Las próximas estaciones de primavera y verano se proyectan con notables diferencias de las que estamos acostumbrados, de la mano de El Niño. Esto no solo se notaría con condiciones meteorológicas adversas, sino también con efectos sobre la agricultura.
El agroclimatólogo de la Universidad de Talca, Patricio González Colville, adelantó que el país seguirá enfrentando condiciones climáticas extremas. Para la primavera proyecta un escenario cálido y húmedo, lo cual puede complicar a la fruticultura con probables enfermedades fungosas, mientras que durante los meses estivales podrían generarse escenarios propicios para que se puedan registrar temperaturas máximas, durante algunos días, en rangos de 38 °C y 39 °C, como ocurrió durante el verano de 2024, bajo la influencia de un evento El Niño “fuerte”.
Lo que se espera de primavera y verano con El Niño
González recordó que en esa oportunidad se registraron temperaturas particularmente altas en la zona central-sur, en enero y febrero. En sectores rurales se alcanzaron registros cercanos a los 38 y 39 °C e incluso los 40.9 °C en lugares como Til-Til (región Metropolitana); 40.4 °C en Marchigüe (región de O’Higgins); 39.6 °C en Los Ángeles (Bío Bío) y 40.1 °C en Traiguén (La Araucanía), entre otras.
Por otro lado, el especialista advirtió que en primavera El Niño puede propiciar un periodo cálido, lluvioso y húmedo que puede favorecer la aparición de hongos, aumentar el riesgo de probables granizos y heladas tardías, especialmente en septiembre, en pleno período de floración, lo que podría afectar a cultivos como las cerezas, manzanas, peras, uvas y avellanos.
“Durante eventos El Niño, sobre todo de características ‘fuerte’ o ‘extraordinario’, los escenarios probables en la primavera son climas más cálidos y lluvias alternadas, lo cual crea ambientes propicios para el desarrollo de hongos. Se debe estar atento a los pronósticos para hacer las aplicaciones respectivas. La agricultura y, en especial la fruticultura, que empieza sus ciclos de floración y maduración, puede tener alta vulnerabilidad a los extremos meteorológicos“, sostuvo a través de un comunicado.
A juicio del especialista, estos fenómenos reflejan una alteración de los patrones climáticos que obliga a fortalecer la preparación tanto de las ciudades como del sector productivo. “La normalidad se ha perdido y lo que estamos viendo son extremos climáticos”, enfatizó.
¿Qué pasaría con la sequía?
González Colville asegura que estas lluvias no significan el término de la megasequía que afecta a Chile desde 2007 ni anticipan necesariamente un escenario de mayor disponibilidad hídrica para los próximos años.
“El evento de El Niño lo que hace es interrumpir esta megasequía con lluvias muy intensas en corto plazo, pero una vez que pase esta situación de un evento El Niño intenso o muy fuerte, vamos a volver, quizás el 2028 o 2029, nuevamente al ciclo deficitario en lluvias. Esto indica que políticamente hay que irse preparando e invirtiendo en infraestructura y en gobernanza hídrica para enfrentar esta situación”, advirtió el investigador del Centro de Investigación de Riesgo y Agroclimatología (CITRA UTalca).
El especialista respaldó esta proyección con el comportamiento de las precipitaciones acumuladas durante este año.
“Incluso este evento El Niño está dejando superávits muy débiles. En Santiago todavía tenemos un 3.4% de déficit; Chillán, que es una zona agrícola, está con un déficit cercano al 10% y Puerto Montt indica déficit del 16.6%. En otras regiones agrícolas, los superávits oscilan solo entre el 10 o 15%, entonces tampoco ha sido, al término del invierno, extremadamente lluvioso, comparado con otros eventos de igual intensidad, como 1982 y 1997”, finalizó.