Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
El músico chileno Diego Baeza, radicado en París desde 1991, destaca su pasión por la música y su trayectoria en la Escuela Normal de Música. Vive como ciudadano del mundo y valora la apertura cultural francesa. Experimentó un shock cultural al llegar a Europa y destaca la receptividad hacia los chilenos en Francia.
Diego Baeza (54) es un músico que ha vivido en sus propios términos, pues con 19 años, partió a París a estudiar guitarra clásica en el año 1991.
“El hecho de ser músico es una pasión para mí, es como una necesidad vital”, afirma en conversación con BioBioChile. Además, desde que se instaló en la capital francesa, ha publicado diversos discos con composiciones de su autoría.
“Tenía ganas de salir y de descubrir gente nueva”, señala con un aire soñador. “Yo vine para quedarme un tiempo, pero después me salieron oportunidades para hacer unos cursos”, indica Baeza.
“Después me salió la posibilidad de estudiar en París, en la Escuela Normal de Música” y desde entonces, que su vida cambió. “Llevo años en Francia, pero siento que estuviera renovando un arriendo”, comenta entre risas. “Al principio fue porque estaba estudiando, después me salieron posibilidades de pega y de hacer conciertos en hartas partes”, describe el músico a BBCL.
“Hay mayor actividad cultural en Francia, en cuanto a calidad, hay cosas que son muy buenas en Chile, yo aluciné cuando vi en Santiago la nueva de sala de conciertos de la sinfónica”, recalca el guitarrista profesional.
“Aunque como Chile es un país más pequeño, hay menos cantidad de actividades culturales, lo que lo hace más difícil a los artistas, porque los espacios no son tantos”, precisa.
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El primer shock cultural
“No tengo una noción de la vida de querer estar en un solo lugar, o sea, yo me siento muy ciudadano del mundo”, agrega Baeza. “Yo me siento parte de un todo, si se da la posibilidad de ir a otro lugar, voy a otro lugar”, remarca.
En relación a su vida en Europa occidental, Baeza cuenta que emigró después de la dictadura de Augusto Pinochet. “No fue fácil, porque veníamos saliendo de un período de muchas dificultades, en que las cosas estaban superpolarizadas en Chile”.
Cuando viajó por primera vez a Europa, el chileno también quedó impactado por el alto estándar de vida, con autopistas y trenes de primer nivel. “Fue como un cambio de planeta”, detalla. “El hecho de salir, fue bien impresionante para mí”.
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Este cambio, también lo percibió en el ámbito social. “Lo que me gustó mucho de Francia, es que cuando conversas de un tema difícil, la gente se escucha y luego entrega sus argumentos”, puntualiza el compatriota. “No había una cosa de enojarse altiro con el otro, porque no pensaban como tú”, agrega. “Había gente que no pensaba como yo y que se atrevía a decirlo, pero igual te respetan tu punto de vista”.
“Este fue mi primer shock cultural”, menciona el músico. “Entonces, eso hace que las relaciones humanas sean con mucho respeto, donde hay mucha libertad, pero también tenga una exigencia supersensata”, explica.
¿Cómo reciben a los chilenos?
Lo más difícil que vivió Diego Baeza, fue aprender el idioma y como la fonética francesa era más variada, tuvo algunas dificultades para comunicarse.
Por otro lado, tuvo una fuerte dificultad, que fue estar lejos de su familia, rememora. “En esa época uno no tenía el WhatsApp, entonces llamar por teléfono salía un ojo de la cara, por ende, la sensación de lejanía era muy grande”.
“En Francia, a los chilenos que partieron por el exilio, los recibieron muy generosamente”, recuerda Diego. “En ese entonces, había una imagen de que a los chilenos les había tocado vivir cosas muy dolorosas”, explica. “Había un sentimiento muy cercano y fraternal con los chilenos”.
En la actualidad, la situación de los inmigrantes ha cambiado, por los fuertes flujos migratorios de los habitantes de la África Subsahariana (en su mayoría argelinos y marroquíes). Además, alrededor del 13% de su población es inmigrante. “La inmigración es un tema complicado y está pasando que en muchos países se está polarizando mucho”, relata el chileno. “No es lo mismo que con los inmigrantes que vienen de las antiguas colonias de Francia, con las cuales hay una historia bastante más compleja”, señala Baeza. “Con respecto a los chilenos, hay una cosa bien amistosa”, apunta.
El lujo es un lugar simple
“En mi vida también he vivido crisis, dificultades, momentos fuertes y duros, entonces he aprendido también a darme un tiempo y a buscar lugares para recargar energías”, cuenta Diego.
“Entonces hay dos lugares, que son mis favoritos, cuando vienen amigos a Francia”, explica Baeza a BBCL.
“Hay una parte que está al norte de París, la Rue Lamarck, ubicada detrás de la Basílica de Montmartre, que es un barrio típico muy parisino”. De acuerdo con la descripción del chileno, este barrio tiene calles empinadas, sinuosas y adoquinadas que lo distinguen de toda la capital francesa. “Es un lugar muy lindo, pero que no tiene la atracción turística como el Moulin Rouge”, desliza.
“También hay otro lugar que está en el sur de París, que está detrás del Hotel de los Inválidos, que fue construido por Luis XIV y donde está la tumba de Napoleón. Detrás de este palacio, hay un boulevard chiquitito, es la Place Vauban, que es muy lindo y donde hay un restaurante”.
Respecto a estos panoramas, Baeza es categórico en definirlos. “Para mí el lujo es un lugar simple, bonito y donde no hay mucha gente”.
“París tiene lugares que están muy ligados a la historia, como la Torre Eiffel, pero que al ser tan icónicos, le quitan un poco la atracción a otros lugares más simples, donde ves la gente que vive ahí”, reflexiona.
“Lo que pasa es que uno podría pensar que los franceses son como toscos, o rudos, porque tienen cosas que no ejercemos mucho los chilenos, o sea, si se enojan te muestran el enojo y te lo dicen sin pelos en la lengua”, explica Baeza a la presente redacción.
“París es una ciudad donde hay mucha gente y uno también se va poniendo un poco áspero, porque hay mucho ruido, entonces te pones un poco distante”, piensa.
“Ahora, el cliché del parisino en Francia es que el gallo es difícil. O sea, en el norte de Francia, cerca de la frontera con Bruselas, tiene fama de que la gente es muy simpática”, complementa.
“El hecho de que no haya miedo a expresar tu genio, porque sabes que te van a respetar, te permite ser más libre”, revela Diego Baeza.
“En esta cultura viven el gusto por la conversación y de la confrotación verbal e intelectual, que es una cosa exquisita. Por otro lado, hay un gusto por querer confrontarse, es para ver que tan fuerte eres, de chiquitito les enseñan a dar su punto de vista”, reflexiona Baeza. “Si tu existes y eres alguien, es porque tienes tu punto de vista”, concluye.
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