El pingüino de Humboldt y el emperador habitan mundos distintos, pero comparten una misma fragilidad. Sus destinos dependen de decisiones humanas, desde lo territorial hasta lo climático.

Cada 25 de abril se conmemora el “Día Mundial del Pingüino”, una fecha que busca concienciar sobre la conservación de estas aves marinas, pero, más que una efeméride, es una invitación a mirar con atención lo que ocurre en nuestros ecosistemas. Porque hablar de pingüinos es, en realidad, hablar del estado de salud del océano.

En Chile, el pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) se ha vuelto un símbolo incómodo. Su presencia en la costa norte convive con proyectos industriales que tensionan su protección. Así, cada discusión sobre su hábitat nos enfrenta a una pregunta clave: cuánto estamos dispuestos a resguardar.

Lejos de ser solo un ave carismática, Spheniscus humboldti es un indicador ecológico. Su estado refleja el equilibrio del sistema de la corriente de Humboldt, uno de los más productivos del planeta. Cuando sus poblaciones disminuyen, lo que vemos es una señal de alerta sobre cambios más profundos.

Sin embargo, el debate suele caer en una falsa oposición entre desarrollo y conservación. Proteger a esta especie no es un lujo, sino una inversión en estabilidad ecológica. Los pingüinos cumplen roles en las cadenas tróficas y en el transporte de nutrientes, sosteniendo procesos que impactan incluso en la economía.

A miles de kilómetros, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) nos enfrenta a otra escala del problema. Esta especie depende del hielo marino antártico para reproducirse, un entorno cada vez más inestable. Lo que allí ocurre ya no es una advertencia, sino una evidencia del cambio en curso.

La ciencia ha documentado pérdidas masivas de crías cuando el hielo se rompe antes de tiempo. Estas alteraciones, vinculadas al calentamiento global, afectan directamente su supervivencia. No es un escenario futuro: es una transformación que ya está ocurriendo.

Por ello, su estado de conservación ha sido recientemente actualizado de “casi amenazado” a “en peligro de extinción”, según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Entonces, el problema ya no es local, sino global.

El pingüino de Humboldt y el emperador habitan mundos distintos, pero comparten una misma fragilidad. Sus destinos dependen de decisiones humanas, desde lo territorial hasta lo climático. En ambos casos, la ciencia es clara, pero la acción aún es insuficiente…

¿Por qué deberían importarnos los pingüinos? Porque son centinelas de los océanos y del clima del planeta. Cuidarlos no es solo proteger una especie, sino resguardar las condiciones que sostienen la vida que conocemos.

Dra. Juliana Vianna
Académica UNAB
Directora alterna Instituto Milenio CRG
Investigadora Instituto Milenio BASE de ciencia antártica

Nuestra sección de OPINIÓN es un espacio abierto, por lo que el contenido vertido en esta columna es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de BioBioChile