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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El estilo naked dressing o "vestir desnudo" ha trascendido las pasarelas y alfombras rojas, llegando a la vida cotidiana en eventos como matrimonios, conferencias y reuniones sociales, generando un debate sobre libertad personal y normas sociales. Mientras algunos lo ven como empoderamiento, otros lo consideran inapropiado. Grandes marcas de moda han incorporado transparencias en sus colecciones, pero su uso en contextos cotidianos puede causar incomodidad y desviar la atención del evento. La estilista de Michelle Obama recomienda considerar el contexto antes de adoptar esta tendencia, ya que puede generar controversia y cuestionar los códigos de convivencia.

Durante años, los vestidos transparentes parecían reservados para celebridades, pasarelas y alfombras rojas. Hoy, sin embargo, ese estilo conocido como naked dressing o “vestir desnudo” comenzó a instalarse en la vida cotidiana.

Ya no sorprende verlo únicamente en festivales de cine o campañas de moda: también aparece en matrimonios, conferencias de negocios, cenas de trabajo y reuniones sociales, donde despierta un debate que va mucho más allá de la ropa.

La conversación gira en torno a una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto una prenda puede expresar libertad personal sin alterar las normas sociales de determinados espacios? Mientras algunas personas consideran que las transparencias representan una forma de empoderamiento y seguridad en sí mismas, otros creen que el fenómeno termina desviando la atención del contexto y generando situaciones difíciles para quienes comparten esos ambientes.

Usar transparencias o encajes

Jennifer Epstein, una farmacéutica de 43 años de Pensilvania, contó a WSJ que experimentó esa tensión en primera persona cuando asistió a una cena junto a su esposo vistiendo una falda de encaje transparente que dejaba ver su ropa interior.

La reacción de él fue inmediata. “¿Dónde está el resto de tu ropa?”, le preguntó, todavía sorprendido. Ella, en cambio, aseguró que no buscaba aprobación. “Me siento empoderada. Es un feminismo moderno que valora la seguridad en una misma y la feminidad en sus propios términos”, afirmó.

Ese cambio de paradigma también se refleja en la industria de la moda. Grandes marcas como Zara, Victoria’s Secret, Michael Kors o Aerie han incorporado colecciones donde los sujetadores, bralettes y prendas interiores dejan de esconderse para transformarse en parte del atuendo. La idea ya no consiste en disimular la ropa interior, sino en convertirla deliberadamente en protagonista del look.

Sin embargo, cuando estas propuestas abandonan el entorno de la moda y llegan a escenarios cotidianos, las reacciones suelen ser distintas. Christian Espinosa, fundador de una empresa de ciberseguridad, recordó la sorpresa que sintió durante una conferencia en Scottsdale, Arizona, al encontrarse con una expositora que vestía un sostén bajo una falda completamente transparente. “No soy de los que se alteran fácilmente, pero recuerdo haber pensado: ‘No tengo ni idea de dónde buscar ahora mismo’”, relató. Aunque destacó que la presentación fue excelente, aseguró que muchos asistentes terminaron comentando más el vestuario que el contenido de la charla.

Misma sensación causó Lauren Sánchez, la esposa de Jeff Bezos causó diversas reacciones cuando usó un traje de pantalón blanco de Alexander McQueen, pero que llevaba un sostén de encaje que se veía bajo la chaqueta.

Mientras ella calificó su atuendo como “conservador”, las críticas apuntaron a lo inapropiado del vestuario para la ocasión, manifestando que no era aceptable vestir algo así en una ceremonia de ese estilo.

Transparencias: ¿libertad o incomodidad?

Para algunos especialistas en moda, precisamente ahí aparece el principal desafío. La estilista neoyorquina Brooke Rounick sostiene que no todas las personas se sienten cómodas con esta estética y que existe una diferencia entre vestir de forma provocadora y elegir prendas apropiadas para cada ocasión.

En paralelo, quienes adoptan este estilo suelen recurrir a cubrepezones, bóxers, prendas moldeadoras y ropa interior especialmente diseñada para permanecer visible sin exponer completamente el cuerpo.

Las bodas se han convertido en uno de los escenarios donde esta tendencia genera mayores conflictos. Nikita Khandheria, organizadora de eventos en California, contó que recientemente debió intervenir cuando una invitada llegó prácticamente en bikini a una ceremonia con temática hawaiana. La mujer terminó comprando una prenda adicional para poder permanecer en la celebración.

Desde entonces, la organizadora asegura que comenzó a incorporar instrucciones mucho más explícitas sobre el código de vestimenta en las invitaciones e, incluso, algunas novias llevan vestidos de respaldo para invitados que sobrepasen los límites. “En una boda, la novia debe ser el centro de atención. No alguna amiga que prácticamente esté desnuda”, explicó.

El atuendo no debería ser un tema

El debate también alcanzó a especialistas. Meredith Koop, estilista de Michelle Obama, sostuvo en una columna de The New York Times que la discusión sobre las transparencias va mucho más allá de una prenda. “Hay muchas conversaciones matizadas que podríamos mantener sobre la mujer, la exposición, la seguridad, la historia, la tendencia, la misoginia, el control, la subyugación y el lavado de cerebro”, afirmó.

Sin embargo, añadió que, en el fondo, estas discusiones terminan revelando “las estrechas miradas de la gente sobre lo que deben llevar las mujeres, más que de mostrar la piel”. Aun así, recomendó considerar el contexto antes de elegir este tipo de atuendos y, para quienes quieran incorporar la tendencia de forma más sutil, sugirió usar transparencias en capas o mostrar solo una parte de la piel.

Claro que en ese sentido aclara: “Es estupendo amar tu cuerpo y sentirte cómoda mostrándolo, pero si lo haces en un entorno en el que hay personas que probablemente se sentirán menos cómodas con la idea (como la gente de los clubes de campo conservadores, un bar mitzvah u otra ceremonia religiosa o prácticamente cualquier cóctel en Washington), deberías, como mínimo, considerar las repercusiones”.

Esto porque para Koop un atuendo no debería ser conversación por sobre las acciones y peor sería si ese comentario o incomodidad sigue por días o años, algo que para ella sigue siendo injusto, pero es una realidad.

Un fenómeno que no es nuevo

Aunque el fenómeno parece nuevo, sus raíces son mucho más antiguas. La actriz Mae West ya utilizaba vestidos transparentes en la década de 1930; Jane Birkin convirtió el crochet transparente en un sello personal; Madonna revolucionó la moda con el famoso sostén cónico diseñado por Jean Paul Gaultier durante la gira Blond Ambition en 1990, y Kate Moss marcó una época con su icónico vestido lencero transparente de 1993. Las transparencias aparecen una y otra vez como símbolo de ruptura con los códigos tradicionales del vestir

La influencia de las celebridades ha sido tan grande que incluso algunos eventos comenzaron a poner límites. El Festival de Cannes reforzó recientemente su reglamento e incorporó restricciones a los atuendos excesivamente transparentes o que simulen desnudez, argumentando razones de decoro y funcionamiento del evento.

La decisión evidenció que el debate ya no ocurre solo entre quienes usan estas prendas y quienes las observan, sino también entre las instituciones que organizan espacios públicos.

En definitiva, las transparencias dejaron de ser una simple tendencia estética para transformarse en una conversación sobre identidad, libertad y normas sociales. Para algunos representan una declaración de autonomía; para otros, una elección que desdibuja los códigos de convivencia según el contexto.