Como no pudieron terminar con la corrupción, la solución es más creativa: legalizarla.

Una de las tantas joyitas que trae la famosa “Ley tutifruti” es digna de aplauso…o de preocupación, depende del humor. Porque ahora, en el Ministerio de Obras Públicas, se pretende abrir la puerta para contratar parientes, ya sea como funcionarios o a través de empresas que construyan obras.

O sea, lo que antes era conflicto de interés y derechamente corrupción, hoy pasa a ser…oportunidad laboral familiar, léase el artículo 4 del proyecto.

Pero eso no es todo. También aparece esta elegante figura de las “consultas directas”, que -en simple- significa que se puede pasar por el lado del Sistema de Compras Públicas para el caso de concesiones. Sí, ese mismo que se creó para evitar abusos, favoritismos y arreglines. Ahora, al parecer, es opcional. Un detalle más, un trámite menos.

Entonces uno empieza a entender la lógica. Es una estrategia al más puro estilo de Prohibition in the United States en los años 20: como no pudieron terminar con el tráfico de alcohol…lo legalizaron. Problema resuelto.

Bueno, acá parece que vamos por el mismo camino. Como no pudieron terminar con la corrupción, la solución es más creativa: legalizarla. Así ya no hay delito, no hay escándalo, no hay nada que investigar. Todo dentro de la norma. Todo en regla.

Y claro, después vendrán las explicaciones técnicas, los discursos bien armados, las palabras bonitas -o no tan bonitas en caso de la ministra vocera-. Pero en la práctica, lo que queda es una sensación bastante clara: se está acomodando la ley para que la corrupción y el robo, dejen de ser cuestionadas.

Esto fue como un ministro de Salud que eliminó las listas de espera simplemente borrándolas. La receta de eliminar un delito para las derechas no es persiguiéndolo, sino cambiando la ley para eliminar el acto como delito.

La otra opción es que existan hechos que son delito para algunos, pero para otros -la derecha y sus parientes- son tan buena idea que hay que cambiar la ley de forma que no sean delito. Este último mes me he acordado mucho del libro “El carerrajismo” pero con esto del MOP creo que lo volveré a leer.