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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Aunque una joya plateada puede parecer plata 925, su composición y durabilidad varían: algunas piezas solo tienen un baño superficial y otras podrían contener metales tóxicos como cadmio. La plata 925 está compuesta por 92,5% de plata, pero el sello también puede falsificarse. Expertos recomiendan revisar la procedencia, consultar por el metal base y desconfiar de precios demasiado bajos. Pruebas caseras como el imán o el hielo no certifican su autenticidad; solo un análisis especializado determina su composición.

A simple vista, las diferencias pueden ser prácticamente imperceptibles. Una joya de plata 925, una pieza bañada en plata y un accesorio metálico con acabado plateado pueden verse iguales cuando están nuevos. Sin embargo, su composición, durabilidad y valor son completamente distintos.

La preocupación cobró relevancia luego de conocerse casos internacionales de accesorios comercializados a través de grandes plataformas digitales como si fueran de plata, pero que contenían cadmio, un metal pesado tóxico que puede acumularse en el organismo. El riesgo adquiere especial importancia cuando se trata de productos utilizados durante periodos prolongados o de accesorios destinados a niños, quienes pueden llevarlos a la boca.

El problema es que estas piezas no incluyen una lista de ingredientes y tampoco pueden identificarse por su apariencia. Generalmente, el metal base queda oculto bajo un baño dorado, plateado o cromado que comienza a desaparecer con el uso.

“Una pieza de color plateado no necesariamente es de plata. Puede estar hecha de otro metal y tener apenas un recubrimiento superficial de ese tono. Cuando se trata de un baño de plata, esa capa puede ser de solo una micra, es decir, una milésima de milímetro, mucho más delgada que un cabello. Al desgastarse, queda expuesto el material que está debajo. Por eso es importante saber de qué está fabricada la pieza y no guiarse únicamente por su apariencia”, explica Juan Carlos Cano, gerente comercial de Aurus Joyería.

¿Qué significa realmente que una joya sea plata 925?

La plata 925, también conocida como plata Sterling, contiene un 92,5% de plata fina y un 7,5% de otros metales, normalmente cobre. Esta aleación permite aumentar su resistencia, ya que la plata pura es demasiado blanda para fabricar muchas de las piezas utilizadas diariamente.

En una joya auténtica de plata 925, la aleación se encuentra en todo el cuerpo de la pieza. En cambio, un accesorio bañado en plata posee un metal base —que puede ser cobre, bronce o alpaca— cubierto solamente por una capa superficial de plata. La bisutería de apariencia plateada puede no contener plata en absoluto.

Aunque el grabado “925” constituye una señal favorable, tampoco entrega una garantía absoluta.

“Grabar ese número sobre una pieza metálica es muy sencillo y, por lo tanto, también puede falsificarse. No recomendaría comprar una joya basándose únicamente en el sello. La procedencia, el respaldo del vendedor y una descripción clara del material son igualmente importantes”, advierte Cano.

Un precio demasiado bajo también puede ser una señal

Como la plata posee un valor internacional, el precio final de una joya considera no solo el metal, sino también su fabricación, mano de obra, terminaciones, impuestos y comercialización. Por eso, un collar grande y pesado ofrecido como plata 925 a un valor similar al de una bisutería debería, al menos, despertar dudas.

Esto no significa que toda pieza económica sea falsa o peligrosa, ni que pagar un precio elevado asegure su autenticidad. Se trata de observar el conjunto de antecedentes y desconfiar de ofertas que parecen demasiado buenas para ser ciertas.

Antes de comprar, el consumidor debería preguntar si la pieza es de plata 925 en todo su cuerpo, si solo posee un baño de plata, cuál es su metal base y qué garantía ofrece el vendedor. Una joyería establecida, una empresa identificable o un orfebre que firma su trabajo deben poder responder estas preguntas con claridad.

El imán y el hielo no entregan una respuesta definitiva

En redes sociales circulan numerosos métodos para comprobar la autenticidad de una joya, desde acercarle un imán hasta colocar hielo sobre su superficie. Si bien algunas pruebas pueden entregar pistas, ninguna permite certificar por sí sola que una pieza sea de plata 925.

La plata, por ejemplo, no debería quedar fuertemente adherida a un imán. Sin embargo, muchos otros metales tampoco son magnéticos. Algo similar ocurre con el hielo; por ejemplo, la plata conduce el calor con rapidez, pero el tamaño, el grosor, la temperatura ambiente y la presencia de otras aleaciones pueden modificar el resultado.

La única forma de conocer con precisión la composición de una pieza es mediante un análisis especializado.