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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Florencia Cernuschi y Gise Ares cumplen su sueño de viajar por el mundo en su combi "Calimba", recorriendo países de América del Sur y América del Norte. Su pasión por el buceo los motivó a emprender esta aventura. A pesar de los desafíos, la pareja disfruta de la libertad y la conexión con la naturaleza en sus viajes, destacando la gentileza de la gente que han conocido en su camino.

Florencia Cernuschi y Gise Ares se encuentran viviendo el sueño de muchas personas. En marzo de 2019, el matrimonio argentino decidió emprender un viaje por las carreteras del mundo a bordo de su combi “Calimba”.

Así conocieron Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia, describen las trasandinas en conversación con BioBioChile.

“Buscamos un montón y no se daba ninguna, hasta que vimos a la Calimba y nos enamoramos. Yo estudié dos años de mecánica”, menciona Cernuschi, que había estudiado relaciones públicas, pero hizo un cambio de carrera y ahora se dedica al coaching. “Tuvimos que hacer cosas que nunca en la vida habíamos hecho”, expresa con convencimiento Florencia.

Este viaje, que ha durado ocho años, se encuentra lleno de significado, menciona Gisela. “El nombre de Calimba nace de un cenote mexicano, donde Flor estuvo buceando”, repasa Ares a BioBioChile.

Los pros y contras de viajar por el mundo

Aunque ciertamente su conexión también se remonta a su pasión por el buceo. “Nos dimos cuenta de que la podíamos hacer en un viaje”, explica Gisela, que se encuentra casada con Florencia hace 14 años. “Nuestro objetivo es bucear en cada uno de los lugares que se pueda y poder llevar el buceo a más personas”, revela Ares.

En ese sentido, la pasión por viajar las encontró a ambas en la antigua oficina, donde ambas se conocieron. Desde entonces, organizaron muchos viajes donde aprovecharon para conocerse y, a la vez, notaron que el buceo era una actividad que las complementaba como pareja.

“Siempre decimos que cambia un poco el patio; yo tengo un trabajo formal con horario de oficina de Argentina. Todavía estoy en horario de oficina, pero no pasa nada”, indica Gise. “Flor tiene un poco más de flexibilidad porque sus sesiones las puede acomodar durante el día, pero yo sí tengo una formalidad de un horario”, explica Gisela.

“También viajar tiene sus pros y contras, porque ahora en el recorrido por Alaska, Gise se despertaba a las cuatro de la mañana para poder llegar a tiempo a la oficina”, indica Flor con humor.

Gise Ares (Izq) y Florencia Cernuschi (Der)

La mística de la combi

“Elegimos una combi, porque era un vehículo que nos gustaba mucho a las dos, porque es muy místico”, revela Florencia. A lo que agrega Gise: “La combi es bastante espaciosa, porque entrábamos los cuatro en ese momento [tuvieron un perro doberman y un salchicha como compañeros] y que además teníamos un motor adaptado, lo que hace que la mecánica igualmente sea fácil, no es algo muy complejo, todo se puede arreglar bastante bien en la combi”.

Eso sí, Florencia destaca que antes tuvieron una primera Calimba, pero que tuvieron que vender, aunque mantenían un lazo emocional con su antiguo vehículo. “Yo no le quería cortar el techo, como Gise es muy alta, además empezábamos a sentir los dolores corporales de estar en un espacio reducido”, afirma a BBCL.

“Habíamos tenido algunos inconvenientes con la camioneta; ya al principio, cuando salíamos, funcionaba super bien, después se fue poniendo un poco más trabajosa, o sea, todos los días había que revisar algo. Flor, que estudió mecánica, tenía que meter mano, entonces cada día se hacía un poco más complejo viajar en la camioneta, en el sentido de que te estabas preguntando todos los días si iba a arrancar”, explica Gisela.

“La decisión de venderla fue difícil”, reflexiona Ares.

No obstante, después de vender la primera calimba, la pareja se dedicó a buscar su reemplazo, para no sufrir panas en el camino.

Viviendo en la ruta

“Nosotras solemos estar en lugares muy aislados, no en ciudades grandes”, responde Flor sobre cómo eligen el próximo destino.

La pareja, que también pasó por Chile, recuerda que “la ciudad más grande en la que hemos estado fue en La Serena. Después conocimos todas las playas vírgenes del norte”.

Por otra parte, el matrimonio recuerda unos momentos, su último viaje a las profundidades de Alaska. “Le dimos dos vueltas a Alaska”, expresa Florencia. “Cuando llegamos no era época de salmones, así que nos fuimos hasta Prudhoe Bay, que es la parte más al norte, y ahí recorrimos todos los pueblos, las ciudades y los parajes. Sin embargo, cuando bajamos, ya era época de salmones, así que pudimos volver a disfrutar de lugares tales como la ciudad de Valdez, donde vimos osos comer salmones”, relata con entusiasmo Florencia.

Mientras Gisela, describe que también pudieron ver osos negros, osos grizzlies y águilas cazando peces desde la desembocadura de un río. “Pudimos recorrer muy bien Valdez, que es una zona muy prominente de eso, también fuimos a Homer, para ver la pesca del halibut”, asevera con entusiasmo.

La gentileza de la gente

“Este estilo de vida nos permite poder compartir con más personas, porque hace que quieras estudiar más cosas, ya que estás con la curiosidad a flor de piel”, destaca Cernuschi.

“Tuvimos la posibilidad de viajar mucho de mochila, haber recorrido Europa y Asia. En ese momento, nos pasaba que estábamos cinco días y nos sentíamos parte de ese lugar”, afirma Ares.

“No queríamos echar raíces, sino dejar semillas”, complementa Florencia sobre lo vivido junto a su compañera de vida.

“Siempre nos preguntan, si te han pasado cosas malas o si te han tratado bien. Entonces, creo que la sorpresa es que la gente siempre es más buena”, puntualiza Gise Ares. “No sé por qué, pero siempre aparecen lo que llamamos los ángeles del camino, que es la gente que uno no sabe de dónde salió, pero aparece en el momento justo para darte la mano”, recuerda la argentina a BBCL.

Por otro lado, Cernuschi ejemplifica con este escenario: “Estás en el medio de la nada y no sabes de dónde aparecen, pero los ángeles aparecen con buena disposición para ayudar y siempre sale todo bien y terminas siendo parte de una gran familia”.

Consultadas sobre su lugar favorito, cada una responde de diferente manera. “Cada país tiene su encanto, yo creo que estando encerrada en una oficina o en una casa, nunca me hubiese pasado estar manejando y que un paisaje te emociona hasta el punto de llorar de lo lindo”, indica Florencia.

En cambio, Gisela confiesa que hay lugares que siempre recordará, como fue el recorrido que hicieron por Estados Unidos. “Todo lo que son los parques nacionales, como el Parque Nacional de Yosemite y Yellowstone, me impactó muchísimo”, declara Gisela.

Al final del día, el matrimonio elige destacar la gentileza de la gente. “Una vez viajando por Ecuador, veníamos supernerviosas por el clima y, apenas cruzamos la frontera, paramos a comer en una parrilla o un restaurancito y una familia superhermosa nos invitó al almuerzo después de que estuvimos no sé cuántas horas manejando. Esas cosas son muy lindas”, enfatiza Florencia.

Después de un instante, Gise rememora que la gente, al conocer que viajan en una combi, primero se sorprende y luego afirman que “están cumpliendo mi sueño”.

“Es muy común que los latinoamericanos sueñen con viajar”, agrega Gisela.