuelta en mal estado.

Casa Patronal

La capilla y los corredores interiores y exteriores de la casona resultaron dañados cuando ocurrió el terremoto de febrero de 2010. Sin embargo, aún se puede apreciar su antigua grandeza.

Según el libro Zemita Virgüin, Haciendas de Ñuble, en los comedores y reposteros de la fachada principal habían muebles del siglo XIX, pinturas antiguas que incluían una copia de gran dimensión de la obra La Marsellesa de Pils, encargada a Europa.

Claudia Miño (BBCL)

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La fachada poniente crea un espacio angular, formado por frontis oeste de la casa y el frontón de la capilla situada en forma transversal.

Es preciso mencionar que las aldabas, cerrojos y bisagras de fierro de la puerta de la capilla fueron forjadas en la misma hacienda.

La casa patronal posee un patio interior, en cuyo centro hay un brocal, que está rodeado por corredores y puertas.

Claudia Miño (BBCL)

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La casa principal está conectada a la construcción primitiva con un portón al que llegan los corredores externos de la capilla.

Se debe consignar que actualmente se trabaja en la reconstrucción y restauración tanto de la capilla como de la casa patronal. Trabajos que están a cargo de Hansel Silva Vásquez, director de la Corporación Aldea Rural.

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