Celebrar la cocina chilena sin cuestionar nuestros hábitos actuales sería quedarse en la superficie.

El 15 de abril se celebró el Día de la Cocina Chilena, fue titular en muchos medios, con hermosas fotografías de platos típicos de nuestro país, pero hablemos honestamente: ¿qué entendemos por “comer como chilenos”?

Nuestra cocina está llena de historia, identidad y, por sobre todo, cariño. Si pensamos en nuestros mejores recuerdos de infancia, muchas veces se nos viene a la mente un momento en que terminábamos sentados a la mesa en familia, comiendo algo rico y tradicional. Por mi parte, es inolvidable el pastel de choclo de mi abuelita.

La cocina chilena es un equilibrio perfecto entre sabor y nutrición. Platos como la cazuela, el pastel de choclo, el charquicán o los porotos representan una variedad de sabores de estación. El cruce de colores y texturas habla de una historia, una tradición y una sencillez que nos ha marcado como nación.

Sin embargo, esta práctica culinaria ha ido quedando atrás. Hoy tenemos opciones más rápidas, más procesadas y con mayor presencia publicitaria, donde las estaciones del año no importan y que, muchas veces, pueden ser más dañinas.

Esto no es solo una falta de patriotismo o un olvido de nuestros ancestros. El ritmo de vida, la industria alimentaria y la publicidad han fomentado el aumento de productos ultraprocesados e instantáneos, marcando una evidente distancia con las preparaciones caseras, la cocina en familia y la compra de frutas y verduras frescas en la feria.

En este sentido, celebrar la cocina chilena sin cuestionar nuestros hábitos actuales sería quedarse en la superficie.

El Día de la Cocina Chilena podría ser, entonces, algo más que una conmemoración para redes sociales. Debería transformarse en un punto de inflexión, una excusa para mirar nuestros platos y reflexionar sobre cuál será nuestra herencia culinaria para las nuevas generaciones.

Nuestro desafío no está en desempolvar recetas olvidadas en el cajón de cocina de nuestras abuela, quizás es más simple. Volver a cocinar y reconectarnos con este arte culinario ancestral, porque no estamos olvidando la cocina chilena: la estamos reemplazando.

Que volver a cocinar con productos frescos y de temporada sea parte de nuestra vida diaria y nos permita reconciliarnos con una forma que parece olvidada, comer como chilenos.

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