Una grave revelación volvió a sacudir a la Iglesia española. Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife fallecido en 2025, reconoció en una reunión con Ciro Molina —víctima de abusos sexuales al interior de la Iglesia— que el obispado protegió al sacerdote acusado por su familia en 2004.

La conversación que se dio en 2024, un año antes que el obispo falleciera, quedó registrada en una grabación que Molina presentó ante la Fiscalía Provincial de Santa Cruz de Tenerife y ante la Comisión de Protección de Menores del Vaticano, con el objetivo de que se investigue el eventual encubrimiento de su caso. De hecho, fuentes vaticanas confirmaron que esas grabaciones están en su poder.

En el registro, publicado por El País, Álvarez relata cómo actuó la diócesis tras la denuncia inicial contra el llamado padre Carmelo. “En aquella época, la costumbre era cambiar al sacerdote de sitio”, se escucha decir al exobispo. Luego añade: “Estuvo un año en Salamanca haciendo una especie de reciclaje y demás. Y cuando regresa, lo pone de capellán en el asilo”.

Según el relato, la familia de Molina denunció los abusos en 2004 al entonces obispo Felipe Fernández. Sin embargo, no se tomaron medidas efectivas. Álvarez, que en ese momento era vicario general, asumió como obispo un año más tarde, en 2005, y recién abrió un proceso canónico en 2014, cuando la víctima acudió a la justicia civil y el delito ya había prescrito.

Las palabras del Obispo para justificar abusos en la iglesia

La grabación también muestra uno de los momentos más polémicos del encuentro. Cuando Molina cuestionó antiguas declaraciones públicas del exobispo, Álvarez se reafirmó en una visión que generó indignación.

Obispo: “Tengo experiencia de eso, como sacerdote: chicas y chicos de 13 o 14 años que me han provocado”.

Víctima: “Pero los niños no provocan, Bernardo”.

Obispo: “No, no, no, no, no…”.

Víctima: “Es al revés. Es una visión adultocéntrica. Los niños no provocan. ¿Tú te crees que Carmelo me hacía eso porque yo le provocaba? Eso no se puede decir”.

Acusación de “Montaje”

Molina denunció que los abusos comenzaron en 1997, cuando tenía entre 9 y 10 años, y se extendieron hasta 2003. En 2022, al destaparse el caso, relató lo vivido: “Cuando nos confesaba, se dedicaba a tocarnos, a mí incluso me dio un beso en la boca, y nos preguntaba por si nos masturbábamos. Te acariciaba, a uno le metió la mano en el pantalón. Ninguno de los monaguillos quería ir a casa del cura”, contó entonces el afectado.

La víctima también recordó el impacto que tuvo denunciar. “El daño que ha sufrido mi familia: ¿cómo se repara eso? ¿No van a reconocer nunca públicamente que eso pasó y no van a pedir perdón?”, le planteó a Álvarez durante la reunión. Según el relato, el exobispo guardó silencio o respondió con reproches. En un momento, incluso le dijo: “Lo que tenías que haber hecho, cuando yo fui nombrado obispo (2005), era haber venido”.

El exobispo incluso cuestionó la exposición pública que hizo Molina de su caso, en especial cuando intervino ante el pleno del Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna para exigir una condena institucional y pedir simbólicamente su salida del cargo.

En esa ocasión, la víctima expresó: “¿Qué es necesario para que este pleno condene sin ningún tipo de tibieza, por supuesto al sacerdote que cometió estas atrocidades, pero de manera similar, a quienes no pusieron remedio a tal tropelía?”. Álvarez calificó después ese episodio como “un montaje”.

La grabación también recoge otra afirmación controvertida del religioso sobre los abusos a menores:

Obispo: “El 80% de los que han abusado de menores son homosexuales”.

Víctima: “Pero Bernardo, un homosexual se acuesta con uno de su edad o por lo menos con alguien que no sea menor. El que abusa de un niño no es porque sea homosexual. El que abusa de un niño lo hace porque tiene una patología”.

En paralelo, fuentes vaticanas confirmaron que las grabaciones están en poder de la Santa Sede. En tanto el sacerdota denunciado fue suspendido en 2014, cuando Ciro Molina presentó nuevamente la denuncia ane el obispado, sin embargo, el procedimiento no llegó a término, ya que el acusado solicitó la dispensa para abandonar el sacerdocio. Tras ello, dejó los hábitos y rehízo su vida.