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Edificio en Suiza ofrece refugio a los hipersensibles
Publicado por: Agencia AFP
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No est√° permitido fumar, ponerse perfume ni usar tel√©fonos m√≥viles: la lista de reglas en un reci√©n inaugurado edificio de departamentos en Leimbach, en las afueras de Z√ļrich, es larga.

La razón es simple. El edificio fue construido especialmente para quienes se enferman si se exponen a productos de uso diario, como perfumes, lociones para las manos y laca para el cabello, o a las ondas electromagnéticas de los dispositivos inalámbricos.

“He sufrido desde que era un ni√Īo. Esto realmente va a cambiar mi vida”, dice Christian Schifferle, de 59 a√Īos, titular de la Fundaci√≥n Vida y Vivir Saludable (www.stiftung-glw.com), el principal impulsor del proyecto.

Schifferle y sus vecinos sufren de Sensibilidad Qu√≠mica M√ļltiple (SQM), una enfermedad cr√≥nica no muy reconocida por la comunidad m√©dica, pero que seg√ļn los afectados se origina en la exposici√≥n a bajos niveles de qu√≠micos en cosas como el humo del cigarrillo, pesticidas, productos perfumados y vapores de pintura.

Doce de los 15 apartamentos del edificio de color tierra, ubicado en las afueras de la ciudad más grande de Suiza, ya se han alquilado desde su inauguración en diciembre.

Muchos de los residentes sufren adem√°s de hipersensibilidad electromagn√©tica, un trastorno por el cual tampoco toleran las radiaciones de los equipos inal√°mbricos. “Me dejan d√©bil, ansioso, no puedo respirar, me duelen los pulmones y me da v√©rtigo”, explica Schifferle, que padece ambas dolencias, enumerando los s√≠ntomas que se ha acostumbrado a experimentar a diario.

Aunque vivir en el edificio no curará a Schifferle ni a sus vecinos, sin duda puede mejorar el día a día de estas personas, que suelen vivir aisladas y no logran encontrar trabajo.

“S√≥lo medio vivo”

Schifferle, que se sinti√≥ mal por primera vez por el humo de la f√°brica de muebles de sus padres cuando ten√≠a tres o cuatro a√Īos, ha vivido la mayor parte de su vida adulta en las pr√≠stinas monta√Īas suizas. Reci√©n cuando ten√≠a 35 a√Īos se top√≥ con un libro sobre SQM y comprob√≥ que no estaba solo, pero le llev√≥ una d√©cada encontrar a un m√©dico que lo tomara en serio.

“Toda mi vida ha sido como si s√≥lo estuviera medio vivo”, dijo. El nuevo edificio es el primero de su tipo en Europa, de acuerdo con funcionarios de Z√ļrich que decidieron ser pioneros en ayudar a quienes sufren “un problema muy perjudicial”.

Estiman que sólo en Suiza unas 5.000 personas tienen SQM. Para construir el edificio, la ciudad donó el terreno y proporciona préstamos sin intereses para ayudar a financiar el proyecto de 6,9 millones de dólares.

“Quer√≠amos ayudar a estas personas a tener un hogar tranquilo donde con suerte se sentir√°n menos enfermos”, dijo la portavoz de la oficina de vivienda de Z√ļrich, Lydia Trueb.

Con una m√°scara en su nariz y boca, Schifferle muestra orgulloso la lectura 0,0 en un instrumento que mide la electricidad ambiental. “Esta habitaci√≥n es muy buena, porque casi no hay electricidad”, dice sobre una amplia sala donde tambi√©n hay un filtro de carb√≥n para purificar el aire.

Quien ingresa a la copropiedad debe apagar sus tel√©fonos m√≥viles y otros dispositivos inal√°mbricos, que en cualquier caso no funcionan en el interior. Sin embargo, hay tel√©fonos fijos y acceso a Internet en el edificio. Cerca de la entrada se exhiben los √ļnicos productos de limpieza e higiene personal que los residentes pueden utilizar.

Gente que realmente sufre

“Evitar las cargas ambientales es realmente la √ļnica cosa que ayuda a la mayor√≠a de estos pacientes”, explica John van Limburg Stirum, un m√©dico que ha tratado a Schifferle y otros enfermos de SQM en la cl√≠nica Seegarten Klinik, cerca de Z√ļrich.

“Tienen que refugiarse donde no haya antenas, ninguna radiaci√≥n de tel√©fonos celulares, lo cual es cada vez m√°s dif√≠cil”, dice, y a√Īadi√≥ que le gustar√≠a que la comunidad m√©dica reconociera este trastorno dif√≠cil de precisar, cuyas v√≠ctimas son a menudo tratadas de hipocondr√≠acos.

Sin embargo, cada vez m√°s investigaciones sugieren que una exposici√≥n qu√≠mica inicial puede provocar una “reacci√≥n al√©rgica” en algunas personas cuando se enfrentan m√°s tarde a niveles muy bajos de una amplia gama de productos qu√≠micos.

“Estos pacientes realmente est√°n sufriendo”, dijo Stirum.

El nuevo edificio podría marcar la diferencia. Hecho con materiales especiales por constructores entrenados, que tenían prohibido fumar o usar productos perfumados mientras trabajaban, tiene un sistema de ventilación para succionar todos los olores.

“Un buen ejemplo de todo esto es el yeso en los muros”, afirma el arquitecto Andreas Zimmermann, que lo dise√Ī√≥. “No tiene olor, y eso es muy importante para estas personas”, dice, olfateando la pared en la sala de Schifferle.

Las partes con m√°s “poluci√≥n” del edificio son la zonas comunes, en especial el vest√≠bulo principal, la escalera y el ascensor.

Luego, cuando los residentes ingresan a sus apartamentos, avanzan por un pasillo en el que puedan quitarse la ropa “contaminada”, y pasan por el ba√Īo y la cocina u otros cuartos con equipamiento tecnol√≥gico antes de llegar a las estancias “limpias”: la sala de estar y los dormitorios.

Una “red” especial fue construida en la fachada y el techo para proteger a los habitantes de las ondas o campos electromagn√©ticas o electroest√°ticos, explica Zimmermann.

A pesar de todo, Schifferle s√≥lo pasa unos d√≠as a la semana en su nuevo apartamento, seg√ļn √©l, porque necesita ventirlarlo m√°s para asegurarse de que no quedan restos de los olores de los constructores.

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