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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

En el lecho de muerte, las personas no lamentan el dinero ni el estatus, sino aspectos más profundos de la vida. Médicos y cuidadores paliativos revelan que los arrepentimientos suelen ser no haber pasado suficiente tiempo con seres queridos, trabajar en exceso, dejar que el miedo controle la vida, no ser valientes ante la incertidumbre, y perder contacto con el presente al enfocarse en el futuro. Expertos como Shoshana Ungerleider y Bronnie Ware destacan que reflexionar sobre la muerte puede conducir a una vida más significativa y auténtica, enfatizando la importancia de expresar amor, ser fiel a uno mismo y permitirse ser feliz.

Cuando queda poco tiempo de vida, las personas suelen repasar su historia y, muchos, lamentan no haber hecho mejor las cosas. Así lo afirman médicos, enfermeras y cuidadores paliativos que han acompañado a cientos de personas en sus últimos días y que aseguran que existe un patrón repetitivo: en el lecho de muerte casi nadie habla del dinero, del estatus o de los bienes materiales.

Los arrepentimientos suelen apuntar hacia otro lado: giran en torno a los afectos, a dedicarle demasiado tiempo al trabajo o a no haberse permitido ser felices por miedo al “qué dirán”.

“Estar cerca de la muerte obliga a vivir el presente”

La doctora estadounidense Shoshana Ungerleider, especialista en medicina interna y fundadora de la organización End Well Foundation, ha pasado años atendiendo pacientes hospitalizados en etapas finales de vida.

Ella asegura que, cuando las personas saben que el tiempo se acaba, muchas cambian completamente su forma de mirar la existencia.

“Estar cerca del final de tu vida realmente te empuja a estar presente, porque eso es todo lo que tienes”, dijo a CNBC Make It.

“Eso es cierto para todos nosotros. Este momento presente es todo lo que tenemos”.

Según Ungerleider, existen cinco arrepentimientos que aparecen constantemente entre quienes están cerca de morir:

– No pasé suficiente tiempo con las personas que amo.
– Trabajé demasiado y me perdí la vida.
– Dejé que el miedo controlara mis decisiones y no tomé riesgos.
– Ojalá hubiera sido más valiente frente a la incertidumbre o las oportunidades.
– Me enfoqué demasiado en el futuro y perdí contacto con el presente.

Para la médico, reflexionar sobre la muerte no es algo pesimista, sino una herramienta para vivir mejor.

“Reflexionar sobre nuestra propia mortalidad a lo largo de la vida nos permite vivir cada día con más significado y propósito”, afirmó.

“Ojalá hubiera vivido la vida que yo quería”

Una de las voces más conocidas sobre este tema es Bronnie Ware, enfermera y cuidadora paliativa australiana que trabajó durante años acompañando enfermos terminales.

Tras escuchar repetidamente los mismos relatos, decidió escribir el libro The Top Five Regrets of the Dying (“Los cinco grandes arrepentimientos de los moribundos”), donde recopiló las frases que más oyó antes de la muerte.

Y el arrepentimiento más común no tenía relación con el dinero ni con el éxito profesional.

“Desearía haber tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, y no la vida que otros esperaban de mí”.

Según Ware, muchas personas llegan al final de sus vidas dándose cuenta de que tomaron decisiones basadas en expectativas externas: cumplir con la familia, encajar socialmente o seguir caminos “correctos”, pero no necesariamente felices.

“Muchos no habían cumplido ni la mitad de sus sueños”, escribió.

Otro arrepentimiento frecuente era haber trabajado demasiado, tal como también lo dijo Ungerleider.

“Algunos se dan cuenta demasiado tarde de que habrían preferido pasar más tiempo con sus hijos, sus parejas o sus amigos”, señala la autora.

El miedo aparece como uno de los grandes enemigos

Para muchos pacientes terminales, el miedo terminó condicionando decisiones importantes.

Miedo al fracaso, al cambio, a decepcionar a otros o a salir de una vida cómoda aunque infeliz. Eso también lo observó Ungerleider.

“Dejé que el miedo controlara mis decisiones y no tomé riesgos” es una frase que escucha repetidamente.

En varios casos, el arrepentimiento no viene por las cosas que salieron mal, sino por las oportunidades que nunca se intentaron.

La deuda emocional que más pesa al final

Otro patrón común tiene relación con las emociones no expresadas.

Bronnie Ware asegura que muchas personas lamentan no haber dicho más veces “te quiero”, no haber pedido perdón o haber evitado conversaciones importantes.

“Desearía haber tenido el valor de expresar mis sentimientos” es otro de los arrepentimientos más frecuentes.

El oncólogo y ganador del Premio Pulitzer Siddhartha Mukherjee también ha hablado sobre esto.

En un discurso de graduación en la Universidad de Pensilvania, señaló que muchas personas cercanas a la muerte desearían haber expresado más amor y perdón a quienes les importaban.

“Esperar para decirlo solo retrasa lo inevitable”, afirmó.

“Ojalá me hubiera permitido ser más feliz”

Quizás uno de los arrepentimientos más duros —y más humanos— es este: no haberse permitido disfrutar más la vida.

Según Ware, muchas personas permanecieron durante años en situaciones que las hacían infelices simplemente por miedo al cambio.

Algunas siguieron trabajos que odiaban, relaciones desgastadas o rutinas vacías porque parecían más seguras.

“La felicidad es una elección”, escribió la cuidadora paliativa. “Muchas personas permanecen atrapadas en viejos patrones y hábitos”, añadió.

Pensar en la muerte para vivir mejor

Aunque el tema pueda parecer oscuro, especialistas aseguran que reflexionar sobre la muerte puede ayudar justamente a valorar más la vida cotidiana.

La autora Alua Arthur, fundadora de la organización Going With Grace, lo resumió así en el podcast The Happiness Lab:

“Recordar que voy a morir hace que valore cosas pequeñas: sentir frío en las manos, comer un plato de comida o simplemente estar aquí”.

La conclusión que repiten médicos y cuidadores es simple, aunque incómoda: muchas veces las personas descubren demasiado tarde qué era realmente importante y casi nunca tiene relación con trabajar más, producir más o acumular más cosas.