¿Alguna vez has imaginado hacerle daño a alguien que quieres, cometer un acto terrible o realizar algo que jamás harías en la realidad? Aunque estas ideas pueden generar miedo, culpa o vergüenza, los especialistas explican que tener pensamientos perturbadores no significa necesariamente que exista una intención de llevarlos a cabo.
Este fenómeno recibe el nombre de pensamientos intrusivos y puede afectar a cualquier persona, incluso a quienes no presentan problemas de salud mental.
Se trata de imágenes, ideas o impulsos que aparecen de manera involuntaria y cuyo contenido suele resultar incómodo o contrario a los valores de quien los experimenta.
Aunque muchas personas logran ignorarlos rápidamente, otras quedan atrapadas intentando comprender por qué aparecieron y qué significan.
¿Por qué tenemos pensamientos intrusivos?
La psicóloga clínica Alissa Jerud, profesora adjunta de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania, explicó a Time que estos pensamientos pueden relacionarse precisamente con aquello que una persona considera más importante.
“Tendemos a tener pensamientos intrusivos sobre las cosas que más nos importan”, afirma la especialista.
Por ejemplo, alguien que quiere profundamente a su familia podría experimentar una imagen mental relacionada con hacerle daño a uno de sus integrantes, pese a que jamás desearía hacerlo.
El problema no necesariamente radica en la aparición del pensamiento, sino en la importancia que la persona le atribuye.
Jerud explica que quienes padecen trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) pueden experimentar mayores dificultades para dejar pasar estas ideas.
“Nos detenemos y tratamos ese pensamiento como algo sumamente importante y significativo”, señala.
Esto puede provocar que comiencen a cuestionarse constantemente si son malas personas o si podrían actuar de acuerdo con aquello que imaginaron.Ω
La vergüenza puede alcanzar tal intensidad que algunas personas evitan hablar del tema durante años. De hecho, Jerud asegura que ha atendido pacientes que ocultaron sus pensamientos intrusivos durante dos décadas.
¿Por qué intentar dejar de pensar en algo puede empeorar la situación?
Una reacción habitual frente a un pensamiento perturbador consiste en intentar eliminarlo inmediatamente de la mente.
Sin embargo, las especialistas advierten que frases como “Deja de pensar en ello” o “Reemplázalo con un pensamiento positivo” no necesariamente ayudan.
Por el contrario, intentar expulsar una idea de manera forzada puede mantener a la persona pendiente de si el pensamiento finalmente desapareció.
Otra situación frecuente ocurre cuando alguien busca constantemente que sus cercanos le aseguren que no representa un peligro.
Madeline Thompson Smith, consejera profesional especializada en TOC, explica que esta búsqueda de tranquilidad puede transformarse en una compulsión.
Aunque recibir una respuesta tranquilizadora genera alivio momentáneo, las dudas pueden regresar y provocar que la persona necesite nuevamente la misma confirmación.
Por eso, los especialistas recomiendan reconocer la angustia sin alimentar ese ciclo de preguntas y respuestas.
¿Cómo ayudar a alguien que tiene este tipo de pensamientos?
Cuando una persona confiesa que experimenta pensamientos perturbadores, la primera recomendación consiste en escuchar sin juzgar.
Expresiones de sorpresa o rechazo pueden aumentar su vergüenza y dificultar que vuelva a pedir ayuda. Thompson Smith propone transmitir confianza mediante frases como “Esto no cambia lo que pienso de ti”.
También recomienda preguntar si la persona necesita simplemente conversar o si busca orientación para recibir apoyo profesional. Si los pensamientos generan angustia intensa o afectan las actividades cotidianas, los especialistas aconsejan acudir a un terapeuta.
Para quienes presentan TOC, Jerud destaca la terapia de exposición y prevención de respuesta (EPR), que ayuda a enfrentar los pensamientos sin recurrir a conductas compulsivas.
Finalmente, las expertas subrayan una distinción fundamental: imaginar involuntariamente una situación peligrosa no equivale a querer realizarla.
No obstante, si alguien expresa deseos reales de hacerse daño o dañar a terceros, resulta importante preguntar directamente por sus intenciones y buscar ayuda profesional inmediata.
La recomendación principal consiste en comprender que los pensamientos intrusivos pueden aparecer sin que reflejen los verdaderos deseos de una persona y que hablar sobre ellos, sin temor al juicio, puede representar un primer paso para recibir apoyo.