Son tres años de genocidio en la Franja de Gaza. Quien tenía cinco años cuando comenzó tiene hoy ocho, y ha crecido entre bombardeos, hambre y desplazamiento. Para esa infancia, el tiempo se mide en aulas vacías, hospitales destruidos y familias enteras borradas del registro civil. La infancia palestina no es una víctima más del horror: es su blanco. Y no lo decimos solo nosotros; así lo han documentado, con rigor jurídico, las propias Naciones Unidas.
En junio de 2026, la Comisión de Investigación Internacional Independiente de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado presentó el informe A/HRC/62/CRP.2, titulado “La esencia de la infancia ha sido destruida”. Abarca desde el 7 de octubre de 2023 hasta el 31 de marzo de 2026. Su conclusión es inequívoca: Israel, la Potencia ocupante, ha dirigido sus ataques de manera deliberada contra niñas y niños palestinos, con resultado de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en la Franja de Gaza, y de crímenes de guerra en Cisjordania.
Según la propia Comisión, cerca del 30% de las personas asesinadas en la Franja son niñas y niños. Este diagnóstico se suma a las medidas provisionales vinculantes que la Corte Internacional de Justicia ordenó en enero, marzo y mayo de 2024. No hay, por tanto, vacío legal alguno: hay una abdicación de responsabilidades.
Las cifras del Ministerio de Relaciones Exteriores y Expatriados del Estado de Palestina ponen rostro a esa conclusión. Son 21.796 las niñas y niños asesinados, entre ellos 1.022 bebés menores de un año. Más de 520 nacieron y fueron asesinados durante la agresión. Por inanición y desnutrición murieron 164 niñas y niños, y unos 320.000 menores de cinco años siguen en riesgo de desnutrición aguda. Un total de 58.800 menores perdieron a uno o a ambos padres.
Quienes sobreviven cargan con heridas que se ven y con otras que no. El Ministerio registra más de 5.400 casos de amputación, el 18% de ellos en niñas y niños. Ya en septiembre de 2025 el Comité de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad estimaba en al menos 21.000 las niñas y niños con discapacidades adquiridas desde octubre de 2023. Son cuerpos que necesitarán años, a veces toda una vida, de rehabilitación, cuando el acceso a prótesis, cirugía especializada y fisioterapia está severamente limitado.
Según el Ministerio, 38 hospitales y 96 centros de salud han sido dañados, destruidos o puestos fuera de servicio, y unas 21.000 personas esperan una evacuación médica, entre ellas 5.803 niñas y niños. Cada una tiene un diagnóstico, una familia y un tiempo que se agota.
Está también la herida del alma. Según el Ministerio, más de un millón de niñas y niños necesitan apoyo psicosocial por el trauma, la ansiedad y la depresión. Por tercer año consecutivo, más de 710.000 estudiantes permanecen sin escuela. Fueron atacadas directamente 668 escuelas, el 80% de las que existían en la Franja, y fueron asesinados 20.647 estudiantes y al menos 1.054 docentes y personal educativo. Sin escuela se pierde el aprendizaje, pero también el único espacio donde una niña o un niño puede sentirse, por unas horas, protegido.
Esta violencia no se detiene en la Franja de Gaza. Más de 2.000 niñas y niños han sido arrestados de forma arbitraria en Cisjordania, incluida Jerusalén Este ocupada, desde octubre de 2023. Hoy hay 350 niñas y niños palestinos recluidos en centros de detención israelíes. Es un mismo pueblo y una misma infancia, sometidos a un mismo proyecto de la Ocupación.
Frente a esto, el derecho internacional no ofrece opciones: protege. El Estado de Palestina insta a la comunidad internacional a garantizar protección especial para las niñas y los niños huérfanos o heridos de por vida; evacuación médica sin trabas y con derecho a regresar de forma segura a Palestina; y la reconstrucción de escuelas y hospitales, junto con atención en salud mental. Y recuerda a todos los Estados su obligación de prevenir el genocidio y de no ayudar ni asistir a quien lo comete.
Nuestras niñas y nuestros niños no necesitan que el mundo lamente su suerte, sino que ponga fin a lo que se la impuso. Protegerlos no es caridad. Es justicia. Es rendición de cuentas. Es el fin de la Ocupación que condena a una generación a crecer bajo los escombros.
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