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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Juan Pablo Colque, técnico electrónico de Valparaíso, emigró a EE.UU. en busca de oportunidades tras sentirse coartado por el sistema chileno. Llegó sin recursos ni contactos, pero encontró trabajo en un restaurante mexicano, y luego abrió su propio local en Bethesda. A pesar de fracasar económicamente, aprendió lecciones valiosas. Tras años de esfuerzo, inauguró "La Roja de Todos" en Queens, con éxito. Con inversión y esfuerzo, trasladó y expandió su restaurante a College Point, NY.

En Chile, Juan Pablo Colque, tenía un local electrónico de servicio técnico, reparaciones y ventas en Valparaíso.

“La verdad es que mi padre cuando falleció, me dejó un local comercial pequeñito. Entonces, yo seguí con ese local por 20 años y luego me cambié a otro local más grande”, relata Colque, en conversación con BioBioChile.

Como técnico electrónico de la Universidad Federico Santa María, Colque deseaba progresar en su vida con su negocio, pero con el transcurso de los años, el emprendedor advirtió que su esfuerzo muchas veces no alcanzaba.

“Yo me di cuenta que en ese entonces, el sistema en Chile te coarta”, relata. “No puedes hacer lo que tú quieres, porque comercialmente están los bancos por un lado y las financieras que te hacen mierda”, agrega.

En ese sentido, como sentía que se estaba estancando, Colque quiso poner a prueba una tesis que había formulado. “En el 2000 no me iba mal, pero no pude tener lo que quería, como una estabilidad económica o tener vacaciones como merece todo ser humano”, resume el porteño a BBCL.

“El sistema no te deja crecer porque te pone un cierto tope”, complementa. “Entonces dije:´¿si era el sistema o soy yo?"”.

“La única forma de comprobarlo, era salirme del sistema e irme a otro país”. Así que el nacido en el Cerro Bellavista de Valparaíso decidió juntar mil dólares y partir a Estados Unidos.

Colque junto a Fabrizio Copano | Facebook

Un porteño en Estados Unidos

Juan Pablo llegó el 7 de julio del 2000, con una mochila, ropa de cambio y una toalla. “Si me va mal en otro país, entonces soy yo. Y si me va bien, entonces no soy yo, el que está mal, es el sistema”, afirma Colque, sobre su particular reflexión en torno a la inmigración que vivió hace más de 25 años.

Como tenía programado probar suerte por seis meses, el porteño tenía en mente trabajar sin parar. “En ese entonces llegué a un sitio absolutamente desamparado, no sabía absolutamente nada de inglés”, confiesa.

“Yo llegué al Aeropuerto John F. Kennedy, en Nueva York, en la madrugada”, detalla el chileno a BBCL.

De hecho, es enfático en reconocer que “no tenía contactos ni menos idea de dónde iba a ir”. “Entonces me tuve que quedar ahí en las bancas del JFK esperando al próximo día”.

“Al día siguiente amaneció, empezó a llegar el personal de aseo y ahí me pude contactar con alguien que me orientara. Me habían dicho que el estado de Virginia era uno de los mejores estados para encontrar trabajo”. Así las cosas, el porteño partió con lo puesto a su nueva vida en Virginia. “Renté una pieza que me cobraron 3000 USD al mes”.

Eso sí, la llegada tuvo bastante amargura al comienzo. “Salía todos los días en la mañana, desde las 8 de la mañana a 9 de la noche, pero nadie me entendía”.

“Yo pensé que esto no era para mí y ya no me queda plata, porque el resto de los 1000 USD era para comer todos los días, los gastos básicos, el bus, el tren”, recuerda.

“Entonces dije: ´ya me voy"”. Así pues, en menos de tres días, el chileno calculaba que iba a regresar a Chile, pero en el último momento, la señora que le arrendaba la pieza, le comentó que había vacantes en el mall de Tyson’s Corner. “Hay 600 locales comerciales, si no encuentra trabajo ahí, es por qué usted no sirve para esto”, le dijo sin filtro la señora, que lo hirió en su amor propio, detalla Juan Pablo a BBCL.

“Partí a la mañana siguiente y recorrí el mall completo, estuve preguntando pero me dieron las 5 de la tarde y no encontraba ni una cosa”.

Ya resignado Juan Pablo estaba buscando la salida para el paradero de buses, hasta que repentinamente dio con un restaurante mexicano.

“Se llamaba Baja South Western”, recuerda Colque a BBCL. Allí, le dijeron que el dueño era un chileno, quien lo ayudó a establecerse en EE.UU. dándole un trabajo como mesero. “Puta, llegaste al lugar exacto, pues, huevón”, le dijo su futuro jefe.

“El primer mes no cachaba, el segundo mes, ya cachaba más. Hice entre 5.000 USD y 5.100 USD. ¿Por qué? Porque ese restaurante pasaba lleno todo el día”, afirma el chileno que estuvo cuatro años en el restaurante.

Un fracaso inesperado

Luego, con los recursos reunidos en extensas jornadas laborales, Colque pudo comprar un pequeño restaurante a 65.000 USD en la ciudad de Bethesda, en el estado de Maryland.

Así las cosas, pudo abrir el restaurante Valparaíso Eterno hasta su cierre en 2011.

“Me fue mal porque me robaron mucho, me faltó experiencia, por lo que sea. Pero aprendí un montón, aprendí la receta que yo tengo hoy, la experiencia, los contactos, los proveedores, aprendí mucho, pero económicamente me fue mal, tan mal, de que cuando me fui de ahí, estuve sin plata. Tuve que dormir en el carro, en el automóvil mío, en ese entonces una Ford Explorer 2006. Dormí ahí como dos meses”, describe Juan Colque.

“No tenía plata ni para rentar.Entonces, también toque fondo, pensé que tenía que haber alguna forma de reinventarme”. “Ahora sé cómo es la cosa”, se prometía el chileno.

Pegarle el palo al gato en EEUU

Con la mirada puesta en New York, Colque volvió a intentarlo e ingresó como mesero a un local que le permitió ahorrar por cinco años. Después de juntar una suma considerable, decidió averiguar cuál era la mejor ubicación. Ahí mismo, el porteño se dirigió hasta el populoso distrito de Queens, para abrir “La Roja de Todos”.

“El sector era bueno pero el restaurante no era grande, porque tenía una capacidad para 40 personas. Ahí yo apliqué todo el conocimiento que tuve en los primeros cuatro años”, puntualiza.

En ese sentido, Juan Pablo vio que su negocio volvió a crecer y finalmente el sueño que buscó por más de 20 años, se concretó en 2016.

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No obstante, con un menú basado en el típico pastel de choclo, cazuela y empanadas, el chileno vio que tenía una fiel clientela, pero el lugar le estaba quedando chico, porque al no contar con estacionamiento, el público se iba.

Así pues, con una inversión de 250.000 USD, Juan Pablo reinauguró el restaurante en un sitio más espacioso, en College Point, en New York.

“Si tú eres correcto, haces las cosas bien, te tiene que ir bien. Sea como sea, a largo plazo, no es de un día para otro, pero te tiene que ir bien”, postula Colque.

“El chileno es muy dado a ver como te cago y le interesa siempre sacar provecho. Acá la gente le interesa hacer las cosas bien hechas”, remata el empresario.

Hoy en su restaurante han llegado diversos famosos, como Nicolás Massú, Raquel Argandoña y los humoristas Fabrizio Copano y Diego Urrutia.

“El restaurante está impecable”, afirma con orgullo.