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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El patólogo australiano Richard Scolyer, conocido por lograr tratar su melanoma cerebral con un tratamiento experimental que él mismo desarrolló, falleció. El investigador logró extirpar el melanoma con éxito y se mantuvo sin cáncer durante un tiempo, alargando su esperanza de vida, pero la enfermedad regresó y empeoró en marzo de este año.

Este fin de semana se conoció la muerte de Richard Scolyer, el patólogo australiano que en 2024 hizo noticia mundial tras desarrollar un novedoso tratamiento con el que curó temporalmente su propio cáncer, un agresivo melanoma cerebral.

Scolyer descubrió que tenía un tumor después de haber sufrido una convulsión en julio de 2023, mientras se encontraba en un viaje en Polonia. El diagnóstico fue un subtipo de glioblastoma.

Este tipo de cáncer puede formarse en el cerebro o en la médula espinal a partir de células del tejido cerebral. Es el más común en adultos y se caracteriza por ser de crecimiento rápido y agresivo.

Tiene una muy alta mortalidad, pero Scolyer llevaba varios años trabajando en una investigación sobre el melanoma junto a su colega Georgina Long. Cuando supo de su diagnóstico, decidió ser el primer paciente del mundo en someterse a este tratamiento experimental, y tuvo éxito.

Resulta que los glioblastomas, al ser tan agresivos, suelen tratarse con extirpación inmediata y luego radioterapia y quimioterapia, pero Scolyer y Long probaron un método diferente. Esto porque habían descubierto que la inmunoterapia podía funcionar mejor si se aplicaba antes de la cirugía.

Con el riesgo de perder valioso tiempo de su esperanza de vida, Scolyer puso a prueba estos hallazgos y recibió inmunoterapia combinada con fármacos antes de extirpar el melanoma. Un año después de la cirugía, el cáncer no había regresado.

El patólogo no lo llamó una “cura”, porque seguía existiendo la posibilidad de que el cáncer regresara, pero en los últimos años su método ayudó a pacientes de todo el mundo a alargar su esperanza de vida, y fue nombrado “Australiano del Año” en 2024 junto a su colega Long.

Scolyer siguió trabajando en la innovadora terapia, pero tiempo después el glioblastoma regresó y en marzo de este año supo que la enfermedad estaba empeorando.

“Parece haber un mayor avance de mi tumor cerebral (glioblastoma) que afecta el funcionamiento cerebral (como yo y unos pocos amigos cercanos podemos sentir/ver)”, explicó en su último tweet.

“Aunque es un poco decepcionante, en el panorama general no es el fin del camino y ¡tengo más por hacer! Amo y disfruto los desafíos. Ciertamente no me he detenido aún. Con suerte podré compartir más momentos especiales con la familia y amigos, y seguir abogando por los pacientes con cáncer”, dijo entonces.

La carta de despedida de Richard Scolyer

Tras su deceso, Scolyer dejó publicada una carta de despedida en su perfil de Instagram, donde se dirige a todo el país y agradece a su familia.

También hace un llamado a sus colegas a seguir perseverando en estas terapias, a los pacientes a participar de estos ensayos clínicos y al gobierno, para continuar financiando las investigaciones médicas.

“Mis compatriotas australianos:

Escribo esta carta como una despedida final para todos aquellos a quienes he tenido el inmenso privilegio de amar, con quienes he compartido las aventuras de la vida, junto a quienes he trabajado y a quienes he conocido durante una existencia que solo puede describirse como una vida llena de felicidad, optimismo, oportunidades y pasión.

Mi intención es que esta carta sea publicada tras mi fallecimiento como mi último adiós.

Nunca podré agradecer lo suficiente a mi maravillosa esposa, Katie, ni a mis queridos hijos, Emily, Matthew y Lucy, por su amor, su apoyo, su fortaleza y su compasión.

Ellos son ejemplos brillantes de lo mejor de la humanidad y me llenan de un inmenso orgullo.

A mis colegas de investigación y del ámbito clínico, les ruego que sigan siendo curiosos y valientes, y que continúen esforzándose por abrir nuevos caminos.

A todos los pacientes con cáncer, los animo a considerar participar en investigaciones y ensayos clínicos cuando tengan la oportunidad de hacerlo.

Y al gobierno y a la comunidad en general, les pido que sigan financiando la ciencia y la investigación médica. Esta es la forma más significativa en que ustedes también pueden marcar la diferencia.

Quizás la mayor lección que nos han dejado estos últimos tres años es que el cáncer no nos define. Puede que sea el camino que estamos recorriendo en este momento, pero no constituye la totalidad de nuestro viaje.

Sin embargo, un diagnóstico de cáncer terminal sí aporta claridad sobre lo que realmente importa. Pone de relieve la importancia de las relaciones, de la verdadera amistad y de la generosidad hacia los demás.

Si mi legado perdurara más allá de estas palabras, me sentiría honrado y profundamente agradecido de ser recordado como un australiano común y corriente, orgulloso de serlo, que ‘se atrevió a intentarlo’ y que, al hacerlo, inspiró a otros a perseguir sus sueños y pasiones con humildad, amor y compasión.

Con mucho amor y gratitud,

Richard”.