Es una muy buena noticia que las Isapres hayan propuesto, por primera vez, homologar sus aranceles. Dicho simple: que todas usen la misma vara para medir.
Hoy cada aseguradora define por su cuenta los valores de referencia y los topes de cobertura y, con más de 2.000 planes en el mercado, comparar es muy difícil. Con un arancel común, una familia podrá mirar dos planes y entender qué cubre cada uno y cuánto va a pagar. Eso es libertad de elegir de verdad, porque se elige sabiendo.
Pero el verdadero alcance de esta propuesta puede estar en lo que viene después. Cuando los planes se pueden comparar, por fin podemos preguntarnos qué aseguradoras cuidan mejor la salud de sus afiliados, y esa es la conversación que el país necesita. El cáncer colorrectal y el de mama muestran por qué.
En Chile se diagnostican cerca de 8.000 casos nuevos al año y mueren casi 3.800 personas. Entre 2013 y 2021, su incidencia entre los beneficiarios de Fonasa creció 7,2% anual, y cerca de uno de cada cuatro diagnósticos correspondió a menores de 50 años.
Según proyecciones del CECAN, podría convertirse en el cáncer más frecuente del país hacia 2035, con un 79% más de casos al año. Detrás de cada número hay una persona y una familia, y a muchas se les habría podido escribir otra historia con un examen a tiempo.
Porque este cáncer admite prevención. Puede originarse en lesiones precancerosas que se detectan y se retiran antes de volverse peligrosas. En Estados Unidos, la mortalidad por cáncer colorrectal en mayores de 65 años cae entre 2% y 3% cada año desde la década de 1990, un avance que la American Cancer Society vincula al tamizaje. Hoy allá se recomienda comenzar a los 45 años, porque entre los 20 y los 49 la incidencia sube 3% al año.
Con el cáncer de mama ocurrió algo parecido: se extendió la pesquisa, se diagnostican más casos y, aun así, la mortalidad cayó 44% entre 1989 y 2022, gracias a la detección precoz y a mejores tratamientos.
Chile aún no cuenta con un programa organizado de tamizaje poblacional para este cáncer, y la factura se paga en la espera. Según el análisis que hacemos en el CIPS-UDD con datos del Minsal, a marzo de 2026 las prestaciones GES de cáncer colorrectal con atraso sumaban 5.483, casi seis veces las de 2020. A mayo, el 86% de esos atrasos estaba en la etapa diagnóstica, con una mediana de espera de 69 días.
Existen herramientas para ordenar esa fila. Un test inmunológico en deposiciones es simple y no invasivo, y un estudio del Hospital Sótero del Río mostró que, entre quienes tenían un resultado negativo, la incidencia de cáncer colorrectal a cinco años fue inferior a 1%. Ayuda a decidir quién necesita primero una colonoscopía.
El Ministerio de Salud acaba de presentar una Estrategia Universal de Detección Precoz que usa ese test en 28 comunas y que se extendería a unas 80 más hacia 2027. Es un paso importante y también un punto de partida: falta llevar la detección más allá de quienes ya tienen síntomas.
Aquí confluyen dos buenas noticias, una pública y otra privada. Un sistema de isapres con planes comparables puede publicar cada año lo que de verdad importa: qué porcentaje de sus afiliados se hace el examen preventivo a la edad indicada, cuánto tarda en tener un diagnóstico y en qué etapa se detecta la enfermedad.
Eso es competir por cuidar mejor, y las personas, bien informadas, premiarían a quien lo haga. Es el primer paso hacia una seguridad social privada que no solo responda ante la enfermedad, sino que también se preocupe de mantener sanas a las personas.
Quedan desafíos, como las preexistencias y la movilidad entre aseguradoras, donde la Superintendencia de Salud tendrá un papel fundamental, porque prevenir rinde en años y necesita reglas que premien a quien invierte en ello.
Que este paso de las Isapres no sea el último. El mejor sistema no es solo el que cubre la enfermedad, sino también el que se anticipa a ella, y hoy tenemos la oportunidad de construirlo, desde lo público y desde lo privado. Sigamos avanzando, porque hay vidas que dependen de que lleguemos a tiempo.
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