Veamos este Día Mundial del Medioambiente como una invitación a replantear nuestra manera de entender la naturaleza y nuestro lugar dentro de ella.

Cada 5 de junio conmemoramos el Día Mundial del Medioambiente. Sin embargo, más que una fecha para recordar la urgente crisis ecológica y humanitaria que enfrentamos, debería ser una oportunidad para preguntarnos algo más profundo: ¿qué relación estamos construyendo hoy con el mundo que sostiene nuestra vida?

Durante décadas hemos hablado del “medioambiente” como si fuera algo externo a nosotros, un escenario que nos rodea y que debemos proteger. Pero quizás esta sea una de las principales dificultades de nuestro tiempo. No vivimos separados de la naturaleza. Somos parte de ella. Respiramos gracias a ella, nos alimentamos de ella, nos refugiamos en ella y dependemos de ella para existir.

En una época marcada por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la creciente urbanización, también enfrentamos una crisis silenciosa: la desconexión.

Existen niños, niñas y adolescentes que han tenido escasas oportunidades de explorar un bosque, caminar por un humedal, observar un insecto o simplemente jugar libremente bajo un árbol. Lo preocupante es que esta realidad ya no afecta únicamente a las nuevas generaciones; muchos adultos también han perdido esa relación cotidiana con los espacios naturales.

La evidencia es clara. Diversos estudios internacionales muestran que el contacto frecuente con la naturaleza favorece el bienestar físico, emocional y cognitivo de niños y jóvenes. Sin embargo, investigaciones recientes indican que cerca del 40% de los niños en edad preescolar pasa una hora o menos al día jugando al aire libre durante la semana. Mientras tanto, aumentan las horas frente a pantallas y disminuyen las oportunidades de encuentro con el exterior.

Frente a este escenario, el desafío no consiste únicamente en enseñar contenidos sobre reciclaje, contaminación o conservación. Necesitamos recuperar la experiencia. Necesitamos que los niños puedan volver a maravillarse, hacerse preguntas, observar, tocar, explorar y comprender que forman parte de una red de vida mucho más amplia.

Por ello, resulta esperanzador ver cómo escuelas, organizaciones, fundaciones, comunidades y educadores estamos trabajando para acercar a más personas a los espacios naturales.

Cada salida, cada experiencia de aprendizaje al aire libre, cada recorrido por un parque, bosque, humedal o plaza representa mucho más que una actividad educativa: es una oportunidad para reconstruir vínculos. Porque nadie protege aquello que se siente lejano. Nadie cuida aquello con lo que no ha logrado conectar.

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Veamos este Día Mundial del Medioambiente como una invitación a replantear nuestra manera de entender la naturaleza y nuestro lugar dentro de ella. A reconocer que el cuidado ambiental no comienza con una campaña ni con una fecha en el calendario, sino con una relación más íntima, cercana y consciente con aquello que nos sostiene día a día.

Si queremos un futuro más habitable, debemos garantizar que las nuevas generaciones no solo aprendan sobre la naturaleza, sino que también tengan la oportunidad de sentirse parte de ella.

Javiera Rojas
Coordinadora del programa Aula Tricao en Fundación Parque Tricao.

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