El combate a la pobreza es el objetivo N°1 de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, y el punto de partida para evolucionar en los demás objetivos. Estamos ya atrasados en su cumplimiento para el 2030 y ahora, debido a la profunda crisis, -constatamos con tristeza-, que no solo hemos perdido años de crecimiento y desarrollo, sino también, hemos retrocedido al menos dos décadas. De acuerdo a la encuesta Casen 2020, la tasa oficial de pobreza por ingreso pasó de 8,6% en 2017 a 10,8% el año pasado, representando el primer incremento desde el 2000, cuando pasó del 35% anotado en 1998 a 36%.

En ese contexto, un estudio del Instituto Mundial para la Investigación de la Economía del Desarrollo de la Universidad de Naciones Unidas (UNU-Wider), alertó de un aumento explosivo de la pobreza global. Producto de la pandemia, hasta 400 millones de personas entrarán en esa situación, totalizando unos 1.100 millones de pobres en todo el mundo.

Pacto Global, hace un llamado urgente para que combatamos este flagelo con la máxima energía y solidaridad a nivel planetario. Debemos elevar nuestro comportamiento ético y nuestro compromiso con el bien común, para qué en conjunto, gestionemos la crisis más grande de nuestra historia, de manera decidida, pacífica y colaborativa.

Los líderes empresariales de todo el orbe, han invitado a repensar la forma de hacer negocios y han señalado cómo enfocar su liderazgo como palanca para acelerar cambios positivos, fijando objetivos empresariales inspirados en los Diez Principios del Pacto Global, porque ello garantiza la atención de los más vulnerables, sin desatender los objetivos del negocio, y reimpulsar la Agenda 2030, de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Es que la crisis de los medios de vida, los salarios y la pérdida de empleos, se mitiga mejor cuando los países tienen políticas de compensación por desempleo -incluso para los trabajadores del sector informal que son los más afectados- y cuando las empresas, organizaciones, academia y sociedad civil, se unen con los gobiernos, para hacer frente a la crisis mundial, que tiene un impacto inconmensurable, sobre todo, en las comunidades más vulnerables y en nuestros países de América Latina.

Tenemos una agenda global, contamos con la visión, los medios de gestión y tecnológicos para abordar nuestros problemas, por lo tanto, esta es una oportunidad para crear un mundo que propicie la prosperidad, justicia social y sostenibilidad ambiental si cooperamos. La alta dirección de las empresas y particularmente los directores y gerentes de las compañías, deben liderar desde sus organizaciones, la respuesta a la crisis, debido a su alta capacidad de influencia, sobre la compañía, sobre la comunidad empresarial, sobre los gobiernos y sobre la sociedad entera.

En definitiva, en medio de la pandemia que hoy azota al mundo, estamos llamados a resolver los problemas de urgencia e intentar, por todos los medios, superar la profunda crisis. Debemos combatir la adversidad, delineando proyecciones y escenarios, con liderazgo, solidaridad y esperanza, y así hacer frente a esa pobreza que día a día nos muestra su rostro.