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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Los mosquitos están desarrollando resistencia a los insecticidas, lo que dificulta el combate de enfermedades como la malaria. Investigaciones muestran que los mosquitos pueden aumentar sus defensas celulares y adquirir mutaciones genéticas para reducir el efecto de los productos destinados a controlarlos. En India, un estudio reveló que los mosquitos mostraron una mortalidad del 97,9% ante un insecticida, por debajo del 98% considerado como límite por la OMS para investigar resistencia. La resistencia se propaga rápidamente debido a los ciclos de vida cortos de los mosquitos. En una investigación en Carolina del Norte, el 39% de una población de mosquito tigre presentó una mutación genética resistente a los insecticidas. Se advierte que fumigar con frecuencia podría contribuir al problema, y es necesario conservar poblaciones susceptibles.

Los zancudos o mosquitos están desarrollando mecanismos que les permiten sobrevivir a insecticidas utilizados durante décadas. Investigaciones recientes muestran que estos insectos pueden aumentar sus defensas celulares y adquirir mutaciones genéticas capaces de reducir el efecto de productos destinados a controlarlos.

El fenómeno podría dificultar el combate de enfermedades como la malaria, cuyos casos alcanzaron un mínimo histórico en 2015, pero desde entonces se han mantenido estables. Aunque parte de este cambio se atribuye a la expansión de zancudos hacia nuevas latitudes por el cambio climático, la pérdida de eficacia de los insecticidas también genera preocupación.

Un equipo encabezado por Sarita Kumar, profesora del Departamento de Zoología de la Universidad de Nueva Delhi, estudió en India la respuesta de los mosquitos a la α-cipermetrina, un insecticida empleado en distintos países, recoge El País.

El poder de los zancudos

En la zona analizada, el producto provocó una mortalidad del 97,9%, cifra inferior al 98% que utiliza la Organización Mundial de la Salud (OMS) como límite para investigar una posible resistencia.

Según explicó Kumar: “Los mosquitos que sobrevivieron a la exposición al insecticida mostraron un aumento en la actividad de las enzimas de desintoxicación”. Cuando el insecticida ingresa al organismo del mosquito, activa una alarma celular que intensifica la producción de proteínas defensivas.

El uso repetido de un mismo producto favorece que los ejemplares con mayor resistencia sobrevivan, se reproduzcan y transmitan esa capacidad a sus descendientes. Incluso una supervivencia cercana al 3% puede multiplicarse de forma acelerada en pocos años.

“Los mosquitos tienen ciclos de vida cortos y poblaciones numerosas, lo que permite que los rasgos beneficiosos se propaguen rápidamente cuando se utilizan siempre los mismos insecticidas”, señaló Kumar. Distintos niveles de resistencia a la α-cipermetrina también han sido detectados en México, Ecuador, Perú y Colombia.

Cómo los zancudos ganan la batalla a los insecticidas: Una mutación que se extendió en pocos años

Otra investigación, desarrollada por la Universidad de Carolina del Norte, siguió entre 2016 y 2024 a una población local de mosquito tigre. Los primeros ejemplares resistentes a los piretroides, otro tipo de insecticida, aparecieron después de 2018. Para 2024, el 39% de la población estudiada ya presentaba una mutación genética que ayudaba a neutralizar sus efectos.

La resistencia fue mayor en sectores con más recursos, donde presumiblemente se realizan fumigaciones domésticas con mayor frecuencia.

Martha Burford Reiskind, bióloga de la Universidad de California y autora principal del estudio, advirtió que quienes fumigan sus jardines para reducir las picaduras podrían estar contribuyendo al problema. A su juicio, es necesario conservar poblaciones susceptibles a los insecticidas para poder controlarlas ante un eventual brote de enfermedad.

También existen indicios de adaptación a los repelentes. En un experimento de laboratorio, más del 60% de los zancudos entrenados prefirió piel tratada con DEET, un tipo de repelente, antes que piel limpia, al asociar su olor con la posibilidad de alimentarse.

Los investigadores aclararon que este comportamiento se produjo bajo condiciones específicas y que es poco probable que ocurra de igual forma en la naturaleza. Sin embargo, el resultado vuelve a demostrar la capacidad de adaptación y aprendizaje que convierte a los zancudos en adversarios cada vez más difíciles de controlar.