El próximo 1 de agosto comenzará el reemplazo gradual de las tarjetas de coordenadas por nuevas herramientas para autorizar transferencias bancarias. Las razones de esta decisión son principalmente reforzar la seguridad de este tipo de operaciones, pero abre una interrogante más allá del sistema financiero al diseñar un servicio: ¿estos contemplan a todas las personas que deberán utilizarlas?

La normativa considera excepciones para determinados grupos, entre ellos adultos mayores, usuarios que no posean un teléfono inteligente y personas con discapacidad. Esta medida tiene como propósito evitar que un conjunto de personas quede excluida y la decisión puede ser razonable, pero refleja una práctica que se repite: diseñar un sistema y luego buscar una alternativa para aquellos que no puedan utilizarla.

La discusión sobre las tarjetas de coordenadas puede parecer solamente como una actualización normal dentro del sistema financiero. Sin embargo, para quienes utilizamos tecnologías de apoyo en nuestro día a día, abre una interrogante: ¿La nueva herramienta será compatible con la forma en que solemos utilizar la tecnología?

Como persona ciega, esta discusión también tiene un impacto importante en mi día a día. Habitualmente utilizo la aplicación del banco mediante un lector de pantalla que me pueda guiar, es por esto que considero que si de un momento a otro aparece una modificación a la forma de autorizar las transferencias, el cambio no debería evaluarse únicamente por el nivel de seguridad que presenta, sino también a que me siga brindando la posibilidad de desarrollar estos trámites de manera autónoma.

A su vez, también he visto cómo algunos servicios comienzan a incorporar la biometría facial para validar la identidad. No cuestiono el uso de estas herramientas como método de autentificación, pero sí me preocupa que las instrucciones o el procedimiento no resulten del todo accesibles para quienes utilizamos lectores de pantalla.

Esto no sale únicamente de una opinión personal. Hay que recordar que actualmente en Chile existe la Ley 20.422 que busca promover la igualdad de personas con discapacidad y habla respecto a qué servicios deberían pensarse para que puedan ser utilizados por la mayor cantidad de usuarios. Pese a que ya existe una base, todavía queda camino por recorrer para que esto se vea reflejado.

Puede ser que el desafío no sea crear una solución diferente para cada necesidad, sino que añadir desde el inicio una experiencia acorde para quienes van a utilizar estas herramientas. Los diseñadores saben perfectamente sus funciones, pero quienes vivimos con una discapacidad conocemos las barreras que pueden significar al momento de usarlas. Es importante trabajar en conjunto estas miradas si realmente se quiere crear un servicio para todos.

Cuando orientamos la conversación hacia la accesibilidad solemos reducirla a si las personas son capaces o no de utilizar un servicio. Pero esto no debería ser el único foco, sino que también importa el cómo podrá hacerlo. Si en este caso, una “actualización” obliga a depender de un tercero para la realización de acciones cotidianas, quiere decir que la experiencia no es igualitaria en comparación con el resto de los usuarios.

Como usuaria de la Biblioteca Central para Ciegos, he visto cómo la tecnología puede abrir muchas oportunidades cuando está desarrollada pensando en distintas formas de uso. Gracias a ciertas herramientas es posible leer, estudiar, trabajar y realizar trámites que hace algunos años eran mucho más difíciles. Justamente por eso, cada nuevo cambio tecnológico también genera la expectativa de que esos avances no se transformen en nuevas barreras.

El fin de las tarjetas de coordenadas busca fortalecer la seguridad y confianza de los clientes en su servicio. Sin embargo, no puede depender únicamente de la tecnología. También se crea cuando quienes deben adaptarse sienten que fueron tomados en consideración desde inicio. La rapidez y la seguridad son importantes, pero no deberían ser las únicas preguntas que nos hagamos cuando una aplicación cambia la forma en la que las personas interactuamos.

Elizabeth Caballería
Encargada de Proyectos Biblioteca Central para Ciegos
Persona ciega

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