A principios de julio el alcalde de Ñuñoa, Sebastián Sichel, publicó una columna en este medio titulada: “La comodidad de vivir de las contribuciones versus hacer la pega”. En ella, defiende la Megarreforma de su gobierno y, en especial, la exención del pago de contribuciones a adultos mayores.

El alcalde, por supuesto, crea un relato en el que la totalidad de los adultos mayores que hoy tienen viviendas no cuentan con recursos suficientes para subsistir y pagar las contribuciones, sin distinciones. Esto es justamente lo que intentamos poner de relevancia en la discusión del proyecto.

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Primero, considerando que más del 75% de la población no paga contribuciones, sino que lo hacen los propietarios de aquellas viviendas con un avalúo fiscal superior a unos 61 millones al día de hoy. Y lo pagan sobre la diferencia superior al tramo exento. Es decir, si tu vivienda tiene un avalúo fiscal de 70 millones, se calculan las contribuciones con base a nueve millones.

Sumado a ello, el proyecto y el sector del alcalde Sichel, se negó a establecer requisitos a esta exención. Por ejemplo, pertenecer a cierto decil, o un tope en el avalúo de la vivienda, o respecto de los ingresos o cargos del propietario. En simple: con el proyecto que el alcalde defiende, estarán exentos tanto el adulto mayor que recibe una pensión del Estado y es propietario de un departamento con un avalúo fiscal de 65 millones, como un alto funcionario del gobierno que tenga 65 años, con un sueldo de cinco o seis millones de pesos y una vivienda con un avalúo fiscal de 200 o 300 millones. El proyecto simplemente no distingue.

Por otra parte, el alcalde se refiere a un problema que en el Congreso hemos levantado desde la oposición, pero que ha sido respaldado por alcaldes de todos los sectores políticos y es el daño que se le hace al Fondo Común Municipal. Con el proyecto y pese a las compensaciones, este fondo verá una disminución de 85 millones de dólares anualmente, lo que significa una importante merma en los ingresos de las municipalidades que más dependen de este fondo, es decir, aquellas con menos recursos.

El alcalde, sin embargo, lejos de ver la desigualdad territorial, atribuye esa dependencia del Fondo Común Municipal simplemente a la comodidad o las ganas de “ahogar a las familias por cumplir su sueño de tener una casa propia”. No sólo me parece destemplado calificar de esa forma a alcaldes de comunas como, por ejemplo La Pintana o Puente Alto, que dependen en un alto porcentaje de este fondo, sino que su relato es completamente falacioso.

Primero, porque asume que esa dependencia se debe a falta de “hacer la pega” y, en consecuencia, porque omite cualquier vínculo con la segregación territorial. El alcalde señala que las fuentes de ingreso propias de los servicios que presta la municipalidad, como “cobrar derechos municipales exige gestión, fiscalización y asumir costos políticos”, además de señalar que “las tasas de evasión de derechos de aseo y patentes comerciales superan en muchos casos el 30%”.

Entonces, para un análisis más completo y realista, sería bueno revisar algunas cifras:

Un 8,4% del presupuesto de Ñuñoa proviene del Fondo Común Municipal. Sospecho que de ahí que le resulte tan sencillo al alcalde señalar que sólo se requiere esfuerzo para lograr esto. Y si bien las comunas no hacen público con cuántas patentes municipales cuentan, sí podemos acceder a cuántas empresas hay en Ñuñoa: 21.500, de las cuales 174 son grandes empresas, 589 medianas, 1.836 pequeñas, 12.355 microempresas y un poco más de 4.500 sin ventas o sin información. Con una población de 270.000 habitantes, Ñuñoa logró recaudar en 2025 alrededor 7.000 millones de pesos por patentes municipales. Al mismo tiempo, Ñuñoa es parte de las 10 comunas que concentran el 40% de la recaudación nacional por contribuciones.

La Pintana, por otro lado, depende en un 81% del Fondo Común Municipal, con una población de 188.000 y recauda un cuarto de lo que recauda Ñuñoa por patentes municipales, un poco menos de dos mil millones de pesos. Lo que el alcalde Sichel atribuye a comodidad, ¿podrá deberse más bien a que, por ejemplo, en La Pintana existen sólo 6.200 empresas? De ellas 50 son grandes, 168 medianas, 982 pequeñas y 3.946 microempresas.

En el caso de Puente Alto, tiene una dependencia del Fondo Común Municipal que llega al 74%. En esta comuna, que concentra una población de un poco más de 670.000 personas, los ingresos por patentes son de casi cinco mil millones con 28.000 empresas de las cuales sólo 34 son grandes, 253 medianas, 3.335 pequeñas y casi 20.000 son microempresas. La comuna, además es cinco veces más grande que Ñuñoa en términos de área geográfica.

En el caso de La Florida si bien no concentra un alto porcentaje de dependencia, con un 43,6% de su presupuesto obtenido del Fondo Común Municipal, de todas formas se encuentra bastante por encima del promedio del 30% para las comunas de la Región Metropolitana. Pese a ello, es una de las tres comunas que más cantidad de fondos recibieron del Fondo Común Municipal. Un informe de la Contraloría de agosto del 2025 señala que la cifra ascendió a $39.000 millones.

Me cuesta creer que con esta amplia diferencia en los recursos, en la cantidad de habitantes que deben atender o el área geográfica que deben cubrir, las dificultades en las recaudaciones estén dadas simplemente por la “comodidad” de sus alcaldes y no, justamente, por falta de recursos: fiscalizar y gestionar requiere recursos económicos, materiales, humanos e incluso de infraestructura con los que muchos municipios del país no cuentan. Muchos municipios que deben estar constantemente resolviendo urgencias y atendiendo emergencias ante recortes presupuestarios que, insólitamente, el alcalde Sichel defiende.