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El dañino amor por las mascotas silvestres en Costa Rica

RODRIGO ARANGUA / AFP
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Miles de loras, lapas, tucanes, monos, yigüirros, jilgueros, tortugas e iguanas son capturados en Costa Rica y confinados como mascotas, una práctica que pone en riesgo la sobrevivencia de varias especies, dijo una especialista en un Congreso que se inicia este jueves.

Esto ocurre en un país que, hace menos de dos años, se convirtió en pionero latinoamericano de la protección de la fauna silvestre al prohibir de manera absoluta la caza deportiva.

Para analizar los impactos de esta situación y buscar soluciones, representantes de unas 40 organizaciones no gubernamentales, entidades públicas y profesionales se reúnen tres días en el Primer Congreso de Rescate, Recuperación y Liberación de Fauna Silvestre.

“No existen datos precisos, pero sabemos que el problema es de gran magnitud, pues un estudio del Ministerio del Ambiente determinó que un 25% de los hogares tiene como mascota una lora o perico, lo cual representa una cifra absoluta cercana a los 400.000″, dijo a la AFP la activista Andrea Aguilar del Instituto Asís.

La entidad mantiene un albergue para animales silvestres en La Fortuna de San Carlos, una zona de rica biodiversidad y de intensa actividad turística en el norte de Costa Rica.

A sus instalaciones ingresan decenas de animales enfermos o heridos que han estado en cautiverio doméstico, agredidos, atropellados o electrocutados, explicó Aguilar.

En el proyecto Asís, estos animales reciben atención médica y de mantenimento y, en los casos en que es posible, se les prepara para la reincorporación a su ambiente natural.

Un amor peligroso

“La ley costarricense prohíbe la tenencia de especies silvestres como mascotas, pero la ley no basta porque hay una costumbre muy arraigada, no se tiene conciencia de que los animales silvestres no son ni pueden ser mascotas”, manifestó Aguilar.

Las motivaciones para tener en casa un mono carablanca, una iguana o un pájaro cantor son variadas, dependiendo de la especie, señala la activista: la belleza del animal, el entretenimiento de los niños e incluso el prestigio social.

Wikipedia

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Pero el problema de fondo es que las personas conocen muy poco sobre estos animales: no saben nada acerca de su alimentación, su periodo normal de vida, los cambios naturales en su conducta.

“Una familia se enamora de un mono cariblanco bebé porque es muy gracioso y afectivo, pero cuando ese mono cumple dos años cambiará su conducta, se volverá agresivo, morderá y jalará el pelo a las personas. Entonces, empieza a ser un problema en la casa”, ejemplifica Aguilar.

El resultado es que el animal es sacrificado o maltratado y, con suerte, terminará en un albergue. A esa altura, devolverlo a su entorno natural es muy difícil porque difícilmente sea aceptado por una comunidad de su especie y a él mismo le costará adaptarse.

Las mascotas silvestres entrañan además un peligro porque pueden ser portadores de virus y bacterias y esto difícilmente pueda determinarse oportunamente porque, a diferencia de los perros o gatos, estos animales no son llevados al veterinario.

La educación es la clave

La captura de animales salvajes para ser usados como mascotas domésticas en el país es uno de los problemas que amenaza la sobrevivencia de numerosas especies, pero no el único.

El comercio internacional de especies, un negocio ilícito que mueve unos 20.000 millones de dólares anuales, también causa un desgaste muy grande a la biodiversidad costarricense, según la experta.

A ello se suman la cacería ilegal, los accidentes muy frecuentes de animales que son atropellados en las carreteras y los que sufren golpes eléctricos cuando se movilizan por los alambres del alumbrado público, como es el caso de los perezosos.

Entre otros objetivos, el congreso busca incentivar al gobierno costarricense a reforzar programas de educación ambiental, dirigidos tanto a los habitantes del país como a los visitantes extranjeros.

“Es importante hacer que la gente entienda que los animales silvestres tienen que vivir en el bosque porque tienen necesidades diferentes a los domésticos”, apuntó.

Hay en esta idea, además de razones estrictamente ambientales, una motivación económica y es que el turismo extranjero -una de las principales fuentes de ingreso de divisas para Costa Rica- aprecia mucho la biodiversidad del país, concluyó Aguilar.

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