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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Mette-Marit Tjessem Høiby, de vida alejada de palacios, llega al trono noruego con controversias: correos con Epstein y condena de su hijo por violación. Ingresó a la realeza en 2001, disculpándose por sus contactos con Epstein en 2026. Su hijo Marius, en problemas legales, fue condenado por violación y violencia doméstica. Encuestas muestran caída de apoyo a la monarquía. Mette-Marit, con fibrosis pulmonar, se sometió a trasplante y celebra 25 años de matrimonio en agosto.

La llegada de Mette-Marit al trono de Noruega como reina consorte está lejos de parecerse al final feliz del cuento de hadas que comenzó hace más de 25 años. La esposa de Haakon alcanza el punto más alto de la monarquía noruega rodeada por una serie de controversias que han golpeado su imagen: desde los reveladores correos que intercambió con Jeffrey Epstein hasta la condena por violación y violencia doméstica que recibió su hijo mayor, Marius Borg Høiby.

Mette-Marit Tjessem Høiby nunca tuvo el perfil tradicional de una futura reina. Tenía 25 años, era madre soltera, protagonizó un reality show de citas de muy bajo presupuesto, del que casi no hay registros, y llevaba una vida completamente alejada de los palacios cuando conoció al entonces príncipe heredero Haakon durante el festival Quart, en Kristiansand, en 1999.

Ambos consiguieron mantener su romance en secreto durante algunos meses, hasta que la prensa descubrió la relación y comenzó a escudriñar el pasado de la joven que podía convertirse en parte de la familia real.

La historia que Mette-Marit contó

Parte de esa historia la contó ella misma antes de casarse con Haakon en 2001. Mette-Marit reconoció entonces que durante su juventud había llevado una vida alejada de lo convencional.

“En ese momento, para mí era importante vivir en contra de lo que estaba aceptado. Eso también me llevó a vivir una vida desenfrenada”, explicó a periodistas, recogió Reuters. También admitió que estuvo en un ambiente “donde se probaban cosas y cruzábamos límites”. Pese a las críticas, Haakon y su padre, el rey Harald V, respaldaron su entrada a la familia.

Con los años, la polémica pareció quedar atrás. Mette-Marit estudió ética en la Universidad de Oslo, cursó estudios relacionados con desarrollo internacional y se involucró en causas vinculadas con literatura, salud global, empoderamiento femenino y VIH/Sida.

Poco a poco construyó una imagen mucho más sólida dentro de la monarquía. Sin embargo, décadas después, una relación que había permanecido parcialmente fuera del radar terminó por convertirse en el mayor escándalo de su vida pública: su vínculo con Jeffrey Epstein.

Los correos de Mette-Marit con Jeffrey Epstein que desataron el escándalo en Noruega

La controversia explotó con fuerza a comienzos de 2026, cuando documentos difundidos por el Departamento de Justicia de Estados Unidos revelaron numerosos intercambios entre Mette-Marit y el fallecido financiero estadounidense. El problema no radicaba solamente en que ambos se conocieran: Epstein ya había sido condenado en 2008 por delitos sexuales cuando la princesa mantuvo contacto con él durante los años siguientes. Los archivos contenían cientos de menciones a la entonces princesa heredera, además de correos electrónicos que mostraban una relación más cercana de lo que hasta entonces se conocía.

Uno de los intercambios más comprometedores corresponde a octubre de 2011. Mette-Marit escribió a Epstein que lo había buscado en Google y reconoció que lo que aparecía sobre él “no se veía demasiado bien”, acompañando el mensaje con una cara sonriente. Los documentos también revelaron que en 2013 permaneció durante varios días en una propiedad de Epstein en Palm Beach, Florida, una estadía que la Casa Real noruega confirmó posteriormente.

La revelación generó una reacción especialmente incómoda para la monarquía porque cuestionaba el criterio de una mujer destinada a convertirse en reina. El entonces primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, llegó a criticar públicamente su “falta de criterio”, mientras medios y especialistas en la realeza comenzaron a discutir abiertamente si Mette-Marit estaba preparada para asumir ese papel, recogió El País.

Ante la presión, Mette-Marit terminó pidiendo disculpas. “Es importante para mí disculparme con todos ustedes a quienes he decepcionado”, señaló en febrero. También reconoció que parte de los mensajes que intercambió con Epstein no representaban a la persona que quería ser y pidió perdón por haber colocado a la familia real en aquella situación. “Mostré poco criterio y lamento haber tenido cualquier contacto con Epstein. Es simplemente vergonzoso”, admitió.

Semanas más tarde entregó una extensa entrevista a la televisión pública NRK, donde aseguró que nunca conoció los delitos sexuales del financiero. “Me siento tan manipulada. Y cuando te manipulan, una no se da cuenta al principio”, afirmó. Según explicó, con el paso del tiempo comenzó a recibir señales que le hicieron sospechar que algo no estaba bien y terminó alejándose de Epstein.

Marius, el otro golpe que sacudió a la familia real

Pero mientras Mette-Marit intentaba explicar su relación con Epstein, otro escándalo mucho más cercano golpeaba las puertas del palacio. Marius Borg Høiby, el hijo que tuvo antes de casarse con Haakon, enfrentaba un juicio por graves delitos, entre ellos acusaciones de violación y violencia doméstica. El mismo niño rubio que había acompañado a su madre en su boda real en 2001 terminó convertido, 25 años después, en protagonista de uno de los procesos judiciales más incómodos para la monarquía noruega.

En junio de 2026, el Tribunal de Distrito de Oslo declaró a Marius culpable de 34 de los 40 cargos que enfrentaba, entre ellos dos cargos de violación y violencia doméstica contra una expareja, además de delitos relacionados con drogas. El tribunal lo condenó a cuatro años de prisión. Durante el juicio aparecieron antecedentes sobre su adicción a las drogas, videos de encuentros sexuales y cientos de mensajes electrónicos con exparejas. Tanto Marius como la Fiscalía apelaron la sentencia.

Mette-Marit optó por no realizar declaraciones públicas sobre el juicio de su hijo y ningún integrante de la familia real asistió al proceso. Haakon, en cambio, expresó previamente su respaldo a que la justicia actuara como lo haría con cualquier otro ciudadano y manifestó su solidaridad con las presuntas víctimas. Marius no posee título real ni cumple funciones oficiales, pero su cercanía con la familia convirtió el caso en un problema inevitable para la institución.

Una reina que llega al trono bajo la lupa

Las consecuencias ya aparecieron en las encuestas. En febrero, mientras coincidían el juicio contra Marius y las revelaciones sobre Epstein, un sondeo de Norstat situó el apoyo a la monarquía en cerca de un 60%, frente al 70% registrado un mes antes. Otra encuesta de TV2 mostró que un 47,6% de los consultados consideraba que Mette-Marit no debía convertirse en reina, mientras solo un 28,9% opinaba que sí.

A ese complejo escenario se sumó su delicado estado de salud. Mette-Marit padece fibrosis pulmonar crónica, enfermedad que durante años limitó progresivamente sus actividades oficiales. En junio de 2026, la Casa Real informó que se había sometido con éxito a un trasplante de pulmón. Tras varias semanas de recuperación regresó a casa y en agosto celebró junto a Haakon sus 25 años de matrimonio.

Así, la misma mujer que alguna vez fue cuestionada por ser una joven madre soltera con una vida poco convencional finalmente llega al trono junto a Haakon. Pero lo hace en circunstancias muy distintas a las que probablemente imaginó cuando entró a la familia real en 2001.

Mette-Marit asume como reina consorte con una monarquía golpeada, su hijo condenado y su amistad pasada con Jeffrey Epstein todavía bajo escrutinio, convirtiendo el inicio del nuevo reinado en una prueba no solo para ella, sino también para la confianza que los noruegos mantienen en su familia real.

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