Opinión
Jueves 27 septiembre de 2018 | Publicado a las 15:23
M√°s horas de clase, menos aprendizaje: ¬Ņqu√© pasa en las salas de clase en Chile?
Publicado por: Tu Voz
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Esta semana, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), presentó el informe Education at a Glance 2018. Dentro de los diversos temas que aborda, analiza qué pasa en las salas de clases y, nuevamente, demuestra que tenemos mucho que problematizar, mejorar y construir en la materia.

Lo primero que se destaca es que los ni√Īos y las ni√Īas chilenas ‚Äďde primero a sexto b√°sico- est√°n 1.039 horas anuales en clases. Ello significa que en 6 a√Īos, pasan 6.233 horas en el aula, siendo el promedio OCDE de 799 horas anuales y 4.620 horas en el mismo per√≠odo de escolaridad comparado.

Lo segundo que destaca el informe es que, en promedio, los estudiantes de pa√≠ses OCDE, tienen fuera de sus establecimientos educacionales, m√ļltiples y mayores recursos culturales y educativos a su disposici√≥n, lo cual favorece que aprendan de manera acumulativa en todos los espacios que participan como ciudadanos y ciudadanas.

Si compar√°ramos esta realidad con nuestro pa√≠s, podr√≠amos decir que, en nuestras poblaciones y barrios, s√≥lo la tem√°tica de las √°reas verdes y seguridad ya nos obliga a recrearnos desde ni√Īos y ni√Īas, de otra forma. Por ejemplo, en la cultura del encierro, de la descomunicaci√≥n sociocultural y la virtualidad obsesiva. En muchos casos, no existen otras opciones.

En tercer lugar, el informe da cuenta de que los y las profesoras chilenos/as est√°n en promedio 1.064 horas lectivas en el aula, lo cual en relaci√≥n al indicador respectivo de los pa√≠ses considerados para este estudio, supera en casi 300 horas anuales nuestra realidad laboral docente. Es decir, a pesar de los ‚Äúesfuerzos‚ÄĚ por generar mejores y mayores tiempos para los desaf√≠os que contiene el trabajo docente, a√ļn se mantiene la idea que el profesor s√≥lo hace clases.

La pedagogía requiere no sólo tiempo, sino que debe ser reflexionada, discutida, intencionada y compartida. La pedagogía requiere explorar nuevos caminos, descubrirlos, implementarlos y evaluarlos. Estar en la sala de clases no puede ser una rutina, un sufrir. Estar en la sala de clases es conversar, estar y ser en el mundo, sobre mi comunidad, sobre lo que siento y quiero, sobre lo que sentimos y queremos.

La sala de clases es un ahora, es un proyecto situado. No puede ser homog√©neo ni ser invisibilizador de infancias. Ser ni√Īo y ni√Īa en un contexto que niega, es ser un ave en una jaula: se sigue siendo ave, pero se pierde su esencia, pues el volar da libertad, posibilidad, experiencia.

Entonces, en este escenario, me pregunto qué es lo que podemos analizar y compartir para tensionar la mirada y resignificar estos antecedentes presentados. Qué es lo que podemos reflexionar como educadores y pedagogas, como ciudadanos y ciudadanas.

Para quienes creemos en una pedagogía crítica y ciudadana, que se construye desde el diálogo, reflexión y acción conjunta para avanzar hacia las transformaciones que requiere la educación, lo primero que podemos concluir es que la ecuación más horas en clases con menos horas para la pedagogía, no significa mayores y mejores resultados. Por el contrario, precariza todo, especialmente a quienes asisten y trabajan en aulas-escuelas situadas en contextos de pobreza.

Por tanto, lo que sucede o no sucede en esas horas de clases no es s√≥lo responsabilidad de los y las educadores/as, como a algunos les encanta concluir, sino que particularmente es el Estado el que debe generar las condiciones indispensables, no m√≠nimas, para recrear un proyecto pa√≠s que favorezca a las personas, los ni√Īos y ni√Īas, las comunidades educativas, y no s√≥lo los resultados de algunos por sobre otros/as.

Las razones o argumentos que esgrimen los especialistas conservadores de nuestro pa√≠s, en un tiempo de profundas transformaciones educativas, particularmente para la educaci√≥n b√°sica nacional, pues no consideran las necesidades e inter√©s de los ni√Īos/as, de las docentes, de las familias. Se les invisibiliza y exigen habilidades, logros y resultados que no pueden aislarse de las inequidades e injusticias a√ļn existentes en nuestra sociedad.

La infancia no es un producto, no es un artefacto. La infancia es exploración, creatividad, juego, lenguaje y convivencia. Es experiencia y bienestar. No podemos seguir el camino actual… debemos buscar nuevos senderos.

Es m√°s, si quisi√©ramos tensionar a√ļn m√°s la mirada, podemos afirmar que si algo hoy se aprende en las escuelas, con tanto tiempo en la sala de clases, con tan escaso tiempo para repensar la escuela, las pr√°cticas pedag√≥gicas y, bajo condiciones salariales insuficientes; es a ser m√°s capitalistas, m√°s individuo, menos comunidad, menos persona. A ser menos infancia.

Relacionar, por tanto, algunas de las variables presentadas en el informe ‚Äďpor ejemplo, horas en aula de los/s estudiantes y horas de trabajo docente- pone en evidencia que las condiciones para generar mejores aprendizajes no est√°n siendo las que nuestras escuelas y comunidades requieren.

Por el contrario, si las profesoras y profesores de Educaci√≥n B√°sica no tienen el tiempo necesario y suficiente para planificar, dise√Īar experiencias significativas de aprendizajes, dialogar con sus colegas y comunidad, conocer a sus estudiantes, evaluar sus procesos formativos, conocer a sus apoderados y familias, dise√Īar materiales curriculares, diversificar sus instrumentos evaluativos, leer y ser part√≠cipe de la cultura escolar y comunitaria, recrear y tener espacio para la cultura, el arte, el deporte, en fin, para ser ciudadanos y ciudadanas, es remotamente imposible visibilizar e identificar lo que pueden realizar y, por cierto, lo que les sucede y necesitan aprender sus estudiantes.

Más horas de clases, menos aprendizajes, parece contradictorio, pero no lo es. Pues si no cambian las condiciones de inequidad, de agobio burocrático a los y las docentes, y las representaciones sociales neoliberales de los especialistas sobre la infancia y sus discursos; al parecer, todo seguiría estático o similar.

Sin embargo, los y las estudiantes chilenos aunque viviesen dentro del aula todos los d√≠as, todas las horas, no todes aprender√≠an lo que la sociedad capitalista les quiere ense√Īar. Pues silenciosamente resisten, se organizan, sue√Īan y act√ļan, nos dan se√Īales, nos desaf√≠an. No quieren m√°s notas. Quieren jugar y compartir, no quieren leer lo que nos gusta a los adultos, sino lo que les motiva. No quieren estar solos ni quieren ser tratados como iguales, sino respetados y educados en la diferencia.

Pues ese es el gran camino, la posibilidad, como dir√≠a el educador Paulo Freire. La esperanza. Es tiempo de decisiones. Podemos cambiar y podemos insistir-resistir. No es casual que el aprendizaje est√° en todos lados menos en la sala de clases, seg√ļn la OCDE. Es tiempo de comunidad y participaci√≥n, y qu√© mejor ense√Īanza, qu√© mejor aprendizaje.

Alexis Chelme Bustos
Es profesor de Educación General Básica con Especialización en Lenguaje y Comunicación. Magíster en Educación Mención Curriculum Educacional y Doctor (c) en Ciencias de la Educación. Director de Escuela de Pedagogía en Educación Básica, Facultad de Pedagogía de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Especialista en Curriculum, también ha abierto caminos al mejoramiento de los procesos formativos y en especial la práctica pedagógica, la diversidad y la inclusión

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