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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Las lluvias e inundaciones en Chile aumentan el riesgo de hepatitis A. El Dr. Francisco Undurraga de Clínica MEDS alerta sobre la contaminación del agua y alimentos por aguas servidas, que facilita la transmisión de esta enfermedad.

La lluvia y las inundaciones que afectaron a distintos puntos del país también están aumentando el riesgo de contraer enfermedades infecciosas en las zonas más afectadas, como la hepatitis A, un virus que causa inflamación aguda en el hígado.

El Dr. Francisco Undurraga, médico internista de Clínica MEDS, explica en un comunicado que “las lluvias intensas e inundaciones pueden contaminar el agua y los alimentos con aguas servidas, facilitando la transmisión de la hepatitis A”.

Y añade que “por eso es tan importante consumir agua segura, lavarse bien las manos y mantener una adecuada higiene de los alimentos, especialmente después de un sistema frontal”.

De acuerdo con el especialista, este virus se transmite por vía fecal-oral, cuando las personas ingieren alimentos o agua contaminados y, en condiciones de inundaciones, uno de los principales riesgos es la contaminación del agua potable.

“También puede transmitirse por una higiene deficiente de las manos o por contacto estrecho con una persona infectada o con objetos, especialmente en lugares donde las condiciones sanitarias se ven afectadas”, plantea.

¿Cómo identificar la hepatitis A?

Undurraga explica que los síntomas pueden aparecer entre 2 y 7 semanas después del contagio “e incluyen fiebre, cansancio intenso, pérdida del apetito, náuseas, vómitos, dolor abdominal y, posteriormente, color amarillo en la piel y los ojos (ictericia), orina oscura y deposiciones claras“.

“Se debe consultar al médico si aparecen estos síntomas, especialmente la ictericia, o si hay vómitos persistentes, compromiso importante del estado general, deshidratación o dolor abdominal intenso”, añade.

Sin embargo, advierte que la enfermedad no se manifiesta igual en todas las personas. Por ejemplo, en niños pequeños puede ser asintomática o leve, por lo que suele pasar inadvertida; “en cambio, en adolescentes y adultos es más frecuente que produzca síntomas importantes como ictericia, fiebre, náuseas y cansancio intenso”.

Si bien la mayoría de los pacientes se recupera completamente de la hepatitis A, “el riesgo de formas graves e insuficiencia hepática aguda aumenta con la edad y en personas con enfermedad hepática previa”, aclara el experto.

Medidas de prevención

Sobre medidas de prevención, el Dr. Undurraga aseguró que la más efectiva es evitar ingerir agua o alimentos potencialmente contaminados, especialmente en zonas donde el sistema frontal causó inundaciones.

“Si ha estado en contacto con aguas de inundación, lávese muy bien las manos con agua y jabón antes de comer o manipular alimentos, consuma solo agua potable o hervida, lave y cocine adecuadamente los alimentos y desinfecte las superficies que hayan estado expuestas”, aconseja.

En la misma línea, señaló poner cuidado a la hora de la limpieza de viviendas, ya que no tomar precauciones puede aumentar la posibilidad de contagiarse. El especialista asegura que uno de los mayores errores puede ser “limpiar sin protección adecuada, manipular objetos contaminados y luego tocarse la boca o comer sin haberse lavado las manos”.

“También es un error utilizar agua de origen dudoso para beber, cocinar o lavar alimentos o consumir alimentos que estuvieron en contacto con el agua de la inundación. Durante la limpieza es recomendable usar guantes y botas, lavarse cuidadosamente las manos con agua y jabón y desinfectar las superficies antes de volver a utilizarlas”, agrega.

En cuanto a la vacunación, sostiene que “la vacuna contra la hepatitis A es una herramienta muy eficaz para prevenir la infección en las personas que tienen indicación de recibirla. Comienza a generar protección aproximadamente a las dos semanas y alcanza una alta eficacia después de la primera dosis.

“Si una persona ya estuvo expuesta al virus, la vacuna aún puede ser útil si se administra dentro de los 14 días posteriores a la exposición, ya que puede prevenir o atenuar la enfermedad”, concluye.