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Familias de rescatados se quedarán en el campamento hasta que salga el último minero

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Algunas familias ya pueden partir, otras aún aguardan impacientes, pero ninguna abandonará el campamento Esperanza hasta el rescate del último de los 33 mineros atrapados desde hace 69 días en el yacimiento San José.

César Malermo

César Malermo

Este campamento lleno de carpas y albergues prefabricados montados tras el derrumbe que dejó atrapados a los trabajadores en las profundidades de la mina San José el 5 de agosto, se encuentra en ebullición desde el rescate del primer minero de los “33″.

Gritos, aplausos y cantos resuenan con cada salvataje.

La familia de Jorge Galleguillos se reúne con las de Carlos Barrios y Víctor Zamora para esperar la salida de este minero de 56 años.

El rescate sin contratiempos de los primeros mineros hace disminuir la tensión.

“Me dio mucha conformidad porque se veía que todo estaba saliendo bien”, dice Javier Galleguillos, hermano de Jorge. “Los primeros no eran familiares pero igual fue una gran emoción. Es posible que desde el primero al último nos quedemos acá”, agregó.

Edwin Mitamita ya vio el rescate de su amigo, el boliviano Carlos Mamani, pero él tampoco tiene intenciones de partir. “Me quedo hasta que salga el último”, aseveró.

Unas doce horas después del inicio del rescate, ninguna carpa ha sido desmontada.

En la noche del martes al miércoles, la familia Avalos vio su tienda de campaña estremecerse debido al golpe mediático que provocó la salida de Florencio, el primero de los “33″ en respirar aire fresco. Su padre Alfonso debió buscar refugio en el comedor del campamento.

Los Avalos no pueden hacer las maletas, pues esperan por otro de sus hijos, Renan, aún atrapado a casi 700 metros bajo tierra, pero también del resto de los “33″.

“Voy a bajar para hablar con él (Florencio) en el hospital, pero después voy a subir de nuevo. Nosotros, nos quedamos hasta el último”, afirmó Alfonso Avalos. “Entre las familias y otras personas, hay una buena relación, llegaron a ser buenos amigos”, agregó.

La solidaridad entre las familias, que al principio se acostaban en sillas en las heladas noches del desierto de Atacama, contribuyó a continuar con la búsqueda de los mineros, cuando las autoridades consideraban escasas las posibilidades de encontrarlos vivos a siete días del accidente.

“Es un relación muy fuerte, muy especial, con gente que no conocíamos. Va a costar romperla, pero tenemos todos que volver a nuestra vida, aunque pienso que vamos a quedar en contacto”, estimó Rossana Gómez, hija del más veterano de los “33″, Mario Gómez, de 63 años.

Un deseo similar al de los mineros, unidos por el resto de sus vidas por la experiencia extrema compartida.

“Su mayor preocupación es permanecer unidos, cuando provienen de distintas zonas de Chile. Ellos quieren permanecer unidos después del rescate”, afirmó Alejandro Pino, responsable de la Asociación chilena de seguridad, que ha hablado cotidianamente con los mineros.

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