Opinión
Miércoles 29 mayo de 2019 | Publicado a las 11:53 · Actualizado a las 09:53
Una casa en llamas: Patriarcado y Medio Ambiente
Por Tu Voz
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Texto de Patricia Crispi

Economista, Feminista y Cuentautora de la obra Sabinerías

El Patriarcado est√° en crisis. De un lado mujeres m√°s conscientes, por el otro, la crisis medioambiental…

Economista, Feminista, Teatrista y Cuentautora de la obra Sabinería

El Patriarcado est√° en una crisis tremenda. De un lado las mujeres, con m√°s grados de consciencia, autonom√≠a y libertad, salen al mundo p√ļblico, comparten vivencias y denuncian la violencia sexual. El feminismo se hace palabra y sentido com√ļn.

Por otro lado, la crisis medioambiental muestra evidencias, cada día mayores, que la tierra prometida que creíamos infinita no lo es, que el consumo a escala primer mundo no es posible en el mundo entero y que el capitalismo depreda no solo animales, también rompe los equilibrios mínimos y amenaza la vida humana. Y entonces, a las migraciones por guerras, consecuencia de las peleas por la energía para seguir aumentando producción y consumo, riqueza y poder, se suman las migraciones por la falta de agua, que ocasionan los proyectos mineros y forestales de las mega transnacionales.

Y bueno, estos desplazamientos generan miedo que radicalizan los nacionalismos de derecha y la voz feminista tambi√©n genera miedo que radicaliza a la derecha. Tenemos entonces por un lado a una extrema derecha que cunde en apoyo y volumen, su voz cada vez m√°s iracunda y desalmada‚Ķy por el otro, las mujeres, los ecologistas y los pueblos originarios, moviliz√°ndose en distintos planos, no solo para denunciar, tambi√©n organiz√°ndose, cooperativizando el consumo y la producci√≥n, cultivando sus propios huertos, rez√°ndole a sus propios dioses, en fin, sac√°ndole la lengua al Patriarcado para vivir y convivir con mayor sustentabilidad y sensatez. A lo que se suman movilizaciones de diversos grupos que reclaman derechos humanos, salud para todos, educaci√≥n gratuita, desprivatizaci√≥n del agua, jubilaciones dignas. Todo lo anterior en aumento, pero a√ļn en el margen, mientras la gran masa de la poblaci√≥n sigue obnubilada con el progreso, sin ninguna consciencia que su consumo de carne o ropa podr√≠a estar contribuyendo al colapso.

Un colapso que ya comenz√≥ y todo indica que no hay fuerza pol√≠tica para pararlo. Que los desastres dichos y redichos por cient√≠ficos y autoridades competentes ir√°n en aumento, mientras los acuerdos por el clima se desacuerdan. Pero mirando la bola de cristal tambi√©n se ve que el eco-feminismo donde confluyen la inquietud ecol√≥gica con la de g√©nero ser√° la pol√≠tica de las nuevas generaciones. Porque la fuerza que degrada al planeta, saqueando la fauna silvestre y las tierras v√≠rgenes, es la misma fuerza machista que degrada a la mujer, saqueando su territorio √≠ntimo. Y as√≠, la rebeli√≥n feminista actual que circula por occidente ‚ÄúMe Too‚ÄĚ se conjuga con la ‚ÄúRebeli√≥n contra la Extinci√≥n‚ÄĚ que acaban de declarar los j√≥venes, conscientes que su futuro est√° en riesgo.

Lo otro que se ve es que la oleada feminista actual, desde el momento que llegó a esta zona tan íntima y universal que es el cuerpo, es bastante imparable. Y ocurre que la movilización ecologista, frente a los desastres naturales en alza, también resulta bastante imparable. Esto es muy interesante porque finalmente la emoción de apropiación machista que denigra a la mujer y vulnera sus derechos, es la misma emoción fundante del patriarcado que depreda el medio ambiente y amenaza la vida humana. La crisis ecológica no se solucionará sin el cambio del paradigma machista y viceversa. Y ambos movimientos están en un punto crítico.

El empoderamiento de las mujeres ha llegado a la realidad y consciencia de que ‚Äúel machismo mata‚ÄĚ. Y por otro lado, el calentamiento global est√° matando especies enteras de plantas y animales, matando incluso la posibilidad que los humanos sigamos viviendo en la tierra.

Lo ins√≥lito es que estas movilizaciones sean tan reducidas dada la magnitud de la crisis. Yo misma puedo tener mucha consciencia desde un hemisferio del cerebro, pero en el otro se me olvida. Hago algunos gestos de Recicla-Reduce-Reutiliza pero tan m√≠nimos que dan risa. Me subo a un avi√≥n contenta sin preocuparme de la huella de carbono que ese viaje implica, disfruto de los calorcitos y falta de lluvias de oto√Īo, sin asociarlo con el calentamiento global y la sequ√≠a. Aferrada a patrones culturales de consumo que suponen una producci√≥n infinita, vivo la vida como si fuese infinita.

Y bueno, la verdad es que la vida del planeta Tierra es bastante infinita: da lo mismo si lo calentamos 1, 2 o 5 grados, el planeta no se morir√°. M√°s grados no podremos calentarlo porque antes nos moriremos nosotros. Achicharrados. Lo nuevo es eso: que la especie humana que cre√≠amos inmortal no est√° si√©ndolo. Siempre hay muchas especies que se van extinguiendo, la novedad es que somos la √ļnica especie consciente de su extinci√≥n. Una extinci√≥n provocado por nosotros mismos. Y no hacemos nada. O no hacemos lo suficiente. Un suicidio a gran escala y corto plazo. Y ah√≠ est√° el drama que denuncian los ni√Īos del ‚ÄúFriday for Future‚ÄĚ. Estamos dejando a nuestros nietos sin futuro. Decimos quererlos pero les vamos a dejar una casa en llamas.

Veo a una chica sueca con largas trenzas que asusta y averg√ľenza a las elites, irresponsables del planeta que legaremos a nuestros nietos. Veo a los poderes f√°cticos aferrados al m√°stil de la concentraci√≥n de la riqueza mientras el barco de su Titanic avanza con decisi√≥n al choque con t√©mpanos de hielo que no quieren (¬Ņo no pueden?) ver. Veo a miles, millones de ni√Īos y ni√Īas cant√°ndole a la esperanza. Miro de nuevo la bola de cristal y llamas surgidas del fondo de la tierra-√ļtero, me encienden la promesa que prevaleceremos a pesar nuestro.

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