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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El hábito de sumergirse en las tareas domésticas y la crianza de los hijos al llegar a casa puede apagar la pasión en la pareja, generando el "síndrome del sofá". La psicóloga Milagros Burgos explica que la rutina, la falta de espacios propios y la desigualdad en las labores del hogar pueden convertir al compañero en un simple colaborador, afectando la percepción de deseo. El deseo necesita novedad y distancia para mantenerse vivo, y el exceso de obligaciones y el estrés son frenos para la intimidad. El uso excesivo de pantallas también interfiere en la conexión real entre los miembros de la pareja. La comunicación, la equidad en las tareas domésticas y buscar momentos íntimos sin pantallas son clave para evitar caer en este síndrome.

El hábito de llegar al hogar y comenzar con los quehaceres propios de la casa o la crianza de los hijos, lejos de favorecer la intimidad, apaga cualquier destello de pasión en la pareja, lo que provoca rápidamente la aparición del “síndrome del sofá“.

“Ver a tu pareja con la ropa interior agujereada, con el mismo pijama de siempre, no tener espacios propios, la presencia constante de los hijos y ni hablar de que tu pareja no colabore equitativamente en las tareas domésticas. Todo eso muchas veces hace que el otro deje de ser percibido como alguien ‘deseable’ y pase a ser ‘el compañero de equipo’”, explica a Clarín la psicóloga y sexóloga Milagros Burgos Recci.

Se trata de una realidad que muchas parejas viven y que impide momentos para el sexo o la exploración íntima.

En ese contexto, la especialista explica que el deseo necesita un contexto, novedad y cierta distancia simbólica.

“Síndrome del sillón”

No obstante, cuando todo aquello es predecible, el deseo se extingue y aparece el llamado “síndrome del sillón”, manera en la que se identifica a la comodidad doméstica de parejas convivientes que pasan tiempo juntas pero sin interacción real, lo que termina por apagar cualquier destello de pasión.

El hogar es un refugio, pero también el lugar donde llegas después del trabajo y continúas con las labores, que en muchos casos pasan a convertirse en obligaciones.

Trabajo, crianza, organización familiar, tareas domésticas. Todas provocan que el cuerpo deje de estar disponible para el juego erótico.

“Muchas parejas llegan a consulta diciendo ‘no hay momento para el sexo’, y esto no tiene que ver con falta de ganas”, dice la experta.

Estamos agotados física y mentalmente. El estrés y la sobrecarga emocional son hoy uno de los mayores frenos del deseo sexual. El cuerpo pide descanso, no rendimiento”, dice Milagros al medio argentino.

Las pantallas arruinan cualquier acercamiento

Las pantallas también juegan un rol clave: “Muchas parejas se acuestan juntas, pero en lugar de mirarse o tocarse, cada quien se refugia en su celular. Están cerca, pero no conectadas“.

“Las redes y las series ocupan ese momento que antes podía ser de intimidad, conversación o contacto físico. Y el deseo necesita presencia real, no simultaneidad”, advierte la sexóloga.

“La convivencia permanente también genera un efecto paradójico: vemos tanto al otro que dejamos de verlo. En consulta aparece algo muy interesante: personas que dicen ‘mi pareja no me genera deseo’, pero que se excitan al verla en otro contexto (con amistades, riéndose, bailando, concentrada en algo propio)”, ejemplifica la experta.

Ahí reaparece algo fundamental del erotismo: el deseo por vitalidad y distancia, es decir, la capacidad de volver a mirar al otro como alguien autónomo y deseante, y no solo como parte de la rutina compartida”, reflexiona.

De esta manera, la experta afirma que, por lo general, los problemas sexuales no son por falta de amor o técnicas, sino de comunicación.

“Hablar de sexo incomoda, porque nos vuelve vulnerables. No estamos acostumbrados: nos da vergüenza, miedo a herir, nervios, y muchas veces nos reímos. Pero empezar a hacerlo (aunque incomode) es una forma de recuperar algo básico: el diálogo, el consentimiento, el disfrute y una sexualidad más consciente”, aconseja.

Consejos para no caer en el “Síndrome del sofá”

A continuación, la sexóloga deja algunos consejos para no caer en el “síndrome del sofá”:

1. Revisa la distribución de tareas domésticas. El cansancio y la inequidad apagan el deseo.
2. Piensa la sexualidad como un área más de nuestra vida: si nos ocupamos del trabajo, la pareja y los hijos, empecemos a ocuparnos de nuestro placer.
3. Vuelvan a verse en contextos distintos, como una cita, una escapada, un espacio sin hijos ni agenda.
4. Cuiden los momentos sin pantallas, especialmente en la cama.
5. Hablen de las situaciones que encienden y apagan el deseo.
6. Empiecen diciendo qué sí gusta, qué sí funciona. Digan halagos. El silencio genera distancia.
7. Pide ayuda psicológica antes de que la relación esté al límite.

La intimidad no se pierde de un día para el otro, se va apagando en silencio. Pero puede volver a encenderse cuando se la nombra”, concluye la psicóloga.