En 2022, Fernanda Verdugo (29) se encontraba en San Pedro de Atacama, conociendo con sus propios ojos el desierto. En ese entonces, Fernanda se había tomado algunos meses de descanso, para viajar, luego de titularse como profesora de Lenguaje.
“Yo estaba en uno de mis primeros viajes, incursionando en lo que era salir de casa”, explica Verdugo en conversación con BioBioChile.
“Cuando me puse a viajar, me fue gustando más”, afirma Verdugo, que poco a poco sintió que su lugar estaba en la carretera y no en las aulas.
Hasta que un día, conoció a su pololo Lochie, que llevaba viajando hace diez años por el mundo. “Nuestra relación fue de a poquito, porque yo estaba aprendiendo inglés”, señala la talquina.
Según cuenta Verdugo, su método para financiar sus viajes es trabajar por un breve tiempo, lo justo para ahorrar lo suficiente y poder seguir viajando. Así estaba trabajando como garzona, cuando conoció al australiano en la Región de Antofagasta. Y con Lochie, como el amor empezó a florecer, ambos decidieron viajar por todo el sudeste asiático.
“Como Lochie tiene esta rutina de trabajar, juntar plata y viajar, ya conoce Asia”, explica Verdugo a la presente redacción. “Todavía estamos jóvenes, entonces queremos aprovechar esa energía para juntar más plata”, detalla.
Con esta idea en mente, la pareja se lanzó este 2026 a la ruta, que empezó en Indonesia, en la isla de Bali.
La sensación de poder viajar
Para Fernanda, viajar ha significado un proceso personal de autodescubrimiento. “Fue como encontrar una nueva identidad, porque yo no crecí de esta forma”, relata a la presente redacción.
“Nunca fui de vacaciones a una cabaña o algún hotel”, reflexiona Verdugo, sobre sus primeras experiencias viajando. “Yo no lo veía como un sueño, pero sí me daban ganas, por ejemplo, de conocer el sur, porque la familia de mi mamá es del norte. Entonces, siempre viajamos al norte”, remarca.
“Escuchaba a mis amigos que el sur era bonito, que los lagos, que los ríos y cuando salí de la U dije: ´Ya voy a ir a ver qué hay en el sur"”, rememora. “Fui a Malalcahuello en la Araucanía. Y ahí hice un voluntariado. Entonces conocía más gente que viajaba. Entonces me entró un bichito. Y de ese mismo voluntariado, me hice una amiga y nos fuimos al sur a hacer la carretera austral”.
“Me gustó bastante y fue ahí que dije: ´A ver, voy a ir a San Pedro ahora"”.
“Ahí en San Pedro empecé a conocer mucha gente que viajaba, que iba a hacer trabajos de temporada”, afirma la talquina. “Después conocí a Lochie, entonces sentía que se me empezaba a abrir la mentalidad y me gustó mucho. Fue como explorar algo superajeno a mí”, comenta Fernanda a BBCL.
“Al principio, yo creo que era supersociable, porque hacía amigos en todas partes. Yo creo que se desarrolla mucho la intuición también, porque hay que estar alerta todo el tiempo, porque igual no siempre todo es bueno. También tienes que saber reconocer dónde estar y donde no”, explica Verdugo. “Ahora con el tiempo me siento más cansada también, ya no veo a alguien y nos hacemos amigos de una. Como han pasado un par de años, quizás uno se pone más selectivo”, complementa.
Lo que encontré en el viaje por el sudeste asiático
“La religión es superdiferente a lo que nosotros aprendimos o vemos en Sudamérica. Entonces es bonito igual darse cuenta de que lo que uno aprendió no lo es todo, que no hay una única verdad”, aclara Fernanda Verdugo.
En medio de su travesía, Fernanda describe que los contratiempos, son parte de la aventura: “Para salir de Indonesia teníamos que cruzar en ferry, pero no pudimos, así que tuvimos que tomar un avión para llegar a Singapur”.
Además, agrega otra historia, de este perilo que también realizan en bicicleta. “En Indonesia era sorprendente, porque mi pololo igual es bien rubio, entonces le pedían fotos todo el tiempo, como si fuese un famoso o algo así”, cuenta Verdugo.
“Para mí, Tailandia ha sido superbonito. Tampoco es mala suerte, pero estamos en época de lluvia. Entonces, no hemos podido apreciar los colores del agua como deberíamos, porque acá son playas paradisíacas, sobre todo cuando uno va a las islas”, agrega la viajera. “Nosotros estamos moviéndonos en lugares que no son tan turísticos, porque para movernos de una ciudad a otra, tenemos que pasar por lugares más rurales, donde realmente a veces somos los únicos turistas que probablemente han estado en todo el año”.
“Acá los países son más precarios. Entonces, eso llama al ingenio”, piensa Verdugo. “Una vez vi cinco personas en una moto. Entonces, de repente ves gente que lleva un carrito donde venden comida, también llevan una lavadora o incluso sillones”.
A través de sus múltiples travesías y los lugares paradisíacos, Fernanda aclara que sus paisajes favoritos siguien siendo los chilenos. “Yo puedo estar en las playas más bonitas, pero yo veo una foto del sur de Chile, de las araucarias, de los glaciares y ahí está mi corazoncito”.
No obstante, Verdugo expresa su sorpresa por la idiosincrasia de los países que ha conocido. “En Chile, si tú tienes muchos tatuajes o piercings en la cara, el pelo de color, tú sabes de antemano que en algunos lugares no te van a dar trabajo. Por ejemplo, yo no quise ser profesora porque en ese momento no quería como uniformarme, pero en Australia eso no se ve”.
Por último, Fernanda reflexiona que atreverse a viajar, otorga una experiencia valiosa, independiente del lugar o del presupuesto. “Cuando uno ya da el paso se da cuenta que se puede viajar con poca plata, que hay gente mayor viajando, que hay gente muy joven viajando o también gente que anda sola. Después conoces más personas y te pones a viajar en grupo o en pareja, como en mi caso, que me fui una vez a trabajar y ahora viajo con mi pololo de Australia”.
“Esas cosas pasan cuando uno sale”, cree Verdugo.