Nuestras autoridades sanitarias se encuentran implementando en forma proactiva una serie de acciones y medidas especiales para reducir los contagios de covid-19 en el país. La pandemia iniciada en nuestra región el primer trimestre del 2020 no solo se llevó cientos de vidas humanas, sino que además afectó el aprendizaje de millones de niños y jóvenes en etapa escolar.

De acuerdo a una encuesta sobre el sistema escolar en pandemia, desarrollada por el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile y la Escuela de Gobierno y el Instituto de Sociología de la Universidad Católica, a nivel general un 80% de los colegios ha tenido clases presenciales; un 90% en el caso de colegios subvencionados y particulares; y un 61% en el caso de los municipales. Asimismo, se espera que durante septiembre del presente año otro 20% de los colegios municipales abran. No obstante, el análisis reveló que la asistencia de los estudiantes sólo alcanza un 40% del aforo dispuesto por los colegios.

Entre todas las interpretaciones sobre los motivos que expliquen este número de asistencia, surgen las dudas sobre los principales temores y pendientes en torno al regreso presencial. Es imperativo que autoridades gubernamentales no sólo definan e implementen los protocolos necesarios para el adecuado y seguro regreso a clases de alumnos, docentes y otros colaboradores, sino que además establezcan los mecanismos de auditoría y control que contribuyan a la anhelada continuidad operacional de los establecimientos y así no continuar debilitando el aprendizaje de millones de estudiantes.

Sin duda ésta no es tarea fácil ya que, en primer lugar, los volúmenes de personas que se requiere administrar son significativos, aspecto que se complejiza aún más al considerar que la gran mayoría de ellos son menores de edad. Adicionalmente, la multiplicidad de posibles contactos de covid-19 factible en los establecimientos es un tema no menor y si a esto sumamos la necesidad de realizar modificaciones en su infraestructura -con el consecuente impacto financiero-, se hace aún más difícil de implementar.

Al igual que en todo proceso de transformación organizacional donde se requiere gestionar el cambio, el retorno a las actividades presenciales en el mundo educacional nos exige la creación de diversos planes de capacitación, cuyo objetivo central no sólo consista en potenciar el desarrollo de las conductas seguras y autocuidado que son necesarias implementar, sino que también evaluar el adecuado nivel de conocimientos adquiridos por los alumnos sobre el correcto uso e implementación de los protocolos de prevención, así como la necesidad de incorporar tecnología disponible que ayude a cumplir la tarea.

Asimismo y como complemento, existen dos aspectos que no deben quedar ausentes. Primero, el implementar desarrollos tecnológicos, tales como Declaraciones Preventivas de Salud, ya que contribuyen de manera certera a cumplir la prevención y, segundo, la implementación de planes de liderazgo para docentes con la finalidad de fomentar sus habilidades de dirección de personas, tanto en sistemas presenciales como virtuales, puesto que son ellos los principales llamados a transmitir y modelar en el alumnado y toda la comunidad escolar la importancia de las conductas de autocuidado. Por último pero no menos importante, es necesario implementar programas de contención emocional para padres y apoderados, quienes han vivido directamente las modificaciones conductuales experimentadas por sus hijos producto de los meses de encierro o cuarentenas; por tanto, es necesario proporcionarles herramientas desde la psicología educacional y los principios educativos para que puedan guiar adecuadamente la conducta de éstos.

Carlos Pérez Vargas
Psicólogo laboral y gerente general de Augura Advices