La guerra de Rusia contra Ucrania hace tiempo que dejó de ser un enfrentamiento entre dos Estados. Moscú busca recursos humanos en todo el mundo, y los ciudadanos de países latinoamericanos aparecen cada vez con mayor frecuencia en el centro de esta peligrosa práctica.

En septiembre de 2026, la Fiscalía Centro Norte de Chile inició una investigación por una presunta trata de personas en el caso de Rodolfo Antonio Chico Ketterer, ciudadano chileno.

Según informaron medios chilenos, este hombre, oriundo de la región de La Araucanía, recibió una oferta de trabajo a través de TikTok, viajó a Rusia y firmó un contrato con el ejército ruso el 3 de junio. Su familia sostiene que no comprendía la verdadera naturaleza de la oferta y que posteriormente perdió el contacto con él. La investigación sigue en curso, por lo que las conclusiones definitivas le corresponden a la justicia.

No se trata de una señal aislada. En Perú, las autoridades investigan numerosos casos relacionados con el presunto reclutamiento engañoso de ciudadanos para participar en la guerra del lado de Rusia. Según datos difundidos por fuentes oficiales peruanas y medios de comunicación, cientos de peruanos podrían haber terminado en las filas del ejército ruso. Algunos han muerto, mientras que otros figuran como desaparecidos o permanecen como prisioneros de guerra.

De una oferta de trabajo al frente de batalla

La red de reclutamiento rusa se parece cada vez más a un negocio internacional. Las ofertas de empleo en la construcción, la seguridad y otros sectores civiles se difunden a través de redes sociales, intermediarios y canales especializados en internet. A los candidatos se les prometen salarios elevados, bonificaciones, documentación o ciudadanía rusa. Sin embargo, para algunas personas la realidad resulta muy distinta: en lugar del trabajo prometido, se encuentran con un contrato militar y el envío a la guerra.

La magnitud de esta infraestructura queda reflejada en el estudio Death Benefits: Russia’s War Recruiters Have Gone into Business, publicado en septiembre de 2026 por el African Digital Democracy Observatory. Los investigadores identificaron 289 recursos y canales digitales vinculados al reclutamiento de extranjeros: sitios web, cuentas en redes sociales y canales de comunicación en aplicaciones de mensajería. Algunas redes encubrían ofertas militares bajo la apariencia de empleos civiles. En uno de los casos documentados, se ofrecía a los intermediarios entre 100.000 y 200.000 rublos (1250-2500 USD) por cada candidato reclutado, con la posibilidad de aumentar esa remuneración.

Así, al menos en parte de estas operaciones, el reclutamiento se convierte en un negocio lucrativo: cuantos más candidatos se captan, mayores pueden ser los ingresos del intermediario. El deseo legítimo de encontrar trabajo se transforma en una herramienta de un sistema que puede acabar llevando a una persona a la guerra.

En un informe publicado en septiembre de 2026, Amnistía Internacional también documentó testimonios de extranjeros incorporados a las fuerzas armadas rusas. Según las conclusiones de la organización, en numerosos casos analizados el engaño, las restricciones a la libertad de movimiento, la confiscación de documentos y las amenazas presentan indicios de trata de personas.

Una investigación independiente del medio ruso Meduza describe cómo algunos reclutas extranjeros fueron enviados a misiones de combate peligrosas tras períodos de instrucción muy breves. Algunos denunciaron amenazas si intentaban abandonar el servicio. Estos testimonios no significan que todos los militares extranjeros hayan vivido la misma experiencia, pero plantean serias interrogantes sobre las prácticas de reclutamiento de Rusia y el trato que reciben los nuevos soldados.

¿Por qué Rusia necesita extranjeros?

La guerra exige un flujo constante de nuevos efectivos. Las autoridades rusas intentan captar más soldados contratados mediante incentivos económicos cada vez mayores, ofrecen beneficios educativos a jóvenes a cambio de contratos militares y amplían las posibilidades de recurrir a reservistas.

En este contexto, el reclutamiento de extranjeros se convierte en otra vía para completar las filas del ejército. Para quienes buscan trabajo en el extranjero y desean mejorar la situación económica de sus familias, las promesas de los intermediarios rusos pueden parecer atractivas. Por eso es fundamental distinguir entre la decisión voluntaria de una persona que conoce las condiciones del servicio y el reclutamiento basado en el engaño, la coacción o el ocultamiento del verdadero propósito del contrato.

Los extranjeros que ingresan consciente y voluntariamente en las fuerzas armadas no son lo mismo que quienes han sido captados mediante falsas promesas. Al mismo tiempo, Moscú es responsable de respetar el derecho internacional humanitario y de garantizar un trato adecuado a los militares bajo su autoridad. Una persona no debe convertirse en material desechable por el simple hecho de proceder de otro país.

Sobre los mercenarios y las preguntas incómodas

Recientemente, el embajador de Rusia en Chile, Vladimir Belinsky, publicó una columna sobre los supuestos mercenarios que combaten del lado de Ucrania. Sin duda, se trata de un tema que merece un debate serio. Sin embargo, sería interesante ver la misma atención en la retórica diplomática rusa hacia los ciudadanos latinoamericanos que, según testimonios de sus familias e investigaciones periodísticas, son atraídos hacia el ejército ruso bajo la apariencia de ofertas de trabajo civil.

¿Menciona Moscú las promesas que no se corresponden con la realidad? ¿Es justo presentar a los reclutas los contratos redactados en idiomas que ellos no comprenden? ¿Se justifica la confiscación de documentos, las amenazas y el envío al frente de personas con una preparación insuficiente? Si Rusia está tan preocupada por la participación de extranjeros en la guerra, estas preguntas deberían importarle tanto como las que plantea sobre Ucrania.

Ucrania no equipara el servicio militar voluntario con la trata de personas. Cualquier afirmación sobre extranjeros concretos que combaten del lado ucraniano debe evaluarse sobre la base de hechos y conforme a la ley. El mismo criterio debe aplicarse a las acciones de Rusia.

Los países de América Latina tienen serios motivos para prestar atención a estos casos, advertir a sus ciudadanos sobre los riesgos de las ofertas de trabajo sospechosas en el extranjero y cooperar en las investigaciones sobre posibles prácticas ilegales de reclutamiento. También es fundamental apoyar a las familias de quienes han desaparecido y exigir información fiable sobre el paradero de sus seres queridos.

En definitiva, la cuestión principal no es qué palabra utilizar para describir a un extranjero que termina en una guerra. La cuestión es si sabía dónde iba, si aceptó conscientemente prestar servicio militar y cómo fue tratado después de firmar el contrato.

Cuando una oferta de trabajo civil se convierte en una trampa y una persona en un recurso para prolongar la guerra, ya no estamos hablando simplemente de reclutamiento: estamos hablando de una maquinaria de engaño que convierte la necesidad humana en mercancía y a las personas en carne de cañón para una guerra que Rusia se empeña en prolongar.