Aunque su nombre real es Juan Méndez, en redes y en las pasarelas el modelo chileno es conocido como Jaricch, uno de los rostros exóticos que ha logrado conquistar la industria de la moda.

Tras convertirse en rostro de la marca YSL el año pasado, el oriundo de La Florida, región Metropolitana, se trasladó a París, tras una exitosa estancia en Shanghái, China.

“Está súper romantizado acá; de todas formas, es una ciudad increíble. Yo esperaba que fuera un poquito más cruda, porque es súper dificil, caro y muy competitivo, pero por otro lado, el soñador aquí está en su salsa, porque está lleno de oportunidades. Está lleno de personas buscando su sueño en un todo o nada”, contó a BioBioChile sobre su nueva vida en la ciudad de las luces.

Y es que este era el siguiente nivel para el chileno de 24 años, que a los 17 dejó Chile y hace dos años se convirtió en modelo profesional.

“Se me han abierto muchísimas puertas, París me ha recibido con los brazos abiertos, he sido muy afortunado“, reconoció.

Hace unos días fue la Semana de la Moda, donde el chileno fue a probar suerte en un vaivén entre París y Milán: “En mi caso, que soy un perfil de pasarela, te toca ir siguiendo la Fashion Week, hacer casting, ver dónde agarrar pega. Lamentablemente, no pude caminar ninguna pasarela esta temporada, porque en Milán hubo poquitas, y en París no logré encontrar una agencia que me representara porque vengo recién llegando”, relató.

Pero no se dio por vencido: “Tenía dos opciones: echarme a morir o buscar qué hacer. Por suerte, me invitaron a desfiles, conocí a diseñadores geniales, trabajé vistiendo en desfiles, en las sesiones de fotos, hice editoriales, algunos pequeños trabajos que abren oportunidades. Fui a cada fiesta que pude, cada after party de marcas, cada desfile, para conocer gente y mostrar mi proyecto”.

Tal como cuenta a BBCL, se trata de una industria en constante cambio, pero frente a la cual no se quiere doblegar: “De un día para otro puede cambiar todo; es impredecible”.

“Mil veces me han dicho que debería raparme el pelo, probar con taparme los tatuajes con maquillaje, que así podría estar trabajando más, pero a mí no me interesan las pegas si me van a contratar por eso. No quiero ser un modelo de Shein o de retail. Me interesa hacer cosas bacanes, (no importa) si se demora un poco más y requiere más esfuerzo, hay editoriales que puedo hacer”, explicó. “Tengo mucha más seguridad en mi imagen. Ser diferente para mí pasó a ser una ventaja”, añadió.

Según Jaricch, esto no lo ha eximido de los retos de encajar en el polémico molde de la moda: “Yo venía de dedicarme al basquetbol, donde tenía un físico musculoso, más atlético; cuando entré a la moda, por ejemplo en China, la ropa no me quedaba a veces y era: ‘O pierdes peso, o te mandamos de vuelta’“.

Aunque estas presiones son frecuentes para las mujeres, de acuerdo al chileno, también ocurren con los modelos masculinos.

“Hasta el día de hoy, me pasó en Milán que mi físico está súper bien, funcionaba; llego a París y es la industria donde piden los modelos más flacos del mundo. Me pasó que llegué a un casting y me dicen: ‘Tienes que hacerte fotos con estos pantalones’ y era talla 30 de mujer; yo uso tallas pequeñas, pero esa era muy pequeña y en el closet no había otro pantalón, entonces indirectamente (te dicen) o entras en ese pantalón o no entras en la agencia“.

“Por más que uno quiera cambiar la industria, revolucionarla, hay cosas que uno no tiene la capacidad de cambiar”, reflexionó.

De Shanghái a París

Pero para Jaricch la batalla no solo ha estado en las pasarelas, sino que también fuera de ellas, al tener que adaptarse a la vida parisina.

“Está súper romantizado acá; de todas formas, es una ciudad increíble. Yo esperaba que fuera un poquito más cruda, porque es súper dificil, caro y muy competitivo, pero por otro lado, el soñador aquí está en su salsa, porque está lleno de oportunidades. Está lleno de personas buscando su sueño en un todo o nada”, se identifica.

El modelo chileno se define como un afortunado, pues ha tenido varias oportunidades, pero también ha sufrido en carne propia el ser latino: “Sin dudas hay discriminación, mucha en toda Europa, Estados Unidos, hacia los chilenos; sufrimos un montón, pero también, por el otro lado, la comunidad latina te va a abrir los brazos, te van a dar una mano. Yo tengo claro que el que me va a dar una mano no va a ser el francés, va a ser el latino”, dice tajante.

Sin embargo, pese a que recibe apoyo de otros latinos, Méndez reconoce que, al menos, en sus redes persiste la “cultura del chaqueteo”.

“Me he dado cuenta de algo triste, pero entendí que va a ser así siempre, y es que mis haters son chilenos o latinos; a la gente que no le gusta lo que estoy haciendo, se parece a mí. Eso es algo que más me han enseñado (las redes), que las cicatrices que tenemos como latinos, que seguimos viendo la belleza eurocentrista como superior”, reveló.

“Los mismos latinos o chilenos promedio no se sienten merecedores de estar en una portada de Gucci, es como ‘este hueón ordinario’, pero aquí en Europa lo ven como algo especial. Nosotros mismos nos chaqueteamos; ha sido un desafío” (sic), reflexiona.

Y esto se ha reflejado no solo en el mundo del Internet, sino que incluso le ocurrió en una visita a Chile: “Me pasó que llegué después de hacer una campaña con YSL mundial a un evento y me quitaron de la lista porque no encajaba en lo que querían. Después vi las fotos y era pura gente rubia de ojos azules, de clase alta”.

“Yo estoy recibiendo más apoyo afuera que en mi propio país, porque al final del día sigo siendo un cabro de La Florida, moreno y con tatuajes. Nuestro enemigo somos nosotros mismos“, aseveró.

No obstante, el modelo chileno es claro y se mantiene fiel a su autenticidad, lo que queda de manifiesto en el consejo que le daría al Jaricch de 22 años, cuando preparaba sus maletas para trasladarse a China: “Le diría que no se preocupe de perder su esencia, que sea auténtico, que haga lo que le inspira y no se deje influenciar por voces externas. Hay un montón de gente que se va a sentir inspirada. Las opiniones externas no significan nada cuando sabes dónde vas”.