Según la reciente encuesta del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, el desempleo en el gran Santiago se mantiene en más de un 11%. Este escenario nos llama a reflexionar sobre diversas maneras de cómo buscar y conseguir un empleo.

Una de ellas es a través de nuestras redes de contactos que nos lleva inmediatamente a otra reflexión. Es aquí donde surge el clásico concepto de “pituto”, el cual refiere a un “contacto personal” que sirve para obtener beneficios como podría ser un empleo. En este contexto, el pituto puede ser, digámoslo así, malo y bueno.

El “malo” describe una situación en que una persona “apitutada” logra obtener un trabajo debido a sus redes de contactos personales o familiares, sin considerar su idoneidad profesional. Esto disminuye la movilidad social, concentra las oportunidades laborales e impide que las personas mejor calificadas lleguen a ocupar los puestos adecuados.

Por su parte, el “buen pituto” se diferencia del anterior pues no habría una maniobra que favorece la contratación de personas incompetentes, pero bien contactadas. Muchas personas utilizamos los contactos personales como herramienta para buscar empleo. Éste permitiría resolver problemas de asimetrías de información en los procesos de reclutamiento. Sin embargo, su uso genera efectos no deseados, pues la calidad y cantidad de contactos personales suelen estar relacionados con el nivel socioeconómico.

Según una encuesta de Fundación Forge aplicada en Chile, Argentina, Uruguay, Perú y México, en la que participaron 6.419 personas y 227 empresas, el 40% de las personas usa contactos personales para la búsqueda de empleo. En tanto, el 39% de las empresas los utiliza para la búsqueda de postulantes. Chile figura como en Top One en el uso de contactos personales (50% en las personas y 44% en las empresas).

¿Qué podemos hacer para evitar que el pituto profundice la brecha social? Primero, las empresas debieran promover procesos de reclutamiento inclusivos, favoreciendo la búsqueda activa de postulantes con perfiles diversos, disminuyendo los sesgos de selección. Segundo, es necesario “apitutar” a las personas competentes que no cuentan con una robusta red de contactos. Fundación Forge y otras organizaciones privadas y públicas hemos avanzado en ofrecer servicios de intermediación laboral de calidad favoreciendo la inclusión laboral.

Es cierto, Chile es un país de pitutos, está en nuestras manos disminuir la exclusión que ellos generan y hacer que corran en favor de quienes más lo necesitan.

Francisco Ruiz
Director Fundación Forge Chile