Opinión
Derecho a Educación, acceso universal y gratuidad de la Educación Superior
Publicado por: Tu Voz
¬ŅEncontraste alg√ļn error? Av√≠sanos visitas

El movimiento estudiantil del a√Īo 2006, y con mayor profundidad el de 2011, instalaron con fuerza en la agenda p√ļblica nacional los temas “ocultos/intocables” que la transici√≥n pol√≠tica hab√≠a confinado al olvido. As√≠, y acogidos en la validaci√≥n del pensamiento neoliberal como la √ļnica forma de pensar que nos leg√≥ la dictadura c√≠vico-militar, con un poder omnipresente en la narrativa del pacto social que por un cuarto de siglo nos ha regido, se ha de creer que lo pol√≠tico es algo impropio y que el pensamiento neoliberal es el √ļnico leg√≠timo por su car√°cter neutro y exclusivamente t√©cnico.

Hasta entonces, y s√≥lo con algunos cuestionamientos menores, la educaci√≥n en su apronte inicial en la transici√≥n democr√°tica deambul√≥ entre pol√≠ticas compensatorias de las grandes desigualdades sociales, matizadas con algunos intentos de cambiar la LOCE, pero siempre operando bajo un modelo de mercado que domina la escena educativa y que termin√≥ por controlar todo intento de cambio, fragmentando de manera exitosa el sistema educacional por las pol√≠ticas privatizadoras, que de manera abierta y sin tapujo, despojaron en forma creciente a la educaci√≥n p√ļblica de atribuciones y capacidades relevantes para garantizar el derecho a una educaci√≥n de calidad para toda la poblaci√≥n.

Este quebrantamiento se gener√≥ inicialmente en la educaci√≥n superior, bajando raudamente al sistema escolar con cierta pasividad de los gobiernos concertacionistas, al no dise√Īar pol√≠ticas propias para la educaci√≥n superior p√ļblica o estatal, pues desde el precario paradigma neoliberal ello estaba prohibido.

Si estamos de acuerdo que la educaci√≥n es uno de los instrumentos m√°s potentes de desarrollo de las personas y del pa√≠s, y en forma paralela, una de las claves para alcanzar una equidad razonable para su poblaci√≥n, es sumamente cuestionable que no sea un derecho de los ciudadanos el debido acceso a este mecanismo de justicia social y de desarrollo econ√≥mico tan eficiente. M√°s a√ļn para aquellas personas que de no poder acceder a este mecanismo, dif√≠cilmente alcanzar√°n por su propia cuenta condiciones de vida justas y dignas.

En razón de ello, no se entiende que se defina la educación como un bien de consumo, y que a la sociedad, por medio del Estado, se responsabilice solamente de financiar un estándar mínimo, y que toda ambición por una calidad superior debe ser pagada directamente por las personas.

Esto se podr√≠a comprender si aquellas personas no requieren de esta condici√≥n para lograr una calidad de vida adecuada. No obstante, resulta injustificable negar la oportunidad de acceso a una mejor educaci√≥n -de no tener los recursos econ√≥micos- a quienes m√°s necesitan de ella, bajo el racional de que los beneficios de la educaci√≥n son principalmente de apropiaci√≥n de la persona (privada) y no redit√ļan de manera importante a la sociedad.

La privatizaci√≥n “encubierta” de la educaci√≥n ha sustentado esta feble argumentaci√≥n, que es la que nos tiene bajo un pacto social que se torna cada vez m√°s insostenible y que, en sus m√©ritos privatizadores, sigue imperando el derecho de propiedad por sobre el derecho a educaci√≥n de calidad.

Garantizar constitucionalmente el derecho a una educaci√≥n de calidad, significa que la sociedad se responsabiliza de la provisi√≥n de las oportunidades educativas, en el m√°ximo de calidad para sus eventuales ciudadanos, a m√©rito solamente de ser tales, y accedan a este “derecho”.

Si la educación es un derecho social, y si estos derechos existen o no, son temas relevantes pero no desacreditan el que la sociedad determine provisionar este beneficio a sus eventuales ciudadanos, atendidas las consideraciones expuestas. Como igualmente pueda determinar no distribuirla bajo criterios de mercado, sino provisionarla a partir de criterios diferentes.

Decisiones netamente soberanas de los ciudadanos, pese a que el neoliberalismo nos “conculc√≥ este derecho”, otorg√°ndole poder a un Tribunal Constitucional que reemplaza el derecho soberano que nos asiste como ciudadanos a regir nuestro propio destino en el √°mbito p√ļblico, y con mayor raz√≥n en el privado. Prueba elocuente que el neoliberalismo no tiene nada de neutro.

La Educación Superior no ha sido definida por nuestra carta fundamental ni en la Ley General de Educación como un derecho social, sino que está mediatizada por criterios selectivos sustentados en la meritocracia académica.

Los estudios de valor agregado as√≠ lo demuestran, y los resultados en todas las series hist√≥ricas de las pruebas SIMCE, PAA y luego PSU, confirman que el origen socioecon√≥mico explica entre cuatro y seis veces m√°s que el aporte del establecimiento escolar. Esto es, las oportunidades en Chile est√°n significativamente m√°s definidas por la “cuna de origen familiar y social” que por las correcciones que introduce el establecimiento educativo.

Qu√© duda puede caber que el pa√≠s por razones econ√≥micas no provee este derecho como de acceso universal, medida que no deja de ser razonable, al menos provisionalmente en un escenario de restricciones financieras. Entonces, alternativamente la gratuidad surge como principio eficaz para garantizar el no pago de la ense√Īanza superior a aquellos que cumplan al menos con los puntajes m√≠nimos de admisi√≥n – ciertamente con una base a√ļn meritocr√°tica- .

La gratuidad de la Educaci√≥n Superior en el punto de servicio, como se la define t√©cnicamente, representa la concreci√≥n de un derecho largamente esperado por muchos. M√°s all√° de las serias y a veces ideologizados debates sobre la pertinencia de esta medida y sobre los tecnicismos -relevantes, pero no fundamentales desde el derecho en debate- la gratuidad, como pol√≠tica social masiva, se inscribe en el centro del proceso corrector de los desequilibrios de un mercado ortodoxamente neoliberalizado, en donde si bien se pueden discutir muchas cosas en referencia a esta situaci√≥n – al menos por un buen tiempo- la gratuidad abrir√° las puertas del cambio de paradigma en la Educaci√≥n Superior, y podremos entonces, con mayor tranquilidad y horizonte, analizar aquellos temas hoy “convenientemente indefinidos”.

As√≠ ¬ŅCu√°l es el sentido de la Universidad Estatal y c√≥mo desarrollar un sistema masivo de educaci√≥n superior p√ļblica que garantice el derecho a una educaci√≥n de calidad?

Sebastián Donoso Díaz
Investigador Asociado del Observatorio de Educaci√≥n Superior Cuech. Adem√°s es acad√©mico del Instituto de Investigaci√≥n y Desarrollo Educacional de Universidad de Talca e integrante del Consejo Asesor del Ministerio de Educaci√≥n (Chile) para el Fortalecimiento de la Educaci√≥n P√ļblica.

..

Tendencias Ahora