Estimado Sr. Director:
El periodista científico de la BBC Future, Richard Fisher, en su artículo publicado en agosto de 2023, nos decía que el legado oculto de las pruebas nucleares puede encontrarse en nuestras células ya que aquello que los científicos llaman el “bomb spike” (o “pulso de bomba”) se encuentra presente desde hace más de 70 años en nuestros cuerpos y disperso en todo el planeta, pudiendo constituir por este hecho la prueba fehaciente del inicio de la actual era geológica: el Antropoceno. Dicho de otra forma, el ser humano debió sufrir las consecuencias de más de 500 ensayos nucleares atmosféricos para poder identificar “su” era geológica.
Si bien existen pruebas claras del impacto de las actividades humanas que pueden ser consideradas otros “marcadores” del inicio del Antropoceno, tales como: como el aumento del metano causado por la agricultura desde hace miles de años, la evidencia de contaminación temprana por plomo procedente de la minería y la fundición desde unos 3.000 años, o el auge de subproductos de combustibles fósiles durante la Revolución Industrial; pareciera ser que la presencia de isótopos radiactivos en el carbono 14, como consecuencia de los ensayos nucleares, constituye una prueba irrefutable de la presencia “humana” en la historia geológica del planeta.
Algunos científicos y analistas lo consideran el “lado positivo” de las explosiones nucleares ya que, junto con constituir una técnica forense, han servido para marcar el nacimiento de una era, planteamiento que resiste cualquier análisis dado que, de ser ese el enfoque, habría que encontrar positivo también el impacto del meteorito que terminó con la era jurásica, las diversas glaciaciones o incluso una futura hecatombe nuclear que dé por finalizado el antropoceno y por iniciada la era post apocalipsis.
Hay cosas en las cuales no se puede transar. Las explosiones nucleares en cualquiera de sus versiones (ensayos o científicas) han sido nefastas para la historia de la humanidad. Desde el mismo 16 de julio de 1945, momento en el cual los científicos del Proyecto Manhattan detonaron la primera arma nuclear en Nuevo México, todo lo relacionado con los siguientes acontecimientos ha sido negativo. Las explosiones nucleares provocan una nube radioactiva que se extiende miles de kilómetros cuadrados y la cual, por acción de los vientos, puede fácilmente dar la vuelta al planeta. En los años 50-60 hubo tantas explosiones de bombas nucleares en la superficie que transformaron la composición química de la atmósfera alterando la composición carbonológica de la vida en la Tierra desde entonces, quedando presente en océanos, lagos y sedimentos.
Antes de que el Tratado de Prohibición de Ensayos Nucleares de 1963 prohibiera los Ensayos Nucleares Atmosféricos y obligara a las naciones signatarias solamente a realizar sus pruebas nucleares bajo tierra, los gobiernos detonaron cientos de armas atómicas en la atmosfera y biosfera. Estas pruebas, como se dijo, dispersaron material radiactivo por todas partes dañando a seres humanos, flora y fauna y haciendo regiones enteras inhabitables.
Nuestro país apoya firmemente la pronta entrada en vigor del Tratado para la Prohibición de los Ensayos Nucleares -TPCEN-, con sede en Viena, y las medidas de verificación que éste contempla. Quien suscribe, junto con ser diplomático de carrera, forma parte del listado de los futuros “Inspectores in-situ”, quienes tendrán a cargo la responsabilidad de identificar si lo dispuesto por el Tratado ha sido infringido, lo que, junto con poner límite a una escalada de ensayos nucleares, servirá para otorgar seguridades a sus países miembros de que cualquier alteración a lo comprometido tendrá consecuencias serias para el transgresor.
El suscrito hace propio el descargo de responsabilidad correspondiente.
Gustavo González Zbinden
Funcionario Diplomático e Inspector de Ensayos Nucleares
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