En un país de constantes catástrofes, resulta desalentador revisar los efectos de un diseño centralizado.

El año 1967 la alcaldía de Fudai, en el noreste de Japón, comenzó la construcción de una obra monumental. Considerada entonces como descabellada, incluía un muro de concreto de 15,5 metros de alto por 205 metros de largo, y gigantescas compuertas de acero. Más de cuarenta años después, fue este muro el que resguardó a Fudai del tsunami que arrasó la región en 2011.

Dos lecciones de esta historia son relevantes para Chile. La primera, es el valor incalculable de la prevención en países con tendencia a las catástrofes naturales. La segunda, es la importancia del enfoque territorial para prevenirlas y enfrentarlas.

Sobre la prevención, recordemos que Chile cuenta con el Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Ley 21.364), diseñado a partir del terremoto y tsunami del año 2010.

El modelo, que se articula mediante Comités para la Gestión del Riesgo de Desastres (Cogrid) con versiones nacional, regional y comunal, sigue una lógica de acción vertical, desde lo nacional a lo comunal, teniendo entre sus facultades la prevención y mitigación.

Respecto al enfoque territorial, la clave está en conocer el territorio para desarrollar estrategias efectivas, adecuadas a la realidad.

El muro de Fudai salvó vidas porque fue pensado por la administración local, y no por el Gobierno Central. Precisamente por ello, sería esperable que nuestro modelo de gestión fuera inverso, es decir, que escale desde lo comunal a lo nacional, en la medida que las catástrofes aumenten su rango.

Asimismo, tal y como el Cogrid comunal es presidido y coordinado por la autoridad electa, el Cogrid regional debiera ser liderado por el respectivo Gobernador Regional. Sobre este punto, basta recordar que la administración superior de la región recae en el Gobierno Regional, organismo que además es el conocedor por excelencia del territorio.

En un país de constantes catástrofes, resulta desalentador revisar los efectos de un diseño centralizado, en donde los Cogrid suelen activarse cuando las catástrofes ya ocurrieron, su coordinación no recae en quienes efectivamente conocen y administran el territorio, y su presupuesto asignado es sujeto a recortes.

Así, ad portas de un complejo invierno por el denominado “Súper Niño”, lecciones como la del muro de Fudai sólo son historias de una realidad tristemente lejana.