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Eirish Shchekina, que es una arquitecta rusa, decidió cambiar la rutina por una vida nómade tras viajar a la India en 2015. Financia su travesía vendiendo dibujos en los países que visita. Tras recorrer 55 países, llegó a Chile y se enamoró de su naturaleza y su gente.
Eirish Shchekina, pudo tener la vida típica de una arquitecta, con un trabajo formal e ir todos los días a una oficina, pero la rusa que es oriunda de la ciudad de Samara, ubicada a las orillas del río Volga, prefirió tener una vida nómade.
“No quería pasar tanto tiempo en oficinas o vivir en ciudades, por eso decidí vender mi bicicleta y comprar un pasaje de ida a India en 2015”, revela en conversación con BioBioChile.
Después de regresar de India, Shchekina decidió que iba a viajar por el mundo, aunque solo sabía que estaba dispuesta a financiar su travesía “en el camino”, confiesa.
“Viajar a India fue una experiencia muy fuerte, porque la cosa más importante que entendí es que el estado normal de un ser vivo es ser feliz, por ejemplo, la gente llega a los templos, cantan mantras y son felices”.
“Pero en mi cultura donde yo crecí, en Rusia, yo creo que en Chile igual, el estado normal de las personas es que cuando tienes muchas cosas en tu cabeza, entonces eres serio, preocupado y si vas a entrar en la casa cantando, la gente va a preguntarte qué te pasa”, comenta. “Parece que el estado normal de las personas en muchas partes del mundo es preocuparse mucho”, agrega pensativa. “Hay que tener una vida más simple, no pensar tanto”.
“Tenía planes de viajar toda mi vida, mi idea no era parar y quedarme en un país”, reconoce la samarense.
Un viaje por el mundo
Durante sus muchos viajes, la arquitecta empezó a dibujar y a nutrirse de las influencias de los artistas que iba conociendo en cada país. “Cuando era niña, estudié cuatro años en una escuela de arte, después cuando ingresé a arquitectura, leía sobre historia del arte y aprendí a pintar en acuarela, además de conocer sobre composición”, detalla Shchekina.
En ese sentido, como no tenía ahorros y Eirish deseaba seguir viajando, muy pronto se dio cuenta que podía vender sus dibujos y así generar un ingreso extra. Y lo hizo varias veces, como en Corea del Sur, cuando vendió sus dibujos, “tenía dineros para vuelos, hoteles, para todo”, recuerda a BBCL.
Con respecto a sus múltiples viajes, Shchekina explica que “me moví ocho años sin parar, viajaba solo de un país a otro y luego a otro”, señala. “Cuando llegué a Brasil, por ejemplo, aprendí portugués y allá comencé a conectarme con los artistas locales. Y después cuando llegué a Chile, tampoco hablaba español. Hace tres años no hablaba nada de español”, menciona a nuestro medio.

Así pues, la rusa viajó por 55 países tan distintos entre sí, como Corea del Sur, España, Singapur, Mongolia, Zambia, Sudáfrica, Brasil y Estados Unidos. “Comencé a viajar por los parques nacionales de Estados Unidos en bicicleta, no hablaba nada de inglés en ese tiempo”, precisa Eirish Shchekina a la presente redacción.
“Y después me pregunté a mí misma, ¿qué sé yo sobre África?, ¿hay pobreza?, ¿será peligroso? o ¿habrá muchas enfermedades? Después pensaba que no puede ser tan así”.
“Como cada país tiene su hermosura, tiene su gente, tiene sus historias y su cultura, me compré un pasaje al sur de África, a Zambia”, relata la ciudadana rusa. También como en otras ocasiones, Eirish viajó a dedo por la bosques de Miombo de la nación africana, así que varias veces la invitaron a tomar el té. “Yo tenía suerte de ver las casas africanas desde dentro”, agrega.
Por otra parte, Shchekina reconoce que vivió los remanentes del apartheid, en una visita que hizo a un hogar sudafricano. “En Sudáfrica todos conocen que te pueden matar por tu color de piel”, comenta.
“Allí sentí algo que nunca había sentido en ninguna otra parte del mundo, una señora me invitó a almorzar, preparó la mesa bonita y me preguntó: Oiga, está bien si sirvo la ensalada en un plato para todos?”, le dijo la señora. “Y yo le contesté: ¿Por qué me lo preguntas? Soy una invitada. Obvio que sí, está bien. Y ella me dice que creció en una cultura donde no podían sentarse en una mesa con una persona del color de piel que tú tienes”, le comentó la sudafricana.
“Yo no puedo imaginar que en el siglo XXI, esto todavía sea un problema”, indica a nuestro medio.
El amor por Chile
“Yo creo que cualquier país tiene todo tipo de personas, la otra cosa es qué tipo de persona eres tú”, reflexiona Eirish. “No importa dónde yo vaya, yo conozco gente que busca cómo expresarse, que busca esta libertad que te da tocar música o el proceso de comenzar un dibujo”, describe la artista rusa.
“Yo creo que cualquier persona que conoce Chile por el sur, se va a enamorar al tiro de este país”, declara Shchekina. Al principio, cuando ingresó por primera vez al territorio nacional, Eirish conoció la Región de Magallanes.
Como lo hace siempre, Eirish aprovechó de hacer dedo para conocer las bondades del sur, pues allí encontró que los bosques eran majestuosos y quedó muy sorprendida por la enorme cantidad de volcanes y montañas. Sobre todo quedó impresionada por los sureños, al encontrar que realizan “todo de corazón”. “Ellos siempre quieren mostrarte algo único”, afirma con dulzura en sus palabras.
Después de una pequeña travesía, la rusa llegó con su mochila a Puerto Montt, la ciudad portuaria, conocida por sus lagos y volcanes. Apenas pisó la ciudad, Shchekina supo de inmediato que quería vivir entre tanta naturaleza.
Además, destaca la tranquilidad sureña, puesto que le aporta mucha paz mental, dado que el ritmo de vida es pausado, no como otras realidades que la pintora conoce bastante bien. Por ejemplo, en Europa, a la pintora le saturaba el utilitarismo con el que se desenvuelven algunas sociedades donde las conversaciones giraban en torno al pago de impuestos, etcétera.
“No sé, por ejemplo, yo vi en África que personas que tienen muy poco, siempre agradecen todo y hablan con sus hijos con respeto, con amor, pero en otros países, que tienen demasiado, nunca es suficiente. Y en Chile sentí que la gente no estaba preocupada de quien tiene tal cosa”, expone.
Un lugar para regresar
A raíz de que recién comenzaremos los meses más fríos, la rusa comenta que aprovecha este tiempo para recorrer la Carretera Austral, la ruta de 1.200 km que conecta Puerto Montt con Villa O’Higgins, el remoto poblado donde el río Mayer desemboca en el lago O’Higgins.
“Me sentí muy impresionada e inspirada con tanta naturaleza, con muchas plantas únicas, pájaros únicos y con una cultura única”, resume.
“La ruta de Chile Chico hasta Río Tranquilo es demasiado hermosa, es bien extrema”, comenta la rusa. También aclara que da la sensación de que la Carretera Austral aún no está hecha, afirma Eirish Shchekina, sobre los trabajos que se pueden ver en el trayecto.
Por su lado, la artista declara su amor a la Villa O’Higgins que señala es un lugar maravilloso con su microclima, con un bosque impresionante, que conecta una caminata hasta el Glaciar O’Higgins. A lo sumo, Shchekina también expresa su admiración por la Cordillera de los Andes, que te puede regalar un paisaje único. “Yo creo que ya me quedé, a mí me gusta viajar y hay muchos lugares para explorar, igual yo sigo viajando y volviendo”, explica a BBCL.
“En Chile, descubrí que es superinteresante tener un lugar para regresar”, cierra.
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