La magnitud de las tareas a abordar exige un trabajo transversal, que deje de lado intereses políticos o sectoriales y convoque a todos los actores.

Los incendios forestales que han asolado las regiones del Biobío y Ñuble constituyen una de las peores catástrofes sociales y ambientales de los últimos años. El siniestro ha cobrado más de 20 vidas humanas y ha dejado más de 20 mil personas damnificadas, incluidas familias que perdieron sus hogares y todos sus enseres.

Aunque las autoridades coinciden en que es muy prematuro realizar estimaciones certeras y que el foco está en acompañar a las personas afectadas y controlar la emergencia, los centenares de viviendas destruidas o severamente dañadas y las más de 34 mil hectáreas consumidas por el fuego, entre bosques, terrenos agrícolas y áreas periurbanas, dan cuenta de la magnitud de las pérdidas.

Las universidades del Consejo de Rectores del Biobío y Ñuble tienen estudiantes, académicos(as), docentes y funcionarios(as) que han visto sus vidas gravemente alteradas por las evacuaciones, la devastación de sus bienes y el dolor por la partida de seres queridos.

Pero también hemos sido testigos de la fortaleza de las personas afectadas y de la solidaridad y empatía de nuestras comunidades, así como de la ciudadanía y organizaciones sociales, que se movilizaron prontamente para ir en ayuda de los sectores damnificados.

Campañas solidarias, apoyo a municipios, organizaciones sociales y equipos de emergencia, voluntariado estudiantil, atención y acompañamiento a las personas afectadas. Todo ello nos habla de nuestro profundo arraigo territorial y del gran sentido de compromiso social y regional que caracteriza a nuestras universidades.

Sin embargo, cuando la urgencia del combate al fuego comienza a dar paso al enorme desafío de la reconstrucción y la prevención de futuros desastres, como ha sucedido en las distintas catástrofes que han afectado a nuestras queridas regiones, nuestra respuesta no puede ni debe limitarse a reaccionar ante la emergencia.

Se requiere una estrategia de largo plazo, sustentada en evidencia científica y técnica, en planificación territorial participativa y en políticas públicas sólidas que integren la gestión del riesgo, la protección de las personas y de los ecosistemas, infraestructura resiliente y educación comunitaria.

La magnitud de las tareas a abordar exige un trabajo transversal, que deje de lado intereses políticos o sectoriales y convoque a todos los actores: Estado, sector productivo, mundo académico y, muy especialmente, a las comunidades. Es necesario impulsar el diálogo, fortalecer las confianzas, trabajar de manera colaborativa y construir una visión compartida de desarrollo sostenible para nuestras regiones.

Desde las universidades del CRUCH Biobío y Ñuble, no sólo nos ponemos al servicio de estos grandes desafíos. También queremos levantar una voz de esperanza: Nuestras regiones cuentan con la resiliencia, fortaleza, templanza y solidaridad de su gente, así como con las capacidades institucionales, para avanzar hacia territorios más resilientes y mejor preparados para enfrentar las emergencias actuales y futuras, que nos permitan soñar con un futuro mejor para el Biobío y Ñuble.

Dr. Benito Umaña Hermosilla
Rector UBB

Dr. Carlos Saavedra Rubilar
Rector UdeC

Dr. Cristhian Mellado Cid
Rector UCSC

Dr. Juan Yuz Eissmann
Rector UTFSM

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