Sociedad
S√°bado 08 septiembre de 2018 | Publicado a las 12:19
El cruel castigo de la resistencia francesa a las mujeres que tuvieron sexo con nazis
Publicado por: Leonardo Granadillo
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Cada vez son m√°s las historias que salen a la luz sobre las despiadadas pr√°cticas posguerra que se llevaban a cabo en toda Europa. La Alemania nazi no solamente hizo da√Īo por s√≠ misma, sino que tambi√©n dej√≥ secuelas importantes en los pa√≠ses que invadi√≥.

Francia fue una de las v√≠ctimas de Hitler y su ej√©rcito, un pa√≠s en el cual el F√ľhrer permiti√≥ a sus hombres estar con las trabajadoras sexuales.

Si bien la teor√≠a de Adolf Hitler respecto a las meretrices, seg√ļn el diario espa√Īol ABC, era que “son sujetos asociales (similares a los criminales) que llevaban decadencia a la raza aria”, parece que esta fue la √ļnica ideolog√≠a que no compart√≠an sus hombres, convirtiendo a Francia en uno de sus prost√≠bulos preferidos.

En junio de 1940, en París se vivía una época de desesperación y frustración, el ejército galo fue superado por la Alemania nazi y la moral del pueblo estaba por los suelos. No obstante, un grupo de hombres y mujeres pensaban muy distinto, ese grupo fue la Resistencia Francesa, la que mantenía viva la esperanza.

El país se vio obligado a adaptarse a un nuevo estilo de vida, algunos mantenían sus empleos, algunos de ellos con nuevos clientes, como las prostitutas de la época, que no tuvieron otra opción que ofrecer sus servicios al enemigo.

Imagen histórica
Imagen histórica

En Berl√≠n estas bajezas estaban prohibidas. Hab√≠a una ley desde 1927, que seg√ļn el historiador Patrick Buisson, prohib√≠a los burdeles obligando a las meretrices a pasar por fuertes controles m√©dicos. Los nazis eran tan meticulosos que consideraban que la contaminaci√≥n por s√≠filis se deb√≠a castigar con castraci√≥n, por lo que los soldados alemanes prefer√≠an acudir a pa√≠ses como Francia.

Un negocio lucrativo

Al comienzo, por incertidumbre, los burdeles estaban casi vac√≠os, luego el negocio creci√≥ lleno de mujeres que quer√≠an mejorar su calidad de vida y sobrevivir. “La oferta de prostituci√≥n estaba lejos de responder, en los primeros d√≠as, a las necesidades del ej√©rcito alem√°n. De las cuatro mil ochocientas muchachas que hab√≠a en las calles parisinas antes del 10 de mayo, menos de la mitad se mantuvieron en su puesto de trabajo. Lo mismo pas√≥ con los burdeles y las casas de reuni√≥n, que se estimaron antes de la guerra en algo menos de dos mil”, relat√≥ Buisson.

M√°s de 10.000 mujeres se convirtieron en prostitutas en tiempos de guerra, todas estas ‚Äėatend√≠an‚Äô a clientes que humillaban a su pueblo, lo cual fue visto como una gran traici√≥n, tendr√≠a sus consecuencias y lo pagar√≠an caro.

La venganza

Fue la era dorada de la prostituci√≥n en Francia y se mantendr√≠a as√≠ por cuatro a√Īos, pero cuando la guerra hab√≠a culminado, los galos recobraron su autonom√≠a y las tropas alemanas se tuvieron que marchar, a partir de entonces las meretrices sufrieron todo tipo de barbaridades.

El popular historiador¬†Antony Beevor¬†en su investigaci√≥n llamada Un feo carnaval, se√Īala que tras ser capturadas, las mujeres eran¬†rapadas al cero¬†y¬†golpeadas¬†en plena calle por el pueblo.

Las Femmes tondues (mujeres afeitadas) como se les conoc√≠a fueron ‚Äėmarcadas‚Äô con este s√≠mbolo de verg√ľenza que las identificaba y les quitaba una de sus caracter√≠sticas m√°s seductoras, el cabello. Por si fuera poco tambi√©n met√≠an a las chicas en camiones descubiertos pase√°ndolas por toda la ciudad con la esv√°stica nazi y embadurnadas con alquitr√°n.

Unas 20.000 mujeres fueron afeitadas, algunas de ellas resultaron asesinadas a golpes. El mismo Jock Coleville (secretario personal de Winston Churchill) afirm√≥ ser testigo una imagen dif√≠cil de olvidar: ‚ÄúObserv√© el paso de un cami√≥n abierto, al que acompa√Īaban los abucheos del pueblo franc√©s, con una docena de mujeres miserables en la parte de atr√°s. Ten√≠an todo el vello de la cabeza rapado. Estaban llorando y agachaban la cabeza con verg√ľenza‚ÄĚ.

Castigos fuertes estilo Edad Media que no tenían distinción, donde no se preguntaba antes si alguna de estas mujeres no podía mantener a sus hijos de otra forma o si existía alguna razón mayor, la traición de la época se pago con la misma moneda que pagaban los alemanes, sin piedad.

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