Quienes han luchado por el respeto a la diversidad, vivieron durante junio el Mes del Orgullo, destinado a visibilizar a la comunidad LGTBQ+ y favorecer la inclusión en todos los ámbitos de la sociedad.

Pero no basta quedarnos con las buenas intenciones expresadas en junio. La inclusión es un trabajo permanente y de largo aliento, para lograr un cambio cultural que acoja a la diversidad.

Esto se aplica especialmente en el mundo del trabajo. Hay acciones concretas que las organizaciones pueden realizar para eliminar los sesgos y permitir a las personas desplegar sus talentos, independiente de su orientación sexual o de género.

El primer paso es contar con procesos de selección de personal diseñados científicamente para medir talentos y habilidades para el trabajo. Hasta el momento, solo el 49% de los trabajadores han pasado por este tipo de procesos según estudios.

Una adecuada evaluación permite a las personas llegar al puesto de trabajo que mejor se ajusta a sus competencias. En efecto, el 81% de quienes han pasado por este proceso muestra satisfacción por su trabajo. Entre quienes no han sido evaluados, el nivel de satisfacción baja a 65%.

También es importante crear una cultura organizacional abierta a la diversidad. Un ejemplo de esto son los programas de mentoría, que acompañan a las personas LGTBQ+ en su inserción laboral, e incorporan a todo el equipo y a la comunidad en la promoción de un clima laboral inclusivo.

De aquí a 30 años, la diversidad será la norma. Las organizaciones pueden comenzar hoy mismo a impulsar acciones para incorporar los nuevos talentos que se están visibilizando.

Anabella Capetillo
ManpowerGroup Chile