Toy Story 5 no es sólo la continuación de una película que, sin duda, vale la pena ver con nuestros hijos. Es parte de una saga que nos ha hablado durante años de amistad, lealtad, pertenencia, crecimiento, cambios, despedidas y de esa capacidad tan linda que tienen los niños de darle vida a todo a través de la imaginación.

Pero esta vez, además, nos pone frente a una realidad que hoy preocupa: la dependencia de los niños y niñas a la tecnología. Cada vez son más los niños que dependen de una pantalla, y menos los que privilegian el juego libre, la imaginación y la interacción con otros. La razón es simple: la tecnología está diseñada para captar nuestra atención y generar dependencia.

Este mes se conmemora el Orgullo Autista, y esa fecha también invita a reflexionar sobre la infancia desde otra perspectiva.

Como mamá de un niño autista, me ha tocado pasar muchas horas en salas de espera, participar en terapias y aprender distintas formas de acompañar a mi hijo en su manera de interactuar con el mundo, de ser parte de él, sin perder su esencia. Porque valido profundamente su identidad, su genuinidad y su forma única de ver y sentir la vida.

Esa experiencia me ha enseñado algo muy importante: acompañar a un niño no consiste sólo en ayudarlo a desenvolverse en el mundo; también implica preguntarnos qué tipo de mundo estamos construyendo nosotros, como adultos, para nuestros hijos.

Porque no olvidemos que los hijos, muchas veces, son reflejo de sus padres. Aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos. Si nos ven siempre conectados, pendientes del celular, respondiendo mensajes en la mesa o mirando una pantalla mientras ellos nos buscan, también les estamos enseñando algo.

Seamos honestos: todos, en algún momento, hemos recurrido a una película, a un video o a una pantalla para poder trabajar, avanzar o simplemente respirar un momento. Esto no se trata de culpar ni de juzgar.

Pero no olvidemos que nuestra generación, muchos papás y mamás, tuvimos el lujo de jugar en la calle, de tener amigos en el barrio, de inventar juegos, historias y mundos completos para entretenernos. Tuvimos una infancia que hoy probablemente recordamos con cariño, libertad y nostalgia.

No perdamos la esencia de lo importante. No dejemos que los niños dejen de ser niños. Que sigan jugando, creando, imaginando, explorando y compartiendo con otros, cada uno desde su forma única de habitar el mundo.

Y nosotros, como adultos, también tenemos una tarea: aprender a soltar el celular en los tiempos de familia, mostrar con el ejemplo que las prioridades están claras y que el tiempo con ellos siempre debe estar primero.

Bernardita Milad
Abogada
Mg. en Derecho Público

Nuestra sección de OPINIÓN es un espacio abierto, por lo que el contenido vertido en esta columna es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de BioBioChile