Durante años, Haelwyn Adams consultó a distintos médicos por un intenso dolor abdominal que, según relata, podía dejarla inmóvil en la cama y hacerla gritar cada vez que intentaba moverse.
Sin embargo, sus síntomas fueron atribuidos al síndrome del intestino o colon irritable, el estrés, una posible inflamación del apéndice o dolores menstruales intensos. Más tarde, también fueron asociados a los tratamientos de fertilidad a los que se sometió.
La británica, actualmente de 41 años, descubrió la verdadera causa del dolor cuando se encontraba embarazada de su primera hija: tenía cáncer de colon en etapa 4 y la enfermedad ya se había extendido al hígado.
“Los doctores ignoraron mi dolor (durante años). Ahora tengo cáncer terminal a los 41 años”, escribió Adams al contar su historia en una columna publicada por The Times.
Tres años buscando respuestas
Los dolores más intensos comenzaron cuando Adams tenía 37 años. De acuerdo con su testimonio, intentó explicar reiteradamente que las molestias eran distintas de cualquier dolor que hubiera experimentado antes, pero sentía que los médicos no confiaban en su percepción.
“Me había mantenido congelada en posición fetal en la cama durante las vacaciones o en mis días libres, con el labio superior cubierto de sudor, incapaz de moverme sin gritar, como si un cuchillo se retorciera en mis entrañas”, recordó.
Según relató, uno de los especialistas descartó realizarle una colonoscopía completa porque consideró que era demasiado joven para padecer cáncer de colon. En su lugar, fue sometida a una sigmoidoscopía, examen que permite observar solamente el recto y la parte inferior del colon.
Adams sostiene que aquella prueba no detectó el tumor. “Si lo hubieran hecho correctamente el año pasado, lo habrían encontrado antes de que llegara a mi hígado. Mi vida, nuestro futuro, podrían haber sido muy diferentes”, afirmó en la campaña de recaudación que abrió en JustGiving.
En paralelo, ella y su pareja, Luke, atravesaron diferentes pérdidas gestacionales y un complejo proceso de fertilización in vitro. Pese al dolor y al estreñimiento crónico, Adams continuó intentando convertirse en madre.
El diagnóstico durante su embarazo
En 2025, cuando finalmente alcanzó las 20 semanas de embarazo, acudió al hospital para realizarse una ecografía. El examen confirmó que su hija se encontraba saludable, pero el dolor abdominal continuaba y se había vuelto cada vez más intenso.
Al día siguiente fue ingresada de urgencia. Los nuevos estudios revelaron la existencia de una masa en su abdomen, posteriormente confirmada mediante una colonoscopía y una biopsia.
“Ahí estaba en la pantalla, creciendo junto a nuestra hermosa hija como un gemelo maligno: la sombra de una masa en mi intestino”, describió.
Los resultados mostraron que se trataba de un cáncer de colon en etapa 4, con metástasis hepática y una mutación BRAF. Esta alteración genética puede influir en el comportamiento de la enfermedad y en las alternativas de tratamiento.
Según Adams, los médicos le advirtieron que, sin una operación de emergencia, podía morir en cuestión de días.
La mujer decidió someterse a una compleja cirugía destinada a remover la mayor cantidad posible del tumor sin interrumpir el embarazo. Tanto ella como el bebé sobrevivieron al procedimiento.
No obstante, semanas después su estado volvió a deteriorarse. Los tumores presionaban uno de sus pulmones, provocándole dolor y dificultades respiratorias, por lo que los médicos practicaron una cesárea de emergencia cuando tenía 32 semanas de gestación.
Su hija, Magnolia Sunshine, nació prematuramente, pero en buenas condiciones. Adams comenzó entonces un agresivo tratamiento de quimioterapia.
El cáncer regresó
En enero de 2026, los exámenes indicaron que Adams se encontraba momentáneamente libre de cáncer. La noticia llevó a la familia a pensar que el tratamiento podría haber funcionado.
Sin embargo, un control realizado en marzo mostró que los tumores habían regresado a ambos lados del hígado. Los médicos le informaron que ya no había alternativas para eliminarlos completamente y que, desde entonces, el tratamiento tendría como objetivo controlar la enfermedad, no curarla.
Adams debió abandonar su trabajo como diseñadora de maquillaje y efectos especiales en producciones cinematográficas. Actualmente, la familia recauda dinero para costear los cuidados de la mujer y de su hija, los traslados al hospital y algunos tratamientos que no cubre el sistema público británico.
“Lucharé con todo lo que tengo para verla sonreír, escuchar su voz, acompañar sus primeros pasos y, con suerte, despedirla en su primer día de escuela”, expresó.
Su llamado a otras mujeres
Adams decidió hacer pública su historia para advertir sobre la importancia de insistir cuando un dolor persistente no recibe una explicación satisfactoria.
“Escuchen su cuerpo. No permitan que las descarten. No dejen que su dolor sea ignorado”, manifestó.
También espera que su experiencia contribuya a evitar que otras pacientes atraviesen un proceso similar.
“Fueron necesarios tres años de sangre, sudor y dolor para que diagnosticaran mi cáncer. Esto no puede volver a ocurrir”, sostuvo.
“Si puedo ayudar aunque sea a una mujer a evitar mi agotador recorrido de diagnósticos erróneos, desinformación y equivocaciones, mi historia tendrá el legado que quiero”.
El cáncer colorrectal es más frecuente después de los 50 años, pero también puede presentarse en personas jóvenes. De hecho, en el último tiempo, varios médicos han advertido un aumento de los casos en personas menores de 45 años.
Entre las posibles señales se encuentran cambios persistentes en las deposiciones, sangre en las heces, dolor o presencia de un bulto en el abdomen, pérdida de peso sin explicación y cansancio extremo. Aunque estos síntomas son comunes y pueden tener otras causas, es recomendable consultar si se mantienen durante tres semanas o más.