Tras perder la final del Miss Universo Chile, la candidata por Lo Barnechea, Scarlette Hermosilla, reveló cómo su Trastorno por Déficit de Atención (TDA) le jugó en contra durante el certamen de belleza.
De acuerdo a un informe de la Cámara de Diputados del 2024, la prevalencia de TDAH en Chile es de un 15,5% en escolares entre 4 y 11 años; mientras que entre los 12 y 18 años, la cifra es de 4,5%.
Pero, ¿qué es realmente el Trastorno por Déficit de Atención, cómo se manifiesta y por qué no es considerado como una enfermedad de salud mental por parte de los especialistas?
¿Cómo se define el Trastorno por Déficit de Atención?
Lo que comúnmente llamamos “déficit atencional” en realidad corresponde al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), un trastorno del neurodesarrollo, afirmó a BioBioChile Rodolfo Ramírez, psiquiatra de MindPlace de Clínica Bupa Santiago.
“Desde el punto de vista clínico, podríamos definirlo como la presencia de dificultades persistentes para regular la atención, la impulsividad y el nivel de actividad, con una intensidad que no se relaciona con lo esperable para la edad o con lo que podríamos considerar promedio”, añade el médico.
La misma definición entregó a BioBioChile Julio Salazar, neurólogo de Clínica RedSalud Vitacura, quien agregó que el TDA corresponde a la presentación predominantemente inatenta del TDAH, “un trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por un patrón de funcionamiento cognitivo distinto al esperado para la edad y que genera dificultades reales en la vida diaria”.
Un punto importante, explica Ramírez, es que esta definición no significa simplemente “distraerse mucho”, pues “para presentar esta condición debe existir un patrón persistente, presente desde etapas tempranas del desarrollo y con repercusiones en más de un ámbito de la vida”.
¿Cómo se manifiesta el TDAH? ¿Tiene síntomas claros?
El TDAH se manifiesta por problemas persistentes para mantener la atención, organizar tareas, planificar actividades y seguir instrucciones, dice Salazar. “Para establecer el diagnóstico, estos síntomas deben haber comenzado en la infancia, presentarse en distintos ámbitos —como el hogar, el colegio o el trabajo— y generar un impacto significativo en el funcionamiento de la persona”.
En concreto, de acuerdo al psiquiatra de Clínica Bupa, se presenta de forma diversa y varía según el sexo y la edad. “Puede predominar la inatención, la hiperactividad, la impulsividad o existir una combinación de ellas. Por ejemplo, en niños puede resultar más evidente la presencia de inquietud motora, dificultad para esperar turnos o permanecer en una actividad”.
En tanto, en adolescentes y adultos, suele manifestarse de otra forma: “aparecen desorganización, olvidos frecuentes, dificultad para iniciar o terminar tareas, procrastinación, problemas para estimar el tiempo, pérdida de objetos, y lo que antes se podía presentar como inquietud motora ahora se expresa como inquietud interna o mental”.
Eso sí, es importante descartar otras condiciones en adultos que pueden causar o agravar los problemas de atención, como trastornos del ánimo o de ansiedad, alteraciones del sueño, trastorno del espectro autista, consumo o abstinencia de sustancias, hipotiroidismo, déficit de vitamina B12 o hipoacusia, explica el neurólogo de RedSalud.
Una de las principales claves del diagnóstico, agrega, es que los síntomas estén presentes desde la infancia; “cuando aparecen por primera vez en la adultez o son episódicos, es necesario investigar otras posibles causas de inatención”.
¿Es una enfermedad? ¿Por qué no se califica como tal?
“Esta es una pregunta muy en boga, y la respuesta ha ido evolucionando. Hoy me parece más sensato responder que, desde la perspectiva de la neurodivergencia, el TDAH no se entiende como una enfermedad, sino como una forma diferente de funcionamiento neurocognitivo“, dice el psiquiatra Rodolfo Ramírez.
El cerebro no está “enfermo”; no tiene un déficit, daño o injuria, sino que regula de manera distinta procesos como la atención, que en otras personas se desarrollan de una forma más adaptativa al entorno. No es un cerebro enfermo, es una mente diferente.
En ese sentido, el profesional describe que “una enfermedad supone, en términos generales, un proceso patológico; pero un trastorno es una categoría clínica utilizada cuando una determinada forma de funcionamiento produce dificultades o un deterioro significativo; mientras que neurodivergencia describe una variación respecto del funcionamiento neurológico considerado más habitual”.
Una idea similar plantea el neurólogo Julio Salazar, que manifiesta que el Trastorno por Déficit de Atención “no es una enfermedad porque no cumple con las características que habitualmente definen una enfermedad: no tiene una causa única identificable, no existe una lesión anatómica específica que la explique ni un examen o biomarcador que permita confirmar el diagnóstico”.
En cambio, sí corresponde a un trastorno de acuerdo a su definición, “ya que cuenta con una descripción clínica sólida, una evolución y pronóstico conocidos, una importante carga hereditaria y una respuesta consistente a las estrategias terapéuticas disponibles”.
Por último, el médico de MindPlace expone que “una persona con déficit atencional no está enferma: tiene una forma distinta de funcionamiento y, por ello, puede enfrentar mayores dificultades para adaptarse al entorno o a las exigencias de la vida actual”.