Una buena política de infraestructura no siempre se mide por los kilómetros construidos o por el tamaño de una nueva obra. A veces, un avance significativo está en lograr que las inversiones que ya hemos realizado funcionen mejor y sean más útiles para las personas, ya que estamos hablando de servicios de infraestructura.

Un buen ejemplo, es la integración tarifaria del transporte público de Santiago. Hoy, una persona puede combinar buses, Metro y Tren Alameda-Nos utilizando la Tarjeta bip!, dentro de un sistema que permite realizar transbordos con una tarifa integrada. Puede parecer algo sencillo, pero detrás de esta posibilidad existe un importante esfuerzo de coordinación institucional, tecnológica y operacional.

La incorporación del Tren Alameda-Nos a esta lógica ha sido especialmente relevante. El ferrocarril deja de ser un sistema aislado y pasa a formar parte de una red de movilidad que permite conectar comunas y territorios con otros modos de transporte. Este tipo de integración aumenta el valor de las inversiones realizadas y facilita que las personas puedan acceder a más oportunidades de la ciudad. Es, en definitiva, hacer que distintas infraestructuras funcionen como una sola red.

También es destacable que durante este año se hayan incorporado nuevas alternativas de pago en la red incluyendo tarjetas bancarias, ampliando las posibilidades para los usuarios. Son avances que muestran cómo la infraestructura puede seguir mejorando incluso después de construida.

Esta es una buena señal para los proyectos que vienen. El Teleférico Bicentenario, el que unirá Providencia y Huechuraba, será una nueva pieza de la movilidad de Santiago, reduciendo significativamente los tiempos de viaje. Está previsto que el proyecto comience a operar durante el primer semestre del 2027.

En este sentido, sería importante que desde su puesta en marcha pueda integrarse plenamente al sistema de transporte público y a sus mecanismos de pago, de manera que para las personas utilizar el teleférico sea tan sencillo como combinar hoy metro, buses y Tren Alameda-Nos, usando los medios de pago ya existentes.

Chile ha avanzado en esta dirección y corresponde reconocer ese esfuerzo acumulativo. La infraestructura es una política de Estado precisamente porque sus proyectos requieren años de planificación, inversión y ejecución, y porque los avances de cada gobierno —sean físicos, administrativos, financieros o regulatorios— permiten que las obras lleguen finalmente a las personas. Dar continuidad a ese proceso es parte esencial de cómo construimos infraestructura para el largo plazo.

El desafío de los próximos gobiernos será seguir profundizando esa integración, incorporando cada nueva inversión a una red cada vez más conectada y simple de utilizar. Porque cuando distintas inversiones logran funcionar como una sola red, no solo se mueve mejor la ciudad: también se amplían las oportunidades de las personas.

Antonia Bordas
Geógrafa y asesora Consejo Políticas Infraestructura

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