Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la primera causa de muerte en Chile. Según datos recientes del Departamento de Estadística e Información de Salud (DEIS), durante 2025 casi 4.500 chilenos fallecieron a causa de infartos al miocardio. Dentro de este panorama preocupante, existe una amenaza particularmente insidiosa: el infarto silencioso, una forma de ataque cardíaco que puede ocurrir sin que la persona lo advierta.
Infarto silencioso: las señales que podrían alertar un ataque cardíaco sin dolor en el pecho
“El infarto silencioso es quizás la manifestación más traicionera de la enfermedad coronaria. El corazón sufre un daño real y permanente, pero el paciente no recibe la señal de alarma que debería llevarlo a consultar a tiempo”, explica el doctor Carlos Fernández, presidente de la Fundación SOCHICAR.
El término “infarto silencioso” describe un infarto agudo al miocardio que ocurre con síntomas mínimos, atípicos o incluso sin dolor torácico evidente.
¿Qué es un infarto silencioso?
Como en cualquier infarto, una arteria coronaria se obstruye y provoca daño en el músculo cardíaco. En este caso, la diferencia radica en que el síntoma primordial, el dolor opresivo en el pecho que puede irradiarse al cuello, mandíbula, brazo izquierdo o parte alta del abdomen, no se presenta de forma clara o directamente reconocible para el paciente.
El problema es que, a pesar de ser “silencioso”, este tipo de infarto no es benigno: se asocia a mayor riesgo de insuficiencia cardíaca, arritmias y mortalidad cardiovascular futura.
¿Por qué puede pasar desapercibido?
Esta condición puede pasar desapercibida por las alteraciones en la percepción del dolor, especialmente en personas con neuropatía diabética, quienes también sufren más riesgo de tener un infarto.
Además, es una presentación atípica en mujeres y adultos mayores, con síntomas leves que el paciente suele atribuir a estrés, cansancio, problemas digestivos o musculares.
“La diabetes crónica provoca la degeneración de los nervios autónomos del corazón, que normalmente alertan sobre un infarto”, explicó el doctor Olujimi Ajijola, cardiólogo y electrofisiólogo de UCLA Health, al sitio de salud Women’s Health.
Además, “las mujeres pueden tener un mayor riesgo de no reconocer los signos de un problema porque suelen presentar síntomas atípicos de infarto, como dolor abdominal, molestias en la mandíbula o malestar general”.
Señales de alerta
En mujeres, adultos mayores y pacientes diabéticos, los síntomas pueden ser muy distintos al dolor torácico clásico, o incluso estar completamente ausentes. Las manifestaciones que deben alertar (también hombres y personas sin condiciones médicas) incluyen:
● Fatiga intensa o inusual.
● Náuseas o sensación de indigestión persistente.
● Sudoración fría, mareos o sensación de desmayo.
● Dolor en mandíbula, cuello, espalda o brazos.
● Disminución brusca de la tolerancia al ejercicio.
● En adultos mayores: confusión o deterioro funcional repentino como único síntoma.
Por su parte, la doctora Adriana Quiñones-Camacho, cardióloga de NYU Langone Health, explica al medio citado que cuando algo falla en el sistema cardiovascular, la respiración suele verse afectada de inmediato, por lo que es posible que la persona sienta falta de aire con solo caminar por una habitación, o incluso que le falte el aire estando sentada.
“En la práctica clínica vemos con frecuencia a pacientes, especialmente mujeres y adultos mayores, que llegan con un electrocardiograma que evidencia un infarto antiguo del que no tenían conciencia. Esto nos recuerda que los síntomas cardiovasculares no siempre son los que aparecen en las películas, y que la educación de la población en este tema puede literalmente salvar vidas”, advierte el Dr. Fernández.
“A menudo, solo nos enteramos de lo sucedido después de que el paciente ha sufrido un segundo infarto y el primero, el silencioso, aparece en los resultados de las pruebas. Estos infartos incluso pueden ocurrir mientras se duerme. Puede que te despiertes sobresaltada, pero lo atribuimos a una pesadilla o a los ronquidos y volvemos a dormir”, añadió por su parte el cardiólogo Robert Greenfield al medio Women’s Health.
Factores de riesgo y prevención
En cuanto a los factores de riesgo del infarto silencioso, estos son los mismos que los de cualquier infarto o accidente cerebrovascular:
● Diabetes mellitus, hipertensión arterial y colesterol elevado.
● Tabaquismo y obesidad abdominal.
● Sedentarismo y estrés crónico.
● Enfermedad renal crónica, edad avanzada y antecedentes familiares.
Las personas que sobreviven a un infarto, ya sea asintomático o no, tienen mayor riesgo de sufrir otro debido al posible daño cardíaco, señala la doctora Quiñones-Camacho. Sin embargo, hay mucho que se puede hacer para prevenirlo.
Prevención
Mantener un estilo de vida saludable implica actividad física regular, alimentación tipo mediterránea, no fumar y mantener un peso adecuado. Esto se debe implementar desde la infancia, señala el doctor Carlos Fernández.
Además, es clave controlar periódicamente la presión arterial y conocer los niveles de colesterol y azúcar en la sangre. Quienes ya presentan hipertensión, diabetes o dislipidemia deben mantener un control médico regular y una buena adherencia al tratamiento.
El control médico regular es la primera línea de detección. Un electrocardiograma puede revelar la presencia de un infarto antiguo, que recibirá el apellido “silente” cuando el paciente no recuerda haber tenido un episodio de dolor torácico.
Una vez sospechado, el ecocardiograma será fundamental para confirmar el diagnóstico y evaluar el daño al músculo cardíaco.