Resulta difícil ignorar que el ministro Poduje, al menos por su estilo y personalidad pública, parece dispuesto a incomodar. Y aquello puede transformarse en una virtud.

La decadencia que ha experimentado nuestro país desde los hechos delictuales asociados al octubrismo ha profundizado problemas históricos que arrastramos desde hace décadas.

Entre ellos, uno de los más graves es el déficit habitacional. A ello se suma el ingreso ilegal a nuestro territorio, fenómeno que ha contribuido al crecimiento de campamentos, al deterioro de nuestros barrios y a una presión cada vez mayor sobre recursos y servicios que ya eran insuficientes. La reconstrucción avanza lentamente, los organismos del Estado operan muchas veces sin coordinación efectiva y las necesidades urgentes de nuestra gente terminan subordinadas a procedimientos administrativos que parecen no tener fin.

A este escenario se agregó el Caso Democracia Viva, que golpeó duramente la credibilidad del Ministerio de Vivienda y Urbanismo en el periodo del exministro Montes. Para muchos, aquel escándalo no fue un hecho aislado, sino la expresión más visible de una serie de deficiencias, abusos y malas prácticas que debilitaron la confianza de la ciudadanía en la gestión habitacional.

Es en este contexto donde irrumpe en la opinión pública el recién nombrado ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje. Su llegada abre una interrogante legítima: ¿estamos frente a una figura distinta, más cercana a la ejecución que a la política tradicional? ¿Podrá ejercer un liderazgo basado en la decisión, el carácter y la eficacia?

Al revisar su trayectoria, resulta evidente que Poduje no proviene de la militancia partidaria clásica. Su carrera se ha construido desde el urbanismo, el análisis territorial y la experiencia técnica. Además, ha colaborado con distintos sectores políticos, demostrando una disposición a aportar desde el conocimiento más que desde las trincheras ideológicas. Salvando todas las distancias históricas, aquello permite establecer ciertos paralelos con una de las figuras más influyentes de nuestra historia republicana, es decir, don Diego Portales.

Portales no fue un hombre de discursos complacientes ni de cálculos políticos permanentes. Fue, ante todo, un constructor de orden institucional. Comprendió que, sin autoridad, disciplina administrativa y capacidad de decisión, el Estado corría el riesgo de transformarse en una estructura incapaz de cumplir adecuadamente sus funciones.

Naturalmente, nuestro país no necesita replicar figuras del siglo XIX. Los tiempos son distintos y los desafíos también. Sin embargo, sí requiere recuperar virtudes que parecen haberse extraviado en el siglo XXI: claridad de prioridades, sentido de urgencia, liderazgo firme y la voluntad de enfrentar intereses creados cuando estos obstaculizan el bienestar de los ciudadanos. En materia habitacional, esas virtudes se traducen en la capacidad de destrabar proyectos, acelerar permisos, coordinar organismos y comprender que las familias chilenas no pueden seguir esperando indefinidamente mientras la burocracia continúa creciendo.

En este sentido, resulta difícil ignorar que el ministro Poduje, al menos por su estilo y personalidad pública, parece dispuesto a incomodar. Y aquello puede transformarse en una virtud.

Los grandes problemas de nuestro país rara vez se resuelven sin desafiar inercias, alterar zonas de confort o enfrentar a quienes prefieren la inmovilidad antes que el cambio. Durante los primeros días de su gestión hemos observado señales de firmeza y voluntad de expresar convicciones aun cuando ello genere controversia. Sus detractores intentarán presentar esa actitud como soberbia, conflicto o autoritarismo. Sin embargo, la verdadera evaluación de un ministro no debe realizarse sobre la base de percepciones o etiquetas, sino sobre los resultados que sea capaz de obtener.

Después de todo, nuestra gente no necesita administradores de problemas. Necesita autoridades capaces de resolverlos. Por eso, más que juzgar a Iván Poduje desde prejuicios ideológicos, conviene medirlo por su desempeño. Si logra acelerar soluciones habitacionales, ordenar prioridades, mejorar la gestión pública y devolver al Ministerio de Vivienda el sentido de misión que parece haber perdido durante años, su paso por la cartera podría marcar un antes y un después.

Y si Iván Poduje logra encarnar siquiera una parte de las virtudes traspasadas entre generaciones, quizás no estaremos frente a un ministro más, sino ante la oportunidad de comenzar a resolver uno de los dolores sociales más profundos que afectan a miles de familias chilenas.

“Si Portales fue necesario frente a la anarquía, quizás Poduje lo sea contra el Wokismo”.

Jaime Beltrán Besnier
Asesor Legislativo y Político

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