Llega el calor, sinónimo para muchos de vacaciones y días de playa, pero también suele ser el momento del año donde muchos buscan compensar meses de sedentarismo con el objetivo de ponerse en forma en pocas semanas.
Sin embargo, esto puede terminar siendo contraproducente.
Resulta que uno de los errores más frecuentes en estas fechas es intentar recuperar en poco tiempo el estado físico perdido durante meses de sedentarismo, entrenando de manera abrupta, exigiéndose más de lo necesario o recurriendo a dietas restrictivas. Esto, ya que aumentar excesivamente la intensidad o la frecuencia del entrenamiento, sin una adaptación progresiva, puede provocar molestias, lesiones y fatiga, dificultando incluso la continuidad de la actividad física.
Los errores más frecuentes durante la “operación verano”
“Uno de los principales errores es querer hacer todo de inmediato. El cuerpo necesita un proceso de adaptación, especialmente cuando una persona lleva tiempo sin entrenar”, explica Simón Meza, kinesiólogo de Sportlife.
Por el contrario, lo recomendable es comenzar con una rutina acorde a la condición física de cada persona e ir aumentando progresivamente la carga, la intensidad y la frecuencia.
Otro error habitual es concentrarse únicamente en el ejercicio cardiovascular o realizar rutinas que prometen resultados rápidos, dejando de lado el entrenamiento de fuerza, la recuperación y el descanso.
Para lograr una mejor condición física, los especialistas recomiendan combinar distintas modalidades de ejercicio y mantener una planificación equilibrada.
“Muchas personas llegan con la idea de que entrenar más horas o hacer ejercicios de alta intensidad todos los días les permitirá alcanzar sus objetivos más rápido”, señala Esteban Estrada, líder fitness de Sportlife.
Para el experto, lo importante es tener una planificación, respetar los tiempos de recuperación y trabajar de manera consistente. La clave está en construir hábitos que se puedan mantener en el tiempo.
A esto se suma la expectativa de obtener cambios físicos en pocas semanas, lo que puede generar frustración cuando los resultados no aparecen al ritmo esperado. Los especialistas enfatizan que cada persona tiene un punto de partida diferente y que el progreso depende de factores como la condición física, la alimentación, el descanso y la regularidad del entrenamiento.
Por eso, de cara al verano, la recomendación es evitar las medidas extremas y priorizar objetivos realistas, con rutinas adaptadas a las necesidades individuales y acompañamiento profesional cuando sea necesario.
Más que una carrera contra el tiempo, comenzar a entrenar en esta época puede ser una oportunidad para incorporar hábitos saludables que se mantengan durante todo el año. La constancia, la progresión y una planificación adecuada son fundamentales para mejorar la condición física y disfrutar de los beneficios del ejercicio de manera segura.