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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El Reino de Tooro, en Uganda, llora la muerte de su joven rey Oyo Nyimba Kabamba Iguru Rukidi IV, quien asumió el trono a los tres años en 1996, convirtiéndose en el rey más joven según el Guinness. Aunque Uganda tiene un gobierno democrático, los reinos tradicionales mantienen influencia. Nyimba fue activista contra el VIH y por la paz en África, liderando una expedición contra el calentamiento global.

El Reino de Tooro, ubicado en una ciudad y distrito industrial en la zona oriental de Uganda, lamentó la muerte de su rey Oyo Nyimba Kabamba Iguru Rukidi IV, a sus 34 años de edad.

El monarca se hizo conocido en el mundo entero en 1996 tras asumir el trono luego de la muerte de su padre, cuando solo tenía tres años de edad, lo que le valió el récord Guinness como el rey más joven de la historia.

Tal como destaca la BBC, aunque Uganda está gobernada por un presidente y un parlamento elegidos democráticamente, “cuenta con varios reinos tradicionales que mantienen una importante influencia a pesar de no tener poder político”.

Muere el rey más joven del mundo

De acuerdo al mismo sitio web del Reino de Tooro, Nyimba Kabamba Iguru Rukiidi IV nació el 16 de abril de 1992, quien recibió educación en su hogar durante sus años de formación y posteriormente “accediendo a entornos de aprendizaje selectivos que propiciaron la crianza de un monarca”.

Durante su reinado fue activista por las causas relacionadas con el VIH en África y respaldó activamente el objetivo internacional de terminar con el sida como amenaza para la salud pública antes del año 2030. Asimismo, impulsó la participación de los hombres en la prevención y se enfocó en reducir la transmisión del virus de madre a hijo.

Además, destacan que promovió la paz en África “uniendo a todos los reyes y líderes culturales africanos en Uganda y en toda África en general”. Además, en el 2022 lideró una expedición para escalar la cordillera de Rwenzori, a 4.877 metros de altura, con el fin de concienciar sobre los efectos adversos del calentamiento global.

Al anunciar su muerte, el primer ministro de Tooro calificó su fallecimiento como una “pérdida inconmensurable” y explicó que “su Majestad deja como heredero a un príncipe, cuya identidad se revelará formalmente en el momento oportuno, de acuerdo con las tradiciones y costumbres del Reino de Tooro”.