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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La presencia de artistas y vendedores ambulantes en el Metro de Santiago ha generado controversia, con usuarios denunciando estas actividades prohibidas en el transporte público y exigiendo explicaciones. Expertos señalan que estas intervenciones reflejan tensiones sociales en Chile, incluyendo altos niveles de desempleo y problemas de salud mental. Metro de Santiago ha neutralizado más de 670 espectáculos no autorizados en 2026, citando preocupaciones de seguridad y bienestar de los pasajeros.

¿Te molestan las intervenciones de músicos en el Metro? ¿Sientes impaciencia, agotamiento o intranquilidad cada vez que un artista ofrece su espectáculo en un vagón? ¿Experimentas, luego, culpa por estas sensaciones?

Se trata de uno de los problemas aún no resueltos de los trenes urbanos en Chile: la presencia no sólo de ambulantes en sus vagones, sino también de artistas que ofrecen una presentación a cambio de dinero. En redes sociales, lo que antes parecía norma mutó a motivo de molestia, con usuarios denunciando esta práctica prohibida en el transporte público y exigiendo explicaciones.

Una de las escenas más recientes y recordadas al respecto fue protagonizada por un adulto mayor, en abril de 2023, quien tuvo que taparse con las dos manos sus oídos para esquivar el sonido del artista de turno (el hombre lleva audífonos ortopédicos, lo que multiplicaba la molestia sonora).

Ese mismo año, el tema escaló aún más cuando se viralizaron videos de un violinista interpretando reguetón en un vagón, causando un espontáneo cuerpo de baile entre los pasajeros que también dejó críticas (y usuarios abandonando el tren).

Este año, en junio, sin embargo, el tema volvió a la palestra cuando una usuaria de TikTok compartió un video que resumía su semana de viajes/espectáculos en la Línea 2 de Metro. El recuento era variopinto: desde exponentes de breakdance (b-boys) hasta freestylers y homenajes a Mon Laferte, sin mencionar los vendedores ambulantes.

Para la socióloga Alejandra Energici, académica de la Universidad Andrés Bello, estas secuencias de artistas y público descontento retratan un fenómeno multifactorial que refleja un momento de la sociedad chilena. “Parte de este fenómeno de gente subiéndose a cantar tiene que ver con la cesantía y la búsqueda de trabajo”, plantea. Para comprenderlo, afirma, se requiere mirar más allá de la experiencia cotidiana y considerar los procesos sociales que lo explican.

Desempleo y salud mental

De acuerdo al último informe del Instituto Nacional de Estadísticas de Chile (INE), publicado ayer viernes, la tasa de desocupación en Chile se ubicó en9,4% durante el trimestre abril-junio de 2026, tal como en el trimestre móvil anterior (marzo-mayo), manteniendo así el máximo nivel de los últimos cinco años con un índice de informalidad del 27,0%.

En la Región Metropolitana, en tanto, el desempleo disminuyó 0,1% en doce meses, pasando del 9,8% al 9,4% en el actual trimestre móvil. En las mujeres, en tanto, la tasa de desocupación alcanzó 10,4%, incrementando 0,5% en el mismo período. En los hombres, llegó al 8,7% (0,6% más que hace un año).

El INE también precisó que en doce meses la estimación del total de personas ocupadas creció 0,9%, incidida tanto por las mujeres (1,7%) como por los hombres (0,3%).

En relación a la salud mental, los números no son más alentadores. De acuerdo al último estudio Termómetro de Salud Mental Achs-UC, un 12.7% de la población urbana adulta reporta problemas generales activos de este tipo.

El mismo informe detalla que 7 de cada 10 personas que presentan signos de depresión o ansiedad no perciben la necesidad de tratarse, a pesar de que el 80% de quienes sí consultan reportan mejoras significativas en su bienestar.

Para Energici, las reacciones negativas a expresiones artísticas en lugares como el metro no solo responden al ruido o a la interrupción de un viaje, sino también a las tensiones propias de una sociedad que enfrenta cambios culturales y nuevas formas de convivencia en los espacios públicos.

La socióloga propone que las transformaciones demográficas experimentadas durante los últimos años también influyen en la forma en que estas expresiones son percibidas por la ciudadanía. “Hay un choque cultural”, sostiene.

Rocío Almendra, psicóloga y docente universitaria, sugiere que para entrar en este tema primero debemos considerar el concepto de disonancia cognitiva.

“Muchas personas sienten culpa por molestarse con los artistas del Metro porque viven un conflicto interno. Por un lado, empatizan con quienes probablemente están buscando una forma de generar ingresos, pero al mismo tiempo, llegan al transporte público cansados y necesitan un espacio tranquilo. En psicología social, esto se conoce como disonancia cognitiva, donde dos emociones que suelen ser contradictorias pueden coexistir sin que eso nos haga menos empáticos”.

Para Almendras, el metro “no sólo es un medio de transporte, sino que también cumple una función psicológica y social, debido a que, para muchas personas, representa un espacio de transición entre las exigencias del trabajo y la vida personal, uno de los pocos momentos de pausa y regulación emocional que tienen durante el día”.

Almendras continúa: “En una sociedad marcada por largas jornadas (laborales), tiempos de traslado extensos y altos niveles de estrés, es comprensible que ese espacio sea vivido como un lugar de descanso. Quizás este debate nos habla menos de los artistas y más de la sociedad que hemos construido, una donde las personas necesitan cantar para generar ingresos y otras necesitan encontrar unos minutos de silencio para recuperar energías”.

Músicos en el Metro: “Dentro de un vagón, el pasajero tiene pocas posibilidades de tomar distancia”

¿Está mal, entonces, sentir culpa por experimentar rechazo a, por ejemplo, una intervención musical en el metro? La respuesta es de Alejandra Energici: “Si sentimos culpa, probablemente es porque hay algún componente, yo diría, racista o clasista. Si es un rechazo desde las tensiones sociales que nos afligen, yo creo que sí, pero no en el sentido de los choques culturales, sino más bien tiene que ver con una sociedad que está tremendamente cansada: gente que está sobredemandada”, explica en diálogo con BioBioChile.

“El otro día veía un estudio sobre la calidad del sueño. Chile es de los países con la peor calidad de sueño del mundo. Entonces, la gente está muy cansada y ese es un fenómeno social, no individual, porque tenemos vidas muy demandantes. En el caso de las mujeres, esto va con la suma del trabajo de cuidado con trabajo remunerado. Es un fenómeno social sin ninguna duda”, añade.

Pero, ¿sería distinta nuestra reacción general si estuviesen resueltos ciertos temas pendientes de salud mental? De acuerdo a la socióloga, “probablemente si tuviésemos una salud mental más tratada, quizás seríamos seres más dispuestos a la música, al baile, a esas instancias de descanso, pero que requieren también de cierta energía, sobre todo para gente que es más introvertida”, apunta.

Angélica Bastías, académica del Centro de Atención Psicológica (CAPSI) de la UNAB, presenta un matiz. “Primero, habría que pensar si estas intervenciones producen necesariamente rechazo”, sentencia de entrada.

“La experiencia puede ser bastante diversa: a veces un espectáculo musical resulta agradable, saca una sonrisa o incluso recibe aplausos; en otras ocasiones puede generar incomodidad. La culpa podría aparecer cuando la persona interpreta ese malestar como una falta de empatía o siente que no está considerando que el artista probablemente está allí intentando ganarse la vida. Sin embargo, reconocer esa realidad no obliga a disfrutar de la intervención ni invalida la necesidad de silencio o tranquilidad durante el viaje”, grafica a BioBioChile.

Sobre el rechazo a estos espectáculos, plantea que “es posible que estas reacciones expresen algo de las tensiones y del malestar presentes en nuestra vida cotidiana. Muchos pasajeros vienen de extensas jornadas laborales y se desplazan en espacios reducidos, congestionados y con un nivel de ruido que ya puede resultar estresante. Probablemente, si existieran mejores condiciones generales de bienestar, habría una mayor disposición hacia este tipo de estímulos”.

“Por lo tanto, es importante no psicologizar una realidad que también se relaciona con condiciones compartidas de trabajo, transporte y vida en la ciudad”, sugiere.

“La audición tiene una particularidad: no podemos dejar de escuchar con la misma facilidad con que podemos cerrar los ojos para no ver”, sostiene. “Dentro de un vagón, además, el pasajero tiene pocas posibilidades de tomar distancia. Por eso son importantes la regulación del volumen, la duración y los espacios destinados a estas expresiones, considerando también a personas con sensibilidad sensorial o una especial sensibilidad frente a los sonidos”, agrega.

Metro: “Durante 2026, se han concretado más de 670 neutralizaciones de espectáculos públicos no autorizados en la red”

Consultados por BioBioChile, desde Metro de Santiago explicaron cómo se está abordando la presencia de este tipo de espectáculos prohibidos en los vagones capitalinos. “Las intervenciones musicales no están autorizadas en la red de Metro, ya que afectan la convivencia, pueden generar molestias a los pasajeros e interferir con las condiciones normales de operación del servicio”, se lee en una declaración entregada a este medio.

“Además de las molestias que pueden generar, estas actividades pueden representar un riesgo para la seguridad. Debido a las frenadas y aceleraciones propias de la operación, instrumentos y parlantes pueden desplazarse o golpear a los pasajeros. Asimismo, los altos niveles de ruido pueden afectar especialmente a bebés, adultos mayores, personas que viajan leyendo y familias con niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), al alterar las condiciones habituales de su viaje”, agregan

“Metro despliega diariamente equipos de seguridad en estaciones y trenes para detectar estas situaciones, solicitar el retiro de quienes las realizan y coordinar procedimientos con Carabineros cuando corresponde. Durante 2026, se han concretado más de 670 neutralizaciones de espectáculos públicos no autorizados en la red“, aseguran.

“Combatir este fenómeno también requiere de la colaboración de los usuarios”, afirman. Sobre la entrega de dinero de parte de usuarios, puntualizan: “La entrega de dinero contribuye a que estas actividades se mantengan, por lo que hacemos un llamado a no financiarlas y a reportarlas oportunamente a nuestros equipos en estaciones y trenes”.